Pablo Gámez Cersosimo
¿A qué precio? Se entiende como parte del recetario del populismo digital al que Bukele pertenece (Milei es caso más patético). Primero fue el Bitcoin, después la educación y ahora es el turno de la salud. Pero de lo que prefiere no hablar es de la cesión masiva de datos sensibles a empresas tecnológicas de Silicon Valley (abiertamente cuestionadas, bajo escrutinio), opacidad contractual y una población atrapada en sus abruptos digitales.
No es poca cosa: con la aplicación Dr. SV, Bukele confía a Google Cloud la gestión de expedientes clínicos, síntomas, la asignación de exámenes y el seguimiento de enfermedades crónicas. “Estamos creando el mejor sistema de salud del mundo”, defiende el presidente, como si bastara una app para borrar décadas de precariedad sanitaria.
Sin embargo, la realidad es menos épica. O más desteñida. Un acuerdo de siete años que destina al menos 500 millones de dólares —dinero público o deuda, nunca del todo claro— y que otorga a una tecnológica estadounidense acceso privilegiado a la información médica de millones de salvadoreños. Los expertos en ciberseguridad y derechos digitales han alertado sobre los riesgos. Algunos de ellos: pérdida de privacidad, comercialización de datos sensibles y la entrega de soberanía sanitaria a un actor privado que responde a sus accionistas, no al pueblo salvadoreño.
Y mientras tanto, el acuerdo permanece bajo reserva. La transparencia no forma parte del “mejor sistema del mundo”.
Después de grandes titulares, la fantasía de una Bitcoin City alimentada por energía volcánica terminó en un fracaso. La ciudad prometida sigue siendo un render en PowerPoint, la mayoría de salvadoreños jamás usó la criptomoneda. Pero Bukele aprendió la lección equivocada. No que las apuestas tecnológicas grandilocuentes pueden salir mal, sino que hay que apostar más fuerte y más rápido. Fue el caso de la educación.
El Gobierno decidió que Grok, el chatbot de xAI de Elon Musk, se desplegará en más de 5.000 escuelas públicas para ofrecer tutoría personalizada a más de un millón de estudiantes. Significa que entrega los perfiles educativos, los ritmos de aprendizaje y los datos comportamentales de sus niños a una empresa privada liderada por uno de los hombres más poderosos del tecnocapitalismo.
La IA puede ayudar en salud o educación, pero el mesianismo tecnológico de Bukele sustituye el debate democrático por la épica del visionario, convirtiendo a la población en materia prima para el laboratorio de Google y xAI.
– Investigador, escritor, periodista.
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