“Deja que los tecno oligarcas ladren, es señal de que cabalgamos”

Por Pablo Gámez Cersosimo*

Redes

La frase del titular resume el momento por el que Europa transita frente al poder de las plataformas digitales. Lo que durante años fue una relación de subordinación dio paso a un ciclo marcado por la voluntad política de imponer límites. Se trata, en síntesis, de la defensa de la soberanía europea, también amenazada por las grandes corporaciones tecnológicas de Silicon Valley.

En distintas capitales europeas domina la convicción de que las redes sociales han mutado en peligrosas infraestructuras de poder. De manera directa, influyen en la opinión pública, condicionan el debate político y moldean la percepción del mundo de millones de jóvenes expuestos a dinámicas de adicción, desinformación y polarización. Y sí, es un problema de envergadura para la UE.

La medida “bandera” que simboliza este cambio es la prohibición del acceso a redes sociales para menores de 16 años (ya impulsada en algunos países). Australia marcó un precedente al convertirse en el primer país en dar ese paso, y su decisión actuó como catalizador en Europa.

Francia lo hará en el otoño, introduciendo la primera legislación en la UE que restringe el acceso a menores de 15 años. Países Bajos, Dinamarca y otros gobiernos preparan legislaciones similares. España, por su parte, ha puesto el foco no solo en la edad mínima, sino también en la responsabilidad de las plataformas y sus directivos.

El presidente del Gobierno español señala el poder absoluto de los gigantes tecnológicos sobre la circulación de información. Cuando una empresa privada puede alterar los flujos de atención de millones de personas en cuestión de horas, influir en procesos electorales o decidir unilateralmente qué contenidos se amplifican o se silencian, estamos ante actores políticos de facto.

Por eso, el debate ha dejado de ser exclusivamente tecnológico o económico para convertirse en una cuestión de soberanía democrática.

En Francia, las autoridades han llegado a registrar oficinas de empresas tecnológicas e investigar el funcionamiento de determinadas redes sociales. En el Reino Unido, los organismos reguladores han abierto pesquisas sobre el uso de datos personales y la difusión de contenidos manipulados mediante inteligencia artificial.

Durante mucho tiempo, los gobiernos europeos actuaron con cautela, temerosos de ahuyentar la inversión tecnológica o enfrentarse a la presión diplomática de Estados Unidos, donde se concentran la mayoría de estas compañías.

Ahora, ese temor desapareció.

En este contexto surge la “Coalición de los Dispuestos Digitales”, un grupo de países europeos que buscan coordinar estrategias para regular las plataformas de manera más efectiva. Europa ya lo hizo con la protección de datos personales, y el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD).

Hasta no hace mucho, el discurso dominante presentaba a las grandes empresas tecnológicas norteamericanas como leviatanes inevitables. Esa percepción se está evaporando.

El espacio digital pasó a ser un oeste sin ley con características de tecno feudalistas. Se trata de una colosal infraestructura, megalómana, que responde a los intereses del movimiento MAGA y dominado por una oligarquía tecnológica que se cree por encima de los mandatos democráticos.

* Investigador,periodista.

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