🎭 El gazapo y la risita nerviosa
La escena no pudo ser más lamentable ni más ridícula. En pleno acto público, la presidenta Laura Virginia Fernández Delgado terminó llamándole “presidente” a quien hoy no es más que un ministro de su gabinete, para luego improvisar una justificación aún peor que el propio lapsus. La risita nerviosa, el temblor en la voz y el gesto vacilante no fueron un simple detalle anecdótico; fueron el retrato desolador de un gobierno donde el protocolo traiciona a la realidad y la obediencia al jefe sombra se sale por los poros.
Ciertamente, el episodio no es para dar risa, sino para sentir una profunda preocupación. Y no se trata de “morbo”, como pretendió descalificarlo la mandataria, sino de una flagrante falta de respeto. Una verdadera canallada contra la ciudadanía, el electorado, la Constitución y las leyes de la República.
👑 La silla no es delegable
Conviene recordarle a la memoria oficialista un detalle fundamental de la democracia: la persona que ofreció su nombre en la papeleta para ocupar la silla presidencial durante el período 2026-2030 fue Laura Virginia Fernández Delgado, no Rodrigo Chaves Robles. Fue a ella a quien la mayoría del electorado le otorgó el mandato en urnas libres, y es a ella a quien le corresponde asumir sin titubeos todas las obligaciones, facultades y limitaciones del cargo.
El puesto de Presidente de la República no es un bien transferible ni un bien que se pueda entregar en custodia temporal. Nadie puede usurpar esa posición y nadie —que no sea la persona elegida por el pueblo— tiene el derecho de recibir el título ni la deferencia de “presidente”. Lo que el país presenció fue un denigrante gesto de sumisa humillación de la presidenta electa hacia su subordinado, una muestra de sometimiento que no solo la rebaja a ella, sino que mancha la dignidad de Costa Rica entera.
⚖️ ¿En manos de quién estamos?
El espectáculo suscita indignación legítima y abre una pregunta ineludible: ¿quién tiene realmente el mando en este gobierno? ¿En manos de quién está el destino del país? Pretender gobernar por procuración mientras se rinde pleitesía en público a un ministro es una burla directa a la institucionalidad costarricense.
📌 El aguijonazo
Que le quede clarísimo a doña Laura Virginia: por más que ella prefiera desentenderse de sus obligaciones constitucionales y le entregue en bandeja de plata el poder a Chaves, el cargo no perdona ni transfiere responsabilidades. La historia y la ley son inflexibles: la firma en los decretos es la suya, y cuando llegue la hora de rendir cuentas, será a usted —y solo a usted— a quien la ciudadanía y la República le pedirán explicaciones. 🦂💨
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