Nefertiti cumple 100 años en exhibición en Berlín, en medio de disputas

Por Johannes Sadek y Gerd Roth (dpa)

Nefertiti
ARCHIVO – El busto de la reina Nefertiti, datado hacia el años 1340 antes de Cristo, se expone en el Neues Museum de Barlín desde hace 100 años, ya que hace un siglo la escultura fue presentada al público por primera vez en la capital alemana, tras ser descubierto 12 años antes durante unas excavaciones en el yacimiento egipcio de Tell el Amarna. Foto: Christophe Gateau/dpa

Berlín/El Cairo, 1 feb (dpa) – Ella sola domina la sala abovedada en Berlín. Nefertiti está entronizada detrás de una fortaleza de vidrio, ajena al parecer al tiempo y el espacio.

Cientos de miles de personas quedan cautivadas cada año por el busto de la antigua reina egipcia, realzado por los efectos lumínicos.

La figura fue presentada públicamente allí hace cien años. La escultura, de 49 centímetros de altura, de piedra caliza con estuco pintado, cera y cristal de roca, ya desde la inauguración de la exposición, el 1 de abril de 1924, adquirió una fama mundial y ejerció una fascinación que se extiende hasta hoy en día.

Ludwig Borchardt, jefe de la excavación en Tell el Amarna (Egipto), anotó en su diario junto a un boceto del busto: «Colores como recién aplicados. Excelente trabajo». Pero el lenguaje le pareció insuficiente para describir a Nefertiti. «Describir es inútil, contemplar sí».

El busto fue hallado el 6 de diciembre de 1912. En la división previamente acordada del hallazgo, el «altar plegable de El Cairo» encabezaba la lista por parte egipcia. Los alemanes querían a Nefertiti a toda costa.

Así, el busto pasó a ser propiedad del empresario y mecenas berlinés James Simon. En 1920, Simon legó el busto junto con otras numerosas obras de arte a los Museos de Berlín. Allí permaneció bajo llave otros cuatro años hasta su primera presentación.

La histórica Nefertiti vivió en el siglo XIV a.C. como esposa real del faraón Amenofis IV, que más tarde se convertiría en Akenatón. Apenas existen datos fiables sobre ella, en el momento de la coronación de Amenofis, Nefertiti tenía probablemente entre 12 y 16 años.

El historiador Sebastian Conrad está seguro: «Si Nefertiti, después de permanecer oculta en la arena del desierto durante 3.000 años, hubiera aguantado simplemente unos años más allí enterrada, ahora estaría en El Cairo. No hay duda».

Conrad se refiere a la evolución de Egipto en aquella época. Por ejemplo, cuando Howard Carter descubrió la tumba del antiguo rey egipcio Tutankamón en el Valle de los Reyes en 1922, la exportación de los objetos arqueológicos ya estaba prohibida.

Nefertiti, en cambio, cobró fama mundial desde Berlín. «El momento de la primera presentación, en los años veinte, desempeña un papel muy central», afirma Conrad en una entrevista con dpa en Berlín.

A lo largo del siglo, Nefertiti se convirtió en la soberana de la Isla de los Museos de Berlín.

«En el Louvre de París, la gente mira la Mona Lisa, le guste o no desde el punto de vista estético», dice Conrad. «En Berlín, Nefertiti es la estrella de las exposiciones de la Isla de los Museos. Es un factor económico, un imán para los museos, así que también vale dinero en efectivo», subraya.

¿Resulta imaginable la devolución de semejante símbolo, semejante atracción turística?

Para Egipto, el hecho de que esta joya de la antigüedad egipcia no esté en El Cairo, sino en el centro de Berlín, sigue siendo hoy una amarga decepción. Estos tesoros son motivo de orgullo nacional en Egipto y generan importantes ingresos para el turismo, mientras el país está sumido en una grave crisis económica.

«Nefertiti dejó Egipto de forma ilegal», sostiene Zahi Hawass, exministro de Antigüedades egipcio y desde hace años a cargo de la lucha para lograr la restitución del busto. Hawass dijo a dpa en El Cairo que su «gran objetivo» es inducir a Alemania a que devuelva la escultura.

Hawass, convertido hoy en una especie de artista pop de la arqueología y conocido como «el verdadero Indiana Jones», está convencido, al igual que otros expertos, de que el investigador Borchardt hizo trampa en la división de los hallazgos arqueológicos.

Según su opinión, el busto fue llevado a Berlín de forma ilegal y Borchardt lo mantuvo incluso oculto al público durante más de diez años.

«He reunido todos los documentos y pruebas para demostrar que Borchardt lo robó», afirma Hawass. Nefertiti es un «objeto nacional» y pertenece al nuevo Gran Museo Egipcio de las Pirámides de Guiza, insiste.

De acuerdo a la Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano, a la que pertenece el Museo Nuevo de Berlín, el busto fue hallado durante una excavación autorizada por la Autoridad Egipcia de Antigüedades y no fue sacado del país ilegalmente.

«Está documentado que ambas partes tenían una lista completa de todos los objetos cuando se repartió el hallazgo, e incluso fotos de las mejores piezas. Hay toda una serie de fotos en blanco y negro, desde todos los ángulos», asegura el presidente de la Fundación, Hermann Parzinger.

«La reivindicación alemana de este busto es, como mínimo, muy dudosa», afirma en cambio el historiador Conrad. Hoy en día, dice, nadie aceptaría una normativa como la de 1912. Para el historiador, «las reivindicaciones egipcias no son menos plausibles que las alemanas».

Conrad sugiere «tomar al pie de la letra el concepto de patrimonio cultural mundial, confiar la propiedad a una organización internacional y permitir de la misma manera diferentes lugares de exposición».

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