Documento: Desigualdad y pobreza en Costa Rica

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Desigualdad y pobreza en Costa Rica - CEDAL

Presentación

Este libro es el producto de una de las Mesas de Diálogo que mantiene abiertas el Centro de Estudios Democráticos de América Latina (CEDAL). En los debates de las Mesas de Diálogo se han enfocado con rigurosidad analítica los principa­les problemas estructurales de Costa Rica: la Educación, la Reforma del Estado, las percepciones y respuestas a la corrup­ción, la Reforma Política, los temas económicos y fiscales. Su objetivo principal es el de producir propuestas y respuestas a dichos problemas estructurales de nuestra sociedad, propor­cionando insumos e instrumentos a tomar en cuenta por parte de los jerarcas de la administración pública y otros tomadores de decisiones en el aparato del Estado.

Los contenidos de “Desigualdad y pobreza en Costa Rica” son el producto de la discusión interna entre sus autores. Cada uno contribuye con su perspectiva complementaria en la valo­ración de la pobreza y la desigualdad en Costa Rica. ¿Disminuye la pobreza en el país? ¿De qué depende? ¿Disminuye la pobre­za, pero aumenta la desigualdad? ¿Es muy desigual la sociedad costarricense en el contexto latinoamericano? ¿Cómo está ope­rando en esa evolución el sistema educativo? Estas preguntas pueden tener una respuesta lo más rigurosa posible, pero es el cruce de ellas lo que permite un análisis sustantivo y ponderado.

Ponemos esta obra a disposición de las instituciones públicas, las organizaciones sociales, la academia y sobre todo la ciudadanía.

Autores

Ennio Rodríguez
La desigualdad creciente como reto de las políticas económicas

Enrique Gomáriz Moraga
Pobreza y desigualdad en Costa Rica: Expresiones y causas

Ana Isabel García Quesada
Estrategia para enfrentar la pobreza en Costa Rica

Carla Morales Rojas
Pobreza y desigualdad en Costa Rica. Su expresión en las regiones

Carlos H. Lépiz
Papel de la educación ante la desigualdad social y la pobreza en Costa Rica

Introducción

El estudio de la pobreza y la desigualdad social permite identificar muchas de las características fundamentales de una determinada sociedad. Por un lado, aproxima al estado de sus capacidades instrumentales: permite evidenciar si tiene un buen desempeño económico, si su entramado institucional se dirige eficazmente hacia el bien común, si su cohesión social es alta, si facilita la movilidad social ascendente, etc. Por otro lado, también permite identificar su marco simbólico y valórico: si en la cultura idiosincrática se quiere percibir como una sociedad igualitaria, si aprecia los valores de la justicia y la solidaridad, si considera que la pobreza y la desigualdad son inaceptables para una convivencia nacional pacífica.

Ahora bien, la capacidad explicativa que posee el estudio de la pobreza y la desigualdad debe tener como punto de partida un análisis riguroso y ponderado de su naturaleza, dimensión y evolución en el país o la región que se trate. Con demasiada frecuencia, en América Latina se hacen toda suerte de discursos justificatorios o demagógicos que minimizan o exageran la pobreza, sin usar información contrastada y verificable, para utilizar esta problemática como instrumento de combate partidario, en el peor de los sentidos.

Por esta razón, el Centro de Estudios Democráticos de América Latina (CEDAL) ha querido contribuir a actualizar el debate sobre la dimensión y la evolución de la pobreza y la desigualdad social en Costa Rica. Algo que podría parecer sencillo a primera vista, pero que dista mucho de serlo. Y ello no sólo por cuestiones metodológicas o de medición, sino sobre todo por ubicar el objeto de estudio al interior de un haz de focos que permiten identificar sus diferentes matices y contrastes.

Una muestra clara de ello puede encontrarse en los diferentes textos que componen este trabajo. Cada contribución nos permite ver una perspectiva complementaria de la valoración de la pobreza y la desigualdad en Costa Rica. ¿Disminuye la pobreza en el país? ¿De qué depende? ¿Disminuye la pobreza, pero aumenta la desigualdad? ¿Es muy desigual la sociedad costarricense en el contexto latinoamericano? ¿Cómo está operando en esa evolución el sistema educativo? Estas preguntas pueden tener una respuesta lo más rigurosa posible, pero es el cruce de ellas lo que permite un análisis sustantivo y ponderado.

Por ejemplo, en términos de valoración global podría tenerse una idea optimista de la situación social y económica costarricense, si se observa el hecho de que el país se encuentra a nivel mundial entre los que presentan un desarrollo humano alto, que ocupa el quinto lugar en América Latina. Pero eso no puede entenderse obligadamente como un avance sustantivo hacia la condición de los países más desarrollados. Como señala uno de los autores, Ennio Rodriguez, la brecha de desarrollo económico respecto del promedio de los países de la OCDE desde los años cincuenta, lejos de cerrarse se ha abierto ligeramente: el PIB costarricense era el 18% del promedio de los países de la OCDE en los años sesenta y se ha situado en torno al 15% en las últimas décadas. Visto desde ese ángulo, Costa Rica no se ha acercado al nivel de país desarrollado al que pretende acceder.

Algo semejante sucede con la evolución de la pobreza. Aparentemente, desde el 2006 en adelante, el país habría conseguido romper con ese nivel que resultó infranqueable durante casi quince años de mantener al 20% de su población en condición de pobreza. Sin embargo, la crisis financiera mundial mostró de inmediato la vulnerabilidad de la situación socioeconómica que todavía tiene el país y la fragilidad de los avances. Es decir, el esfuerzo por reducir sustantiva y progresivamente la pobreza debe continuar y no parece que el éxito esté garantizado.

De igual forma, el análisis sobre la desigualdad social recibe luz desde distintas perspectivas. Una primera evidencia es que los instrumentos de medición reflejan un moderado aumento de la desigualdad en la última década. Importa subrayar que ello sucede incluso cuando desciende la pobreza. ¿Significa esto que Costa Rica es un país muy desigual? Pues lo cierto es que cuando se compara con el resto de la región no lo es tanto. De hecho, CEPAL acaba de agrupar los países de la región según la magnitud de sus brechas sociales y coloca a Costa Rica entre los países que presenta brechas reducidas (junto a Uruguay, Argentina y Chile.).

Por otra parte, todo lo anterior permite cruzar y complejizar el debate. ¿Debe preocuparnos más la desigualdad social o la lentitud en el desarrollo económico, para salir definitivamente del subdesarrollo? ¿Es cierto que ambas cosas pueden avanzar en igual medida? Por otro lado: ¿Es necesario concentrarse en la lucha contra la pobreza o más bien en reducir la desigualdad? ¿Es cierto que se debe, pero sobre todo que se puede avanzar en ambas cosas al mismo tiempo? Como puede apreciarse, conforme se avanza en el reconocimiento riguroso en esta problemática, las respuestas requieren de mayor precisión, sobre todo en términos de decisiones para la política pública.

En todo caso, los materiales que componen el presente libro tienen la virtud de constituir una base importante para avanzar en ese debate. Y ello en una secuencia de trazos que facilita dicho avance.

En primer lugar, el sociólogo Enrique Gomáriz, realiza una introducción al examen de la evolución de la pobreza y la desigualdad en Costa Rica, que, además de mostrar ese panorama en el mediano plazo, se detiene a enunciar las causas elementales de la pobreza y a tratar de identificar las claves principales que muestran las posibilidades reales de reducción de la pobreza y del comportamiento de la desigualdad social en el país. El autor enfatiza la importancia de asociar momentos de crecimiento económico con incrementos de inversión social (algo que se ha producido pocas veces en los últimos veinte años) para poder observar reducciones sustantivas de la pobreza. De igual forma señala la heterogeneidad estructural de los sistemas productivos en la región como principal factor del comportamiento de la desigualdad social.

A continuación, el economista Ennio Rodríguez busca profundizar en el tema de la desigualdad social como reto de las políticas económicas. Comenzando por una revisión histórica del debate clásico sobre crecimiento y distribución, que le induce a invitar a viejos conocidos, desde David Ricardo a Tomás Malthus, pasando por el propio Carlos Marx, Rodríguez busca recordarnos que el asunto no es sencillo y que viene de largo. Como señalamos, pone sobre el tapete que quizás debería hablarse más del desarrollo económico y de la distancia que separa a Costa Rica de los países desarrollados. Discute si las dificultades de desarrollo en la región son principalmente internas o externas y pone en tela de juicio la teoría de la dependencia, sobre todo en sus versiones más radicales. A continuación sostiene que el incremento de la desigualdad en Costa Rica no procede directamente, como se argumenta con frecuencia, del cumplimiento a cabalidad de los presupuestos del Consenso de Washington, ni del desarrollo de políticas estrictamente neoliberales en el país. Finalmente, su argumento enfatiza el hecho de que la distribución del ingreso procede de factores diversos, que no dependen siempre de las políticas públicas aunque estas deban tomarlos en cuenta y operar en consecuencia.

En tercer lugar, la socióloga Ana Isabel García, nos conduce hacia la sala de máquinas de las políticas sociales, a partir de su propia experiencia al frente de ésta, como Viceministra de Desarrollo Social. Las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad son el telón de fondo, pero tan importante como eso es saber cómo se han desempeñado los actores públicos en el escenario. García realiza un recorrido por las estrategias impulsadas por parte de las distintas Administraciones para luchar contra la pobreza desde hace veinte años. Describe en qué consiste el cambio propuesto a partir del año 2006, bajo la Administración del Presidente Arias Sánchez, y cómo ese camino acaba torciéndose al final de esa Administración, tras el cambio de Rectoría del Ministerio de Vivienda al de Salud. Finalmente, plantea una posible programación para producir un avance verdaderamente sustantivo en la lucha contra la pobreza, que busca la eliminación de la pobreza extrema. El argumento que sostiene es que esa estrategia ambiciosa es posible, sobre la base de tres elementos: a) incremento significativo de la inversión social; b) sensibilidad y compromiso con la cohesión social; y c) aumento poderoso de la competencia técnica de las políticas sociales. Por cierto, García no considera que este último aspecto sea precisamente secundario. La experiencia del último tramo de la Administración Arias lo demuestra.

Ahora bien, la mirada realizada hasta el momento se ha mantenido en el nivel nacional, pero, como nos advierte la politóloga Carla Morales, sobre todo tras su experiencia como Viceministra en el Ministerio de Planificación, el país no es precisamente uniforme. Morales anota las apreciables diferencias observadas en cuanto a dimensión de la pobreza y a la desigualdad social entre las diferentes regiones de Costa Rica. El análisis de los datos en las seis regiones de planificación, evidencia que no sólo la crisis económica tuvo impactos distintos en las regiones, sino que la evolución histórica tanto de los indicadores de pobreza y desigualdad como de otros indicadores de desarrollo, ratifica que el país se ha desarrollado en el centro, que corresponde con la región central. Esta región concentra el 64% de la población del país en el 16% del territorio, las personas que viven en la región central tienen más y mejor acceso a los servicios, oportunidades de empleo, educación, entre otros. Carla Morales apuesta por un cambio en los arreglos institucionales y el mejoramiento de la planificación nacional, a partir del Plan Nacional de Desarrollo, que debe tomar en serio la dimensión territorial del bienestar social.

Como demuestra la historia nacional, si hay un instrumento que puede favorecer (o entorpecer) la movilidad social y el avance hacia la equidad, éste es la educación. Carlos Lépiz realiza un esfuerzo para reconocer cómo se retroalimenta el desarrollo social general y la igualdad en el sistema educativo. Todo indica que estamos ante la disyuntiva de producir un círculo vicioso o por el contrario avanzar hacia un círculo virtuoso: si el sistema educativo mejora y se hace más igualitario puede impulsar un avance en la equidad social; pero también sucede en un sentido inverso: la desigualdad social producida, por ejemplo, en el mercado de trabajo, puede inducir una desigualdad agregada en el sistema educativo. Carlos Lépiz considera que este es el verdadero desafío: reforzar el papel de la educación como factor determinante del desarrollo humano y como instrumento indispensable en la creación de un orden socioeconómico más democrático, justo y equitativo. Se debe partir de que la educación es un derecho, pero también es puerta de acceso y de realización de los demás derechos universales. Para cumplir con dicho cometido, se requiere que mediante una responsabilidad compartida, se asuma un compromiso individual y colectivo de docentes, estudiantes, padres y madres de familia, comunidad y autoridades gubernamentales.

Con este conjunto de trabajos, el Centro de Estudios Democráticos de América Latina desea contribuir a una reflexión actualizada sobre la pobreza y la desigualdad social en Costa Rica, que permita dos objetivos paralelos: por un lado, dotar de un nivel de excelencia cognitiva la discusión sobre la situación social del país, y, por el otro, invitar a una valoración sobre el grado de solidaridad y cohesión social que realmente desea nuestro país. CEDAL pone a disposición de las instituciones públicas, las organizaciones sociales, la academia y sobre todo la ciudadanía, esta contribución comprometida.


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Un comentario

  1. Ing. Gilberth Brenes León

    Gilberth Brenes Leon · Liceo José Martí
    Me gustó para refrescar el aspecto filosófico en cada uno de sus enfoques, sin embargo, siento que lo nuestro es más superficial, pero si más enérgico, ya que ni la clase alta cree que sea tan influyente, ni el pobre cree que tenga tantos medios para salir de su miseria y por el contrario, todo se reduce al conformismo característico del “pobrecito”. Me gustaría conocer cuánto cuesta un día escuela de un niño?, porque un día cárcel cuesta ¢87.000 colones diarios. Probablemente estos parámetros nos servirán para entender la diferencia entre prevenir y curar. Esta podría ser el alfa y omega de nuestras iniciativas hacia un país más justo, pero más comprometido con su sociedad.

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