“Roma” de Alfonso Cuarón (2018)

Carlos Manuel Valverde

Roma de Cuarón

La vi por fin. Han sido días muy enredados, pero finalmente la disfruté en un avión, grabada en el iPad desde Netflix. Magnífica obra, un universo en sí misma: la familia, la política, el drama personal, la comedia, la inocencia, el suspenso y hasta el terror. Todo en una obra redonda, concebida de principio a fin, detalle por detalle, con esmero y sin forzar nada. En suma, una obra de amor.

Bellísima la fotografía, en la que cada cuadro es compuesto con gusto y cuidado. La cámara se acerca y se aleja a voluntad del director/fotógrafo y el ojo la sigue agradecido, pues cada imagen encaja perfectamente con el desarrollo de la trama, la transmisión de un mensaje preciso, pletórico de humanidad y el goce visual del espectador.

Muy bien pensado el fresco existencial dedicado a Cleo y la evolución en paralelo de su personaje con el de Sofía, su patrona. Juntas exhiben la situación de la mujer en una sociedad machista, excluyente, prejuiciada e injusta. La diferencia de clase social entre ellas solo subraya la magnitud de esta tragedia.

Los homenajes o referencias cinematográficas a grandes maestros son otra manifestación de amor de Cuarón por su oficio; por ejemplo: los recursos del neorrealismo italiano (dramas íntimos de gente común y corriente, interpretada por actores improvisados); la referencia al espectáculo popular (cine, circo/feria) y la ensoñación con la infancia pasada, como en Fellini; la violencia e insubordinación popular como en Bertolucci (protestas del movimiento estudiantil); el misticismo de los personajes sencillos (Cleo casi levitando en el aire, en un ejercicio de paz y equilibrio), como aquel personaje interpretado por Laura Betti en “Teorema” de Pasolini; el impacto de la sociedad sobre la vida familiar, como en Ozu; el suspenso à la Hitchcock (escena de los niños en el mar); la compasión por la gente común, como en “Los olvidados” de Buñuel; el amor por el blanco y negro, como en los mejores filmes de Nykvist, bajo Ingmar Bergman y Woody Allen. En fin, tanto que agradecer, sin que suene a prestado ni superfluo…

Cuarón entra con esta película a mi panteón de grandes cineastas. Él es mucho más que un artesano del cine, es un maestro, además joven y con un futuro enorme ante sí. Ojalá no sucumba ante los encantos mercantilistas de Hollywood, para darnos el chance de disfrutarlo y amarlo por muchos años más.

Sinopsis

Cleo (Yalitza Aparicio) es la joven sirvienta de una familia que vive en la Colonia Roma, barrio de clase media-alta de Ciudad de México. En esta carta de amor a las mujeres que lo criaron, Cuarón se inspira en su propia infancia para pintar un retrato realista y emotivo de los conflictos domésticos y las jerarquías sociales durante la agitación política de la década de los 70.


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