Pablo Gámez Cersosimo

Una imagen surge para resumir la hipocresía de la industria de la inteligencia artificial: la de una máquina hidráulica cortando con precisión industrial el lomo de millones de libros, para luego escanear sus páginas y reciclar los restos. Sin dejar rastro.
De esto iba el Proyecto Panamá, de Anthropic. Fue un plan secreto y a escala masiva para alimentar con literatura de “nivel” su chatbot Claude, porque el “lenguaje de baja calidad de internet no es adecuado”.
Anthropic procedió a destruir y succionar millones de libros para nutrir a Claude de información. Pero, “no queremos que se sepa que estamos trabajando en esto”, según documenta una investigación realizada por The Washington Post.
El método
Anthropic invirtió millones de dólares comprando libros de segunda mano —a través de The Strand, Better World Books y World of Books—, aprovechando la doctrina de estadounidense de la primera venta, eludiendo el pago a autores y editoriales. Sus cofundadores también descargaron millones de libros de LibGen y Pirate Library Mirror.
Y con este trasfondo, los hermanos Amodei se pasean como guardianes de una IA “segura y ética”. La hipocresía de este industria es aberrante.
Claude se atragantó con el trabajo de generaciones de escritores, sin su permiso y compensación. Y por eso genera textos. Para entenderlo mejor: esta forma smart de robo es la base fundacional del pensamiento mágico digital, definido por su reclamo insaciable de insumos sin importar el impacto ético o socioambiental (minerales, agua, suelo, energía, residuos).
Mea culpa
Una demanda de autores obligó a que Anthropic pagara 1.500 millones de dólares para resolver el litigio, pero sin admitir responsabilidad. Es el mecanismo de Silicon Valley, comprar silencio y seguir adelante. Lo mismo hacen Google, OpenAI, Meta y Microsoft. Todos enfrentan litigios similares por prácticas idénticas. El problema es que la base fundacional de la IA legitima el robo, en este caso intelectual.
La deuda moral
¿Esto es innovación? Estamos haciendo uso de deslumbrantes herramientas de IA configuradas por este robo. Cuando Claude genera un texto (o chatGPT, Grok, Gemini, otros) hablamos de un expolio: el de páginas arrancadas, lomos cortados y derechos sistemáticamente violados. El conjuro del pensamiento mágico digital nos atrofia.
¿Qué clase de inteligencia se construye sobre la destrucción sistemática de la fuente que pretende emular? Una inteligencia parasitaria.
Y nosotros, como sociedad, la estamos legitimando.
Autor, investigador, periodista.
Cambio Político Opinión y análisis



Como un ser humano, la IA elabora “su pensamiento” de la info de la que se nutre. Cuidado!