Réplica al artículo de Amin Majchel

Carlos Revilla Maroto
Aunque ya había escrito bore el tema, no puedo dejar pasar el artículo de Amin Majchel “El TLC con Israel: ideología disfrazada de principios” publicado en el Semanario Universidad que pretende desmontar las objeciones al Tratado de Libre Comercio entre Costa Rica e Israel apelando al “rigor” y denunciando un supuesto “doble estándar” en la aplicación de principios de derechos humanos. Sin embargo, su argumentación se sostiene sobre omisiones deliberadas y una lectura selectiva de los hechos que merece ser corregida.
Sobre el doble estándar: una falsa equivalencia
Majchel cuestiona por qué Costa Rica no exige cláusulas de derechos humanos a otros socios comerciales como China o los Emiratos Árabes Unidos, y sugiere que la oposición al TLC con Israel responde únicamente a motivos políticos. Esta comparación es falaz.
El problema no es genérico sino específico: Israel se encuentra en este momento bajo un régimen de ocupación ilegal de territorios palestinos, con una ofensiva militar que ha causado más de 68.000 muertes en Gaza, en su mayoría civiles. La relatora especial de la ONU para Palestina, Francesca Albanese, ha instado a Costa Rica a “pausar la ratificación y realizar una revisión de derechos humanos, evitando así contribuir o ser cómplice de una economía de genocidio”.
A diferencia de otros acuerdos comerciales firmados por Costa Rica, este se negocia mientras el país socio es objeto de procedimientos ante la Corte Internacional de Justicia y ha sido señalado por múltiples organismos internacionales por violaciones al derecho internacional humanitario. No es un “doble estándar”, es una respuesta a una situación objetivamente distinta en gravedad y urgencia.
La falacia jurídica del “genocidio no declarado”
El articulista sostiene que, dado que la CIJ no ha dictaminado sobre el fondo del caso, no es jurídicamente correcto calificar la situación como genocidio. Esta argumentación ignora que:
La CIJ sí ha emitido medidas provisionales y ha determinado que existe un “riesgo plausible” de genocidio.
La Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU afirmó en septiembre de 2025 que Israel busca “destruir” al pueblo palestino mediante su campaña militar.
El Alto Comisionado de Derechos Humanos, Volker Türk, advirtió que “se acumulan las pruebas” de crímenes de genocidio.
Que el proceso judicial esté en curso no significa que estemos ante una acusación infundada. La propia existencia del caso ante la CIJ, sumado a los informes de organismos internacionales, constituye una razón de peso para que un país con la tradición humanitaria de Costa Rica se abstenga de estrechar lazos comerciales con Israel.
El argumento del comercio palestino-israelí: un sofisma
Majchel afirma que, dado que los palestinos comercian con Israel, Costa Rica no tiene autoridad moral para imponerse restricciones. Este argumento es una falacia que confunde la realidad de un pueblo ocupado que no tiene otra opción económica con la decisión soberana de un Estado libre.
Los palestinos comercian con Israel porque su economía está sometida al control israelí: el 70% de las importaciones palestinas provienen de Israel, que además controla sus fronteras y aduanas. No es una elección voluntaria, es una imposición de la ocupación. Utilizar esa dependencia forzada como justificación para un tratado comercial es, cuanto menos, cínico.
Los puntos que Majchel omite: Jerusalén y los territorios ocupados
El articulista evita deliberadamente dos cuestiones centrales que invalidan su argumentación:
Primero: El TLC incluye la creación de una oficina comercial de Costa Rica en Jerusalén Este con carácter diplomático. Esto supone reconocer de facto la anexión de Jerusalén Oriental, territorio palestino ocupado ilegalmente según el derecho internacional y múltiples resoluciones de la ONU. No es un “punto menor”, es una violación directa del consenso internacional que Costa Rica ha mantenido durante décadas.
Segundo: El acuerdo podría facilitar el ingreso de productos manufacturados en los asentamientos ilegales de Cisjordania, lo que constituiría un respaldo económico a la ocupación. La propia Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU instó a los países a abstenerse de firmar acuerdos comerciales que perpetúen la presencia ilegal de Israel en Palestina.
La irrelevancia económica: un dato incómodo
El economista Luis Paulino Vargas ha documentado que las exportaciones a Israel en 2025 fueron de apenas $25.9 millones** y las importaciones de **$35.8 millones, cifras que no llegan ni al 0,2% del total del comercio costarricense. ¿Qué justifica entonces un TLC con un país que no es un socio comercial relevante, en medio de un escenario de violaciones sistemáticas a los derechos humanos?
El gobierno habla de acceso a tecnología, pero el sector tecnológico costarricense ya tiene una fuerte presencia en el mercado global sin necesidad de este acuerdo. Israel, por su parte, busca con este TLC “oxígeno internacional” frente a las críticas por la guerra en Gaza.
Conclusión
Costa Rica se enfrenta a una decisión que trasciende lo comercial. Este TLC no es un “paso estratégico” como pretende Majchel, sino un error ético que compromete el prestigio internacional de un país construido sobre la paz, el derecho internacional y el respeto a los derechos humanos.
La oposición al TLC no es “ideología disfrazada de principios”, como insinúa el articulista. Es, precisamente, principios que se niegan a ser disfrazados de ideología. La coherencia histórica de Costa Rica en defensa de la paz y el derecho internacional está en juego. Aprobarlo sería un giro de 180 grados respecto a la tradición diplomática que nos ha distinguido en el concierto de las naciones.
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