Camilo Rodríguez Chaverri
En cuanto a las mascaradas, que destacan principalmente en Barva y en Aserrí, tienen origen en los «cabezones» españoles, pero la influencia se quedó tirada en el camino, lo que queda en claro por los temas de nuestras máscaras. Hay muchas máscaras de El Chavo del Ocho, La Chilindrina, El Chapulín Colorado y Kiko, los personajes de ese famoso y legendario programa de televisión de los años 70. También hay muchas máscaras de políticos como Óscar Arias y Laura Chinchilla. Hay crítica social con las máscaras, pero desde un elemento que matiza al ser costarricense y me parece la piedra angular en cuanto al hecho de que somos el país más feliz del mundo: se trata del humor.
Llenas de color y alegría, las máscaras se han ganado un lugar en nuestra cultura, en nuestras fiestas y en nuestro corazón. Están hermanadas con las cimarronas, que vuelven al pedestal gracias a los desfiles bailables de máscaras, lo cual le inyecta más alegría y dinamismo a sus presentaciones.
El hecho de que sean manipuladas y cargadas principalmente por niños y jóvenes le da una fuerza especial y nos regala la ilusión de que serán cada vez más populares. Hasta el presidente Luis Guillermo Solís se encaramó una máscara en su campaña. Le han hecho unas máscaras en que se ve igualito.
Les deseo salud y plenitud a las mascaradas y espero que las siga liderando la giganta, esa mujerota que tiene un nombre que es consistente con el sincretismo cultural del que son productos, nuestras variopintas y folclóricas mascaradas.