Un edificio de dos pisos en Delaware es sede de 300.000 empresas

Foto: J. Carver

DELAWARE (EE.UU.), 06 abr 2016 (Uypress) — Un edificio de dos plantas en Wilmington, Estado de Delaware, es la sede fiscal de 300.000 empresas, dando envidia a otros paraísos fiscales.

Muchos sostienen que Estados Unidos se está convirtiendo en el principal paraíso fiscal, y que las actuales revelaciones de los Papeles de Panamá no son otra cosa que la expresión de la competencia en el mercado capitalista.

La cuestión es que del Estado de Delaware, el segundo más pequeño en territorio de los Estados Unidos, se puede afirmar sin margen de error que tiene más compañías que habitantes.

El Estado cuenta con unos 950.000 habitantes, y su ciudad mayor y más poblada, Wilmingan, llega apenas a los 72.000 habitantes. Un solo edificio de dos plantas, el de la Corporation Trust Company (CT), alberga el domicilio fiscal de más de 300.000 compañías, a escasos 170 quilómetros de Washington.

Dos tercios de las 500 mayores compañías estadounidenses tienen filiales registradas en este pequeño Estado, para no pagar impuestos. La mayoría no tienen presencia física en Delaware. Les basta con domiciliarse en la dirección postal de un intermediario. No hay fábricas ni obreros; los que deambulan por el centro de Wilmingan y otras ciudades son cientos y cientos de abogados y asesores financieros.

Un edificio de dos pisos en Delaware es sede de 300.000 empresas

CT actúa de agente registrado, el intermediario que por ley tienen que tener las corporaciones que quieran constituirse en Delaware. El Estado se publicita como la «capital corporativa del mundo» y ofrece desde 1899 un entorno legal favorable. En pocas horas se puede crear -también a distancia- una empresa a cambio de una pequeña tasa al Estado y al agente. Hay pocos requisitos y se puede mantener secreta la identidad del propietario. Solo una orden judicial, en casos extremos, puede destaparla. La opacidad, esa misma que atrae en todos los paraísos fiscales, también se ha convertido en una puerta de entrada para el blanqueo de dinero y comercio de armas, entre otros delitos, según un creciente número de denuncias.

A partir de una sociedad en Delaware se puede constituir otra en un paraíso fiscal, como las islas Caimán, con la que realmente se opere. Ese complejo entramado dificulta saber quién es el verdadero propietario, lo que facilita por ejemplo la ocultación de patrimonio o el blanqueo de dinero procedente de actividades ilícitas.

Hay en total en el Estado 1.100.000 empresas, con una tendencia al aumento en los últimos años, a pesar de la presión internacional y del propio Gobierno Federal encabezado por Barack Obama contra la evasión fiscal.

Un tiempo atrás informábamos sobre otro paraíso fiscal dentro del propio gigante del norte, en Reno, Estado de Nevada.

La presión se ha reavivado en los últimos días tras las filtraciones de documentos de la firma panameña Mossack Fonseca, que posee una sucursal en Las Vegas (Nevada) – para esquivar al fisco.

Delaware -Estado por el que el vicepresidente Joe Biden fue senador durante 36 años- se asemeja a países como Panamá en la facilidad para crear sociedades opacas para ahorrarse impuestos. Sin embargo, según informa El País de Madrid, de acuerdo a Sheldon Pollack, profesor de Derecho en la Universidad de Delaware, el primer Estado que ratificó la Constitución no es del todo un paraíso fiscal. De acuerdo al catedrático, se trata de un «paraíso fiscal nacional» pero no internacional (categoría en la que, según la Comisión Europea están 30 países o territorios como Andorra, Bahamas, Mónaco o Panamá).

Por ejemplo, si cualquier empresa que opera en EE UU establece una filial en Delaware para que gestione algunos de sus activos intangibles, como propiedad intelectual, puede legalmente redirigir sus ingresos a esa filial para así dejar de pagar tributos (cada Estado puede fijar sus tipos impositivos). De hecho, las dos terceras partes de las 500 principales compañías norteamericanas tienen un domicilio fiscal en el Estado.

Una de las preguntas que muchos se formulan en estos días, es por qué hay tan pocos estadounidenses en las listas de personas con empresas offshore divulgadas por la investigación Panama Papers, cuando se estima que la evasión anual de impuestos de los norteamericanos ronda los U$S 150.000 millones. Según muchos especialistas, una de las explicaciones es las facilidades que se ofrecen dentro de los propios Estados Unidos -con Delaware a la cabeza- para constituir sociedades pantalla en las que no hay que revelar el propietario. EE UU, además, rechaza compartir información con otros países sobre sus clientes bancarios.

Nevada, Wyoming y Dakota del Sur también ofrecen una baja fiscalidad y elevada opacidad, pero Delaware es el que más sociedades atrae.

EE UU lidera la cruzada contra la evasión fiscal, pero sale mal parado en las evaluaciones. Ocupa el tercer puesto, por detrás de Suiza y Hong Kong, en el ranking de 2015 de secretismo financiero de la organización sin fines de lucro Red de Justicia Fiscal. Supone una quinta parte del mercado global de sociedades offshore -constituidas fuera del país originario- y Delaware es uno de los causantes. En 2009, la primera potencia encabezaba el ranking.

Uruguay ocupa el puesto 28, entre 92 países y territorios de los que se dispone información.

Transparencia Internacional, una organización contra la corrupción, definió en febrero a Delaware como un «refugio para delitos transnacionales» por facilitar un «secretismo corporativo extremo».

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