El Enigma de Kaspar Hauser
El huérfano de Europa
Núremberg, 26 de mayo de 1828. Un adolescente de unos 16 años aparece tambaleándose en la plaza de la ciudad. Sus pies están llagados, sus ojos parecen heridos por la luz del día y en su mano aferra una carta dirigida a un capitán de caballería. Su vocabulario se reduce a frases inconexas y el nombre que escribe con caligrafía torpe: Kaspar Hauser.Lo que Kaspar relató una vez que aprendió a hablar horrorizó a la sociedad alemana. Afirmó haber vivido toda su vida en una celda oscura de apenas dos metros de largo, tan baja que no podía ponerse de pie. Su único contacto con el mundo era un «hombre misterioso» al que nunca vio la cara, quien le dejaba pan y agua mientras dormía y que un día, sin explicación, lo sacó de su encierro, le enseñó a caminar y lo abandonó en la ciudad.
La rapidez con la que Kaspar se civilizó fue asombrosa, pero más asombrosos fueron los rumores sobre su origen. Debido a su fisonomía y a ciertos detalles de su aparición, surgió una teoría política explosiva: Kaspar era el hijo heredero de la Casa Real de Baden.
Se decía que había sido secuestrado al nacer en 1812 y sustituido por un bebé moribundo para permitir que una línea colateral de la familia usurpara el trono. Kaspar no era un mendigo; era un peligro para la corona.
El misterio terminó de forma sangrienta. Tras sobrevivir a un primer ataque años antes, el 14 de diciembre de 1833 Kaspar fue citado en un parque por un desconocido que prometía revelarle su origen. Allí fue apuñalado en el pecho. Murió tres días después, dejando tras de sí una nota escrita en espejo que no revelaba nada claro. Su epitafio en Ansbach reza: «Aquí yace Kaspar Hauser, enigma de su tiempo, de nacimiento desconocido y muerte misteriosa».
Durante casi 200 años, la «Teoría del Príncipe» se mantuvo viva. Sin embargo, en agosto de 2024, un equipo internacional de científicos realizó un nuevo análisis de ADN mitocondrial utilizando técnicas forenses avanzadas sobre las manchas de sangre de la ropa que Kaspar llevaba el día de su muerte.
El resultado: El ADN de Kaspar no coincide con el de la Casa de Baden. Esto descarta que fuera el príncipe heredero, pero abre un misterio aún mayor: si no era un noble en peligro, ¿quién se tomaría el trabajo de mantener a un niño encerrado en una caja durante 16 años y luego asesinarlo para silenciarlo?
Inspirado en e libro “Misterios sin resolver: Eventos bizarros que han intrigado las grandes mentes”
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