¿Por qué lucho de nuevo por la Universidad Técnica Nacional?

Marcelo Prieto Jiménez

Algunos amigos me han preguntado la razón por la que he vuelto a presentar mi candidatura para la Rectoría de la Universidad Técnica Nacional, siendo que ya me había retirado de la UTN desde hace tiempo, que me jubilé en mi actividad educativa, y que me he dedicado a otras tareas profesionales y políticas durante los últimos años. Me ha parecido necesario contestar seriamente esa pregunta, en el marco de la historia y la situación actual de la UTN.

La Universidad Técnica Nacional ha sido el proyecto educativo más importante, novedoso y pertinente de la Costa Rica del siglo XXI.

Su sola creación, el 4 de junio del 2008, constituyó un acontecimiento histórico de especial significado: rompió 30 años de silencio y desinterés del Estado costarricense por la ampliación y la expansión de la educación universitaria pública.
La nueva Universidad, nuestra universidad, impulsó un nuevo modelo educativo de carácter integral, que combinó la educación técnica y la formación humanista, en un esfuerzo que educa para el trabajo, para la ciudadanía y para la vida.

No corresponde hacer aquí un recuento detallado del desarrollo vigoroso de la universidad, del crecimiento acelerado de la matrícula, de la expansión gigantesca de la oferta académica, del desarrollo de todas las sedes, del esfuerzo maravilloso por dotarlas de infraestructura y equipamiento adecuando, de la innovación impulsada en todos los campos de la gestión educativa.
Recordemos solo el crecimiento de la matrícula: de poco más de 3000 estudiantes en el 2009, pasamos a más de 14000 estudiantes en el 2020. En concordancia con ese aumento de la matrícula, el presupuesto de la Universidad creció en más de un 500 %, pasando de un monto inicial apenas superior a los 5 mil millones de colones en el 2008, a un presupuesto de casi 50 mil millones de colones en el 2019.

En la Universidad Técnica de esos años, los años heroicos de la construcción de un modelo educativo integral e inclusivo, sostuvimos el principio de que la educación universitaria es un bien público, un patrimonio social, y sobre todo, un
derecho humano fundamental
. Definimos y aplicamos una política de admisión inclusiva y democrática, definimos una política de retención, permanencia y apoyo académico, y establecimos y fortalecimos un programa de becas y beneficios estudiantiles sin límite de beneficiarios.

Basamos todo ese esfuerzo en la defensa del derecho a la educación, en el compromiso irrenunciable de no permitir que ningún estudiante que pudiera tener acceso a la Universidad, viera frustrado su derecho a la educación universitaria por razones socioeconómicas, por razones de procedencia geográfica o por debilidades académicas derivadas de deficiencias en su educación media.

Entendimos, como lo señaló Rodrigo Facio, en el discurso del Rector de la UCR en el Acto de Clausura del Año Académico de 1960, que:

También en cumplimiento de sus deberes sociales, la universidad debe estar abierta a todo costarricense, sin otro límite que el de su capacidad o vocación. Que ningún joven talentoso y esforzado se quede fuera por razón de falta de recursos, es el lema que hemos incorporado a nuestras banderas, y para su realización damos año con año, un paso adelante”.

Pero, además, impulsamos un esfuerzo sostenido por el mejoramiento de la calidad, y propusimos un objetivo claro y preciso: lucharíamos por la acreditación de todas las carreras de la Universidad, en todos los niveles y en todas las Sedes.
Sabíamos claramente que sin una educación inclusiva, pertinente y de alta calidad, el derecho a la educación para todos es una mentira.

Todo ese esfuerzo se puso en riesgo a partir del 2020. La Administración del período 20-24, carente de rumbo, sin brújula, sin hoja de ruta y sin proyecto ninguno, sin metas claras y pertinentes, se dedicó a destruir: debilitó la política de becas, renegó de la política de inclusión y matrícula creciente, destruyó un programa de nivelación y éxito académico elogiado internacionalmente, enterró los programas de innovación y de respaldo a la pequeña empresa desarrollados con apoyo de universidades europeas…

En ese oscuro cuatrienio se desmantelaron programas y esfuerzos exitosos que había costado muchísimo desarrollar, y cuando se aplicó alguna política o alguna estrategia, fueron regresivas y elitistas, ejecutadas con espíritu de venganza y oscura envidia.
Quizá el acto más reprochable es haber dejado perder una donación de 50 millones de dólares financiados mediante un préstamo del BCIE que sería pagado íntegramente por el Gobierno de la República, un proyecto cuyo trámite y aprobación había costado muchos años de esfuerzo.

Ese proyecto representaba no solo la inyección de capital necesario para terminar de construir y equipar las diversas Sedes, sino que era el justo equivalente de la ayuda que el Gobierno ya les había dado a las otras cuatro universidades públicas, años atrás, mediante un crédito con el Banco Mundial por 200 millones de dólares, correspondiéndole cincuenta millones a cada institución. Con esta donación, se hacía justicia a la Universidad Técnica Nacional.

Esa donación también hubiera sido el firme sustento para un salto cualitativo de la UTN: un salto en infraestructura educativa necesaria, en equipamiento y laboratorios innovadores, en residencias estudiantiles adecuadas, y en la continuación de un programa de becas internacionales para estudiantes, que le permitiera a más jóvenes talentosos que no habían salido nunca del país, la posibilidad de culminar su carrera en una universidad extranjera de primer nivel.

Y esa furia destructiva impulsada desde la Rectoría durante cuatro años, no fue impedida ni criticada, ni cuestionada, por las demás autoridades de la Universidad, en los distintos niveles.

Por esa razón, compañeros de todas las Sedes y de todas las Áreas, me buscaron con urgencia para plantearme una gran preocupación.

Me hicieron ver que durante esos cuatro años de deriva y destrucción, no se oyó la protesta de ninguna autoridad defendiendo las inversiones programadas para su Sede.

No se levantó la voz de ningún miembro del Consejo Universitario para ponerle freno al atropello en contra de los estudiantes más necesitados de becas y ayuda.

No consta en actas del Consejo ninguna protesta o voto salvado en contra de la reducción de las metas de matrícula, que dejaron por fuera de la Universidad a miles de jóvenes costarricenses de todas las regiones del país, los más necesitados, que vieron así irremediablemente truncado su proyecto de vida.

No se logran encontrar voces críticas sobre el manejo ilegal y carente de todo control ético de la Fundación, denunciado por la Auditoría Universitaria. Más bien ha quedado expuesta la activa participación de miembros del Consejo Universitario en ese desastre, en algunos casos aprobando los informes financieros, en otros casos como miembros del propio Consejo de Administración de la Fundación.

No hay constancia de protestas, votos salvados, voces críticas levantadas en contra de los atropellos y del clima de miedo que todavía permanece.

No hubo defensa de programas importantes y valiosos, protección de los beneficios estudiantiles, respaldo a la acreditación de carreras.

Debo señalar enfáticamente que tengo el mayor aprecio personal por todos los miembros del Consejo Universitario, de cuya amistad me honro, pero no me quedó más remedio que reconocer lo que toda la comunidad universitaria repite: no hubo defensa de programas, y lo que sí hubo fue una silenciosa connivencia, una conformidad cómplice, un delito de silencio, -según la expresión de Federico Mayor-cuando no un respaldo activo y votos efectivos, que solo cesó recientemente, cuando los miembros del Consejo se percataron -¡por fin!- de que el Rector los estaba arrastrando al hundimiento político.

Hoy, es la UTN la que se encuentra hundida en una grave crisis, que afecta todos los ámbitos de la vida institucional y de la gestión académica y administrativa.

Para mi asombro, compañeros muy serios hablan con preocupación y con datos, de la posibilidad de un cierre técnico en pocos años, si no se rectifica el camino de manera radical.

Algunos compañeros hasta temen que la entrega de terrenos a universidades hermanas o a órganos de coordinación supra universitarios, no sea más que el anuncio de la absorción de la UTN por otras instancias, y su desaparición como proyecto educativo independiente. Creo que ese temor no es real, pero revela el grado de preocupación, desconcierto y desaliento de muchísimos miembros de la comunidad universitaria.

Y todos esos compañeros que me han hablado con sana y legítima preocupación, coinciden unánimemente en una necesaria y clarísima conclusión: las mismas autoridades y representantes que no supieron, no quisieron o no pudieron defender a la Universidad y a sus políticas y programas fundamentales frente a la acción destructiva de esta Administración que agoniza, tampoco ahora van a saber, van a poder o van a querer realizar una crítica radical de lo actuado en estos cuatro años, y una rectificación decisiva del rumbo de la Universidad, para poder salvarla.

Señalan que esas autoridades y representantes no podrán, no sabrán o no querrán hacer esa revisión crítica y esa rectificación profunda, porque fueron cómplices o por lo menos actores mudos y tolerantes de la política de la Rectoría en estos últimos años; y para rectificar y salvar la Universidad, tendrían que comenzar reconociendo los errores y aceptando su inmensa responsabilidad en todo lo sucedido.

Por todas estas razones, he aceptado la solicitud de muchísimas voces de los distintos estamentos, de numerosos miembros de la comunidad universitaria, que me pidieron que presentara mi nombre a consideración de la Asamblea Universitaria para desempeñar una vez más la Rectoría de la UTN.

Acepté, reiterando que mi único deseo es contribuir con la reconstrucción de la Universidad, salir adelante con esa enorme tarea, como salimos adelante con el esfuerzo de su creación, proyecto victorioso en el que nadie creía.

No soy yo el que salvará la UTN, pues además nadie puede hacerlo solo. A la Universidad solo la salvaremos entre todos. Esa es una tarea de toda la comunidad universitaria.

Entendamos claramente eso: únicamente por medio de la decisión y la acción colectiva de toda la comunidad universitaria puesta de pie para marchar hacia adelante, hacia la construcción de futuro, será posible salvar a la Universidad.

Yo no tengo todas las respuestas. He planteado una Hoja de Ruta para sacar adelante a la Universidad, pero esa lista de tareas está totalmente abierta para ser enriquecida con los aportes de todos.

No me mueve ningún interés personalista, ningún pequeño proyecto político personal que defender. No verán ustedes afiches con mi foto, ni propaganda con colores chillones y un rosario de promesas. Mi única propaganda ha sido y será difundir la Hoja de Ruta que propongo.

Por esa misma razón ni siquiera aporté una fotografía para que aparezca en la papeleta de votación, porque ésta lucha no se trata de un esfuerzo personalista, ni de un “ahora me toca a mí, ahora voten por mí”. Se trata de rescatar a la UTN.

Cuando voten por la casilla sin retrato, estarán ustedes votando por la Universidad, por una acción colectiva que reconstruya su futuro, por una rectificación radical y un nuevo y fructífero comienzo Yo solo soy el medio, el instrumento, la herramienta, o si se quiere todavía mejor, yo solo soy el pretexto para esa acción colectiva de la comunidad universitaria.

La lucha y la victoria será de todos los universitarios, de los tres estamentos unidos en un gran esfuerzo de construcción del futuro, porque esa es la misión de la Universidad Técnica Nacional en el siglo XXI, y eso es lo que Costa Rica necesita.

Por todo eso lucho de nuevo por la Universidad Técnica Nacional.

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