Unión Europea: La extrema derecha a la caza del voto rural

Bitácora

Por Ludovic Lamant (*)

Los bloqueos de autopistas llevados a cabo por agricultores indignados en el suroeste de Francia no se producen solo un mes antes de la apertura del Salón de la Agricultura.

Se inscriben en un contexto más amplio, el de un malestar rural palpable en todo el continente.

El aumento de los precios de la energía provocado por la guerra en Ucrania, las importaciones de productos agrícolas ucranianos en el mercado europeo, pero también la adopción por parte del Parlamento Europeo de una batería de textos del «Pacto Verde» considerados demasiado limitativos por el sector agrícola, alimentan esta disputa. Estas protestas, desde España hasta Rumanía, podrían intensificarse a medida que se acerquen las elecciones europeas, del 6 al 9 de junio. ¿A riesgo de reforzar a las derechas más extremas?

Mirando de cerca, si las manifestaciones de los agricultores se multiplican en el continente, las reivindicaciones no son idénticas.

En los Países Bajos, las primeras protestas masivas se remontan a octubre de 2019. Pero la indignación cristalizó en el verano de 2022 contra el «plan de nitrógeno» del gobierno de Mark Rutte, un proyecto para reducir a la mitad las emisiones de nitrógeno para 2030, en particular el óxido nitroso, un gas derivado de las actividades ganaderas que contribuye en gran medida al calentamiento global.

En este país, que es el segundo mayor exportador de productos agrícolas del mundo después de Estados Unidos, el ejecutivo había fijado el objetivo de una disminución del 30% en el número de animales de granja: el ejemplo típico de una ecología «punitiva» a los ojos de sus oponentes, especialmente de los defensores de la agricultura intensiva. Frente a la protesta, que apuntaba a la vez a las regulaciones adoptados en Bruselas y La Haya, Rutte y sus aliados habían acabado retrocediendo.

A continuación, los agricultores vecinos del Flandes belga se manifestaron por motivos aproximadamente similares, a partir de marzo de 2023: contra el plan de nitrógeno de su región, que preveía el cierre de unas cuarenta granjas porcinas, con el fin de reducir las emisiones de nitrógeno, a cambio de indemnizaciones. El ejecutivo regional osciló hasta la adopción de un compromiso en noviembre de 2023, que decepcionó a los ecologistas.

En Alemania, fueron las medidas de austeridad presentadas por la coalición de Olaf Scholz, a mediados de diciembre de 2023, las que desencadenaron la ira del sector: la supresión de un descuento fiscal sobre el diésel agrícola y el fin de la exención de impuestos sobre los vehículos agrícolas. Desde las primeras manifestaciones, el gobierno ha dado marcha atrás en lo esencial, en particular restableciendo la exención fiscal. Pero las federaciones agrícolas siguen exigiendo la supresión de todas las medidas.

En España, los agricultores se manifestaron de forma muy ruidosa dos veces el año pasado. En julio en Madrid, reclamaron ayudas en el contexto de una ola de calor excepcional, falta de agua y caída de la producción agrícola nacional. En septiembre en Córdoba, al margen de una reunión de los ministros de agricultura de la UE prevista en esta ciudad de Andalucía, las consignas estaban más dirigidas a las instituciones europeas: los manifestantes exigían aumentar las ayudas de la Política Agrícola Común (PAC) para hacer frente al aumento de los costes de producción provocado, según ellos, por los reglamentos de protección del medio ambiente adoptados en los últimos meses (en particular la Directiva sobre la restauración de la naturaleza, o incluso algunos criterios de la nueva PAC).

En Rumanía, los agricultores se han movilizado desde el 10 de enero y expresan su preocupación por la competencia de los productos agrícolas importados a bajo precio de Ucrania. Desde el bloqueo casi total de los puertos ucranianos del Mar Negro, Rumanía se ha convertido en un eje clave para la exportación de cereales ucranianos, en particular a través del puerto de Constan?a. Desde noviembre, se han llevado a cabo movilizaciones similares de camioneros y agricultores polacos en la frontera entre Polonia y Ucrania.

Éxitos y decepciones electorales

Para Catherine de Vries, política holandesa en la Universidad Bocconi de Milán, «hay que tener mucho cuidado con los efectos redistributivos del pacto verde europeo, y Emmanuel Macron y su séquito no lo habían entendido cuando surgieron los «chalecos amarillos» en 2018.

Esta académica observa estos días «una extensión de las protestas del mundo agrícola, un poco como ocurrió en la época de los «chalecos amarillos»». Los sindicalistas alemanes observaron de cerca cómo los agricultores holandeses ganaron sus reivindicaciones en 2022, observa en particular.

Vries señala: «En el caso de los Países Bajos y Alemania, hay una verdadera empatía de gran parte de la población con el sector agrícola. Estas manifestaciones no se perciben como la nariz falsa de los grandes grupos industriales agroalimentarios: son personas comunes que proporcionan algo para comer, y que serían víctimas de fracasos en la planificación del gobierno. Desde este punto de vista, esto no tiene nada que ver con acciones de bloqueo llevadas a cabo por ecologistas como Extinction Rebellion, que encuentran mucho menos eco y simpatía en la población de estos dos países. »

En Berlín, la Alternativa para Alemania (AfD) espera aprovechar las manifestaciones del mundo agrícola.

¿Estos movimientos beneficiarán masivamente a los partidos de extrema derecha en las próximas elecciones europeas? Este es el escenario temido por la derecha tradicional, que como reacción endureció su discurso sobre la ecología. Como el bávaro Manfred Weber, jefe del Partido Popular Europeo (PPE, que incluye a los franceses de LR), que ha estado clamando durante meses contra las injusticias del Pacto Verde Europeo en el Parlamento de Estrasburgo.

Pero el riesgo de un impulso de la extrema derecha alimentado por el voto agrícola varía, de nuevo, de un país a otro, ya que las configuraciones son diferentes. En los Países Bajos, la protesta dio lugar a la creación de un partido agrario, el Movimiento Agricultor Ciudadano (Boer Burger Beweging en holandés, o BBB). Esta formación ganó las elecciones regionales de marzo de 2023, provocando un pequeño terremoto político.

Pero el BBB solo ganó 7 escaños de 150 en las elecciones legislativas del pasado noviembre, mientras que el partido de extrema derecha de Geert Wilders, el PVV, captó la mayor parte de la indignación ciudadana, a través de un discurso anti-migrante muy virulento. «Muchos votantes cambiaron del BBB al PVV, primero porque Wilders dio la impresión de suavizar un poco su discurso al final de la campaña, y también porque la campaña legislativa no se construyó sobre el desafío del plan de nitrógeno», analiza Catherine de Vries.

«Bruselas» denunciada en España

En Berlín, la Alternativa para Alemania (AfD) espera aprovechar las manifestaciones del mundo agrícola, aunque el jefe de la Federación de Campesinos Alemanes, Joachim Rukwied, ha rechazado cualquier vínculo con la extrema derecha. El episodio del que fue víctima el ministro de Economía, Robert Habeck -a quién se impidió a principios de enero desembarcar de un ferry de regreso de vacaciones por un grupo de 250 a 300 agricultores amenazantes que lo esperaban en el puerto de Schlüttsiel, no lejos de Dinamarca-, confirma en todo caso el anclaje a extrema derecha de una parte de los manifestantes.

Según varias encuestas, incluida la del diario Tageszeitung, estos activistas fueron convocados a través del canal Telegram de los «habitantes libres de Schleswig-Holstein», del nombre del estado donde se encuentra Schlüttsiel. Este canal transmite mensajes antisemitas y conspirativos, pero también vídeos de Martin Sellner, cofundador del Movimiento Identitario de Austria, que jugó un papel clave en la reunión del pasado noviembre, donde miembros de la AfD planearon nada menos que la expulsión de millones de personas de Alemania. Más allá de la AfD, una miríada de partidos de extrema derecha más o menos conocidos, como los neonazis de Die Heimat (ex-NDP), apoyan las protestas en curso.

En España, el partido neo-franquista Vox transmite desde sus inicios el malestar de algunos agricultores. Durante la campaña de las elecciones legislativas de julio de 2023, Vox buscó imponerse como el «partido agrario español», integrando en sus listas a miembros de una asociación de jóvenes agricultores. Uno de los eslóganes del partido en ese momento: «Vota por las cosas que importan: el «campo». »

Desde la región de Castilla y León, donde Vox gobierna en coalición con la derecha tradicional, el partido de Santiago Abascal clama contra las medidas del pacto verde impuestas por «Bruselas» y defiende la creación de granjas industriales frente a la oposición de los ecologistas. De nuevo, como para el BBB en los Países Bajos, esta estrategia parece haber tenido más éxito en las regionales de mayo que en las elecciones legislativas de julio.

El Partido Popular (PP) también sigue estando muy movilizado en estas cuestiones, preocupado por no ser desbordado por su derecha. Ante la sequía en Andalucía, la formación de Alberto Núñez Feijóo había propuesto, por ejemplo, en la primavera de 2023, regularizar pozos artificiales, hasta ahora ilegales, conectados a las capas freáticas de un parque natural protegido, Doñana. Una forma de ayudar a los agricultores de los alrededores, que luchan por encontrar suficiente agua para regar sus cultivos, a riesgo de degradar un poco más este ecosistema.

Otros colectivos buscan captar el voto del mundo rural, como la nueva federación, España Vaciada, que acaba de anunciar su candidatura a las europeas de junio, haciendo de la cuestión de la despoblación del centro del país su prioridad. Lo que podría frenar el impulso de Vox en estas tierras abandonadas.

(*) Ludovic Lamant. Corresponsal político de Mediapart, Francia.

Fuente: https://www.mediapart.fr/journal/international/220124/mobilisation-des-agriculteurs-en-europe-les-extremes-droites-en-embuscade?

Traducción: Enrique García

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