Lina Barrantes Castegnaro
Llegamos allá a las 10 de la noche unos minutos después de la ambulancia y ya la operación había empezado. El cuento corto, es que Efrain estuvo tres semanas en el CIMA. El doctor Jorge Chavarría hizo un extraordinario trabajo en un caso difícil como este. Dos semanas en cuidados intensivos y una en intermedios.
Una oficina de seguros internacionales que no tiene vinculaciones con los seguros internacionales fue el principio de la experiencia: ellos no se ocupan de eso. Luego descubrimos que el CIMA no está en la red de la aseguradora. Entendimos que han perdido las calificaciones y que por eso no está en la red de la aseguradora, imagino que en muchas aseguradoras. En el hospital nadie explica nada, desde como funciona el parqueo, hasta donde hay un café. La UTI (Unidad de Terapia Intensiva) tiene un horario incomodo, pero bueno, eso uno piensa que es por sus propias características. El piso esta sucio: un día los zapatos se pegaban al piso de la habitación de cuidados intensivos. Nadie contesta un teléfono en la UTI, el cuerpo de enfermería no da ninguna explicación de nada, no son cordiales ni con los pacientes ni con la familia. Salvo el doctor Chavarría, nadie nunca ninguna empatía. Afuera de la UTI, el piso sucio, las maquinas para comprar comida todas malas, las facturas exageradas … lo único bueno, fue que en esos días de angustia, conocimos a la familia Raven, cuyo familiar había ingresado una noche antes que el nuestro, con ellos nos acompañamos.
Luego de esas semanas de angustia y mala atención, pasamos a una fantasía que parecía un sueño que no podíamos creer: un hospital con rostro humano: nos fuimos para la Clínica Bíblica. En la Clínica Bíblica desde doña Vera, en el valet parking en el parqueo, hasta los guardas, y ni se diga las enfermeras, son amables. Todo el mundo trata a todo el mundo -para sorpresa nuestra- como si todos fuéramos seres humanos. “Buenos días” “le ayudo en algo?” “quiere un cafecito?” (pasan en un carrito en la mañana y en la tarde ofreciendo café, te y agua dulce con unas galletitas de cortesía por todo el hospital). No tuvimos que hacer absolutamente nada con el seguro: ellos se ocuparon de todo, su oficina de seguros internacionales es perfecta. El personal del cuarto piso, de internamientos, desde el primer segundo se presenta con el paciente y le pide permiso para todos los procedimientos, aunque el paciente no este consciente de lo que le están diciendo. El día que abandonamos el hospital, el personal se despedía con afecto, abrazaba a la familia, abrazaba al paciente. En fin, en medio de una pésima experiencia como es una crisis de salud aguda de un ser querido, encontrarse un hospital con rostro humano, es una maravilla.
¡Muchas gracias Hospital Clínica Bíblica! ¡Muchas gracias personal del cuarto piso!
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