Alvaro Salas Chaves

Se escuchan frecuentemente dos escenarios. El primero es un triunfo del oficialismo, el primer domingo de febrero, obteniendo el 40% o más de los votos válidos emitidos; el segundo, es un balotaje, donde los dos partidos que obtengan más votos válidos, se disputarán los resultados.
En este segundo escenario, caben dos posibilidades también: que los dos partidos que vayan al balotaje sean del oficialismo, o la más probable, que la oposición tenga la oportunidad de pasar a segunda ronda, con cualquiera de los partidos que la conforman: el PLN, la Coalición Agenda Ciudadana, el Frente Amplio, etc.
Sin embargo, esa sería la parte de la elección que administra el Tribunal Supremo de Elecciones, pero queda otra parte importante: ¿serían reconocidos los resultados por el oficialismo en caso de ganar la oposición?
Esa pregunta incómoda, sería impensable en un proceso electoral en Costa Rica, al menos después de 1948, pero hay que decir que tenemos casi cuatro años de escuchar, un día si y otro también, por parte del Ejecutivo, una permanente desvalorización de la institución encargada de garantizar la veracidad del sufragio, el Tribunal Supremo de Elecciones. ¿Por qué tanta inquina contra la institución que define al ganador? Si de algo estamos claros los costarricenses, es de la autenticidad y pureza del sufragio, como método fundamental para la democracia.
La posibilidad aumenta, cuando Bolsonaro en Brasil y el propio presidente Trump, en su país, señalaron como fraude electoral, las elecciones donde Lula y el presidente Biden fueron declarados ganadores. Entonces, surge la duda del futuro de este proceso electoral.
Creo que tenemos tiempo aún para pensar seriamente en ejercer el sagrado deber y derecho del sufragio. El mejor antídoto contra los malos pensamientos.
– Pensionado.
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