La relativa intimidad

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Manuel Rojas Bolaños

Manuel Rojas

A nadie debería alarmar que un Presidente disponga de un grupo asesor de alto nivel, que le proporcione datos y análisis sobre temas concretos, incluyendo la coyuntura política del país. En Costa Rica hay una larga tradición en la existencia de esos grupos, que se remonta, por lo menos, a los tiempos de Daniel Oduber. En ese entonces en Casa Presidencial se montó un equipo conformado por políticos y académicos de alto nivel, que trabajaban a la par del Presidente. Muchos de ellos siguen activos en la academia y en la política

Grupos similares trabajaron a la par de José María Figueres, Oscar Arias y Miguel Ángel Rodríguez, todos gobernantes del PLN o del PUSC. No hay ninguna novedad en su establecimiento, ni tampoco en la forma en que operan. Hacen su labor calladamente, fuera de cámaras, recuperando datos conocidos y públicos, dándoles un nuevo tratamiento, de acuerdo con los objetivos buscados, o fabricando datos nuevos a partir de estudios diversos y entrevistas a informantes claves.

Si volvemos la mirada hacia el panorama internacional, nos encontraremos que la gran mayoría de gobernantes disponen de uno o varios grupos asesores.

Se trata de una especie de planificación estratégica, que le permite al Presidente tomar decisiones en materia de política pública o actuar con mayor soltura dentro de la coyuntura. No hay pecado en eso, como diría un cristiano.

¿Por qué entonces se ha armado todo un follón alrededor del tema? Como si no viviéramos en un mundo donde proliferan los bancos de datos, armados en la mayoría de los casos con informaciones que vamos dejando por todo lado, la mayoría de las veces inocentemente, y que revelan buena parte, por no decir toda, nuestra “intimidad”. Con solo un número de celular es posible recuperar una gran cantidad de información de la persona que lo proporciona. ¿Es que no ven la televisión? ¿Es que no usan Waze?

Y qué no decir de las cuentas de FaceBook, WhatsApp, Twitter y demás. Vivimos largando información que recuperan instituciones del Estado, agencias de seguridad (por supuesto), bancos, cadenas comerciales nacionales e internacionales, y hasta los delincuentes que nos llaman desde las cárceles para estafarnos.

Así que no vengamos a rasgarnos la vestiduras por la existencia de esta Unidad en Casa Presidencial, cuyo decreto de creación, que es un adefesio ciertamente, no debió haberse dado. Error de aprendices, tanto en la promulgación del decreto, como en la forma que se ha defendido la existencia de la mentada Unidad.


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