¿En el vórtice del caos…? Navegar sin instrumentos desde el bloqueo decisional y la deriva política…
Caryl Alonso Jiménez
La teoría puede entenderse como aquellos eventos que son impredecibles por sus magnitudes de alto impacto. No cabe duda, y pareciera que algunos eventos contemporáneos pueden parecer cercanos a las interpretaciones de hechos que no anticipados en las líneas de colisión.
Sin embargo, y en contraposición, tal como lo recuerda Oscar Picardo (2024), también existe la teoría del Cisne Verde, que está basada en un acontecimiento catastrófico que sabemos que va ocurrir, pero no se tiene la fecha prevista en el tiempo, pero va ocurrir.
El término fue acuñado en el Banco de Pagos Internacionales, con sede en Basilea, Suiza, en 2020. La teoría denomina “actos absurdos”, porque la sociedad y sus organizaciones a nivel global (poderes mundiales, corporaciones y Estados hegemónicos), quienes no están actuando a tiempo ante el cambio climático, que podría generar la siguiente crisis financiera.
Las teorías marcan interpretaciones que pueden ajustarse a los acontecimientos temporales. Sin embargo, desde los escenarios contemporáneos hay dos aportaciones que rompen con los criterios convencionales de las teorías.
Por un lado el denominado bloqueo decisional (gridlock) y por el otro, lo que se conoce hoy día como la deriva de políticas (policy drift), que se traduce en la inacción acumulativa de las incidencia Estatal y privada.
El bloqueo decisional (gridlock), que por extraño que parezca, ha desarrollado importantes interpretaciones teóricas que generan en diferentes campos del análisis, planificación y toma de decisiones (entre otros), en la función pública (nacional e internacional), y el liderazgo privado empresarial, tanto corporativo como gerencial, en la capacidad para detectar, cómo los acontecimientos de las reglas, en un contexto de crisis, demanda medidas racionales.
En estos casos, los líderes políticos con potenciales espacios para escrutinios nacionales o locales, bien por suma o abono a la dispersión, o con eventual incidencia en volúmenes electorales previsibles, es donde las teorías del bloqueo decisional puede convertirse en el termómetro de cómo la identidad de marca (diseño del mensaje, discurso e imagen) pueden sustituir al compromiso.
Aquí ocurre el Craso error de marketing que no lo advierten los especialistas contratados más para divertir que para dirigir… pero ese será otro tema para espacios futuros.
Vale recordar que el bloqueo decisional curiosamente proviene de finales de los años setenta en el sistema de control de tráfico de la ciudad de Nueva York y se atribuye al ingeniero Sam Schwartz, Jefe de Trafico del departamento de Transporte, y que fuera aplicado durante la huelga de transportes de 1980 y en el que presentó el denominado “El Plan de Prevención para el Bloqueo”.
En el campo de la política institucional las teorías del bloqueo decisional tiene impactos mayores particularmente por la agilidad hacia aquellas áreas críticas, como servicios de educación, salud, asistencia técnica, seguridad ciudadana, que las crisis pueden afectar, y en los que se concentran acciones claves que tengan como prioridad: rediseños institucionales, gobernanza adaptativa y reducir polarización interna (luchas de poder y descalificación interna de equipos por inmadurez de liderezgo) y creación de confianza.
Desde la deriva política (Polícy Drift), que se traduce en inacción acumulativa entendida como el distanciamiento entre las políticas y las decisiones de coyuntura en las que, la decisión política confunde bienestar con malestar y que se traducen en decisiones que terminan por contradecir visiones de política y con meras actuaciones teatrales.
La deriva política, está basada en el concepto que interpreta como fracasan las normas ante escenarios cambiantes. Y en ello, va la persistente sensación que, aun y cuando se desarrollan de manera cotidiana dinámicas que forman parte de la gestión pública, no tienen ninguna capacidad de crear bienes que no se sostienen con discursos políticos y se opta por eliminar o despojar de sentido las mediciones del valor público, que retratan la realidad del sentido de bienestar y la lentitud del ascenso social.
Por ello, la gestión pública tiene una de las mayores responsabilidades en el cumplimiento de las políticas y las decisiones de gasto público de calidad, medido en el impacto real del bienestar ciudadano o los denominados Índices de Pobreza Multidimensional (PNUD, 2026). De otra forma hay engaño cuando se lideran instituciones agotadas, ineficaces y con opacidad.
Liderar en la crisis de incertidumbre en escenarios de caos obliga al análisis de escalpelo, donde la quirurgía no es de buena fe y tampoco magia dominical. Son decisiones donde la valentía obliga enfrentar la historia con los instrumentos precisos que relaten la realidad.
Una de las preocupaciones en mundo contemporáneo es entender el futuro. Quedó claro que la quiromancia solo era parte de la distracción y la quirología ayudaba a entender los mapas del supuesto talento.
De repente es momento de regresar al pensamiento de clave de Anatole France (1844-1924), cuando legó aquella potente afirmación, “El futuro está oculto detrás de las personas que lo hacen”. Pero, ¿Se podrá cambiar el futuro que están construyendo…?
Cambio Político Opinión, análisis y noticias
