Del “Octubre alemán” a la autoliquidación del partido comunista alemán

Mario Keßler

SP

Hace 100 años, exactamente el 7 de noviembre de 1923, el partido comunista alemán pretendía a tomar el poder en Alemania con un levantamiento armado. El plan insurreccional se canceló en el último momento, pero las conclusiones que el partido sacó de ello lo debilitarían decisivamente en la lucha contra el nacionalsocialismo.

El Partido Comunista de Alemania (KPD), fundado en 1918/19, creció y se convirtió en el mayor partido comunista fuera de la Unión Soviética hasta que fue aplastado en 1933. Surgido de la tradición democrático- radical del movimiento obrero alemán, se transformó gradualmente en una organización jerárquica y monolítica que seguía ciegamente las instrucciones de Moscú y finalmente se mostró incapaz de frenar el ascenso de los nazis al poder.

Una etapa clave en este camino fue el cambio de poder y estrategia que comenzó a finales de 1923. Según la voluntad de sus fundadores, Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg, el KPD era la alternativa democrático- radical al orden reaccionario y autoritario del imperio alemán. Sin embargo, el congreso fundacional del partido en el cambio de año de 1918 a 1919 ya reveló las dos tendencias principales dentro del partido. Tras el asesinato de Liebknecht y Luxemburg, la izquierda radical determinó casi inevitablemente la política del KPD.

Paul Levi, el nuevo presidente del partido y seguidor de Luxemburg, ya veía en agosto de 1919 que la ola revolucionaria estaba menguando. En consecuencia, se centró en construir un partido de masas socialista de izquierdas que debía tener una estructura interna democrática. Al unirse con el ala izquierda del Partido Socialdemócrata Independiente (USPD), el KPD se convirtió efectivamente en un partido de masas en diciembre de 1920: Corrieron a afiliarse más de 300.000 nuevos miembros. En enero de 1921, se dirigió a los partidos obreros y a los sindicatos en una carta abierta bajo la bandera del frente único para actuar conjuntamente contra la ofensiva del capital.

Sin embargo, una fuerte corriente ultraizquierdista del partido era partidaria de acciones revolucionarias inmediatas. Éstas arrastrarían a los trabajadores y trabajadoras que hasta entonces estaban distanciados del KPD y seguían de momento al SPD. La ultraizquierda veía al SPD en su conjunto como un adversario, no como un aliado potencial. El primer fiasco de esta política se produjo en 1921 en la denominada Acción de Marzo, cuando el KPD en colaboración con el radical Partido Comunista Obrero de Alemania (KAPD), esperaban «hacer» la revolución alemana mediante un intento de sublevación en el centro de Alemania. Fue un fracaso, la sublevación fue rápidamente reprimida y cientos de personas fueron detenidas. Por el momento, el KPD quedaba aislado políticamente.

Paul Levi, que condenaba enérgicamente este rumbo, abandonó el KPD. Sin embargo, su ala izquierda radical, que en aquel momento incluía también a Heinrich Brandler y August Thalheimer – ambos criticarían duramente la política de ultraizquierda más tarde – mantuvo la conveniencia de tales acciones golpistas.

Cambio de rumbo en Moscú

Los portavoces más importantes del radicalismo de izquierdas dentro del KPD, Ruth Fischer y Arkadi Maslow, que también mantenían relaciones privadas, ascendieron rápidamente dentro del partido. Maslow fue elegido dirigente del distrito Berlín-Brandeburgo del KPD en 1921. Junto con su compañera, luchó contra la consigna del frente único propagada por la dirección del KPD en aquel momento y contra el proyecto político de un gobierno obrero con el SPD. Según Maslow, en el congreso del KPD celebrado en Leipzig a principios de 1923, no se podía plantear la cuestión de un gobierno obrero sin tener como objetivo la guerra civil. Fischer y Maslow encontraron cada vez más apoyo en Moscú, donde la dirección soviética esperaba un «Octubre alemán» en otoño de 1923, una repetición del victorioso levantamiento bolchevique.

Al principio, sin embargo, el rumbo del KPD se caracterizó por el cambio de sentido político de Brandler y Thalheimer. Tras la sangrienta represión de la revuelta de marzo, Brandler fue condenado a cinco años de prisión, de la que pudo huir a Moscú a finales de 1921. De vuelta en Alemania, gracias a una amnistía en 1922, se distanció de las ideas de levantamientos voluntaristas: Sin un frente único con los socialdemócratas y el apoyo de los sindicatos, no era posible una revolución socialista. Siguiendo a Rosa Luxemburg, él, Thalheimer y Ernst Meyer desarrollaron entonces el concepto de realpolitik revolucionaria.

En 1923, la crisis política, económica y social de Alemania alcanzó un nuevo punto álgido. La reputación de la República de Weimar, que nunca había sido muy sólida, tocó fondo en todas las clases y sectores sociales. En la zona del Ruhr se luchaba contra la ocupación franco-belga, en Baviera hubo un intento de golpe de Estado fascista, en Sajonia y Turingia los gobiernos obreros del SPD-KPD fueron disueltos por el ejército del Reich poco después de su constitución, y la inflación, en particular, tuvo consecuencias ruinosas. Una vez contenida esta última en octubre de 1923 y superado así un elemento importante de la crisis, la dirección de la Comintern en Moscú decidió, no obstante, mantener el plan de insurrección que había elaborado en agosto. Trató de convertir la fuerza de protección del KPD, las originalmente defensivas Escuadras Proletarias (proletarische Hundertschaften), en un ejército revolucionario y fijó la fecha del levantamiento para el 7 de noviembre.

Sin embargo, la dirección del KPD en torno a Brandler canceló casi a tiempo este intento revolucionario aventurerista que no tenía ninguna posibilidad. Solo en Hamburgo, donde no había llegado la noticia de la cancelación de los planes de sublevación, tuvo lugar en octubre de 1923 una revuelta sin sentido que más tarde sería glorificada tanto por el KPD como por la historiografía de la RDA. El KPD fue prohibido durante seis meses, pero el Estado de Weimar gestionó la prohibición con bastante laxitud, por lo que el partido pudo reagruparse nuevamente. Sin embargo, las disputas internas no pusieron al frente el ala de la realpolitik, sino a la activa ultraizquierda, que contaba con el apoyo de Moscú.

La bolchevización del KPD

Tras la derrota de octubre, apareció en la Comintern la consigna de la «bolchevización». Se pensaba que el KPD solo podría llegar al poder si adoptaba el modelo de partido ruso. Por un lado, debía reorganizarse sobre la base de células en las fábricas y reconocer sin reservas el papel dirigente de la Unión Soviética y de su único partido gobernante. Por otro lado, quería poner fin a las luchas entre facciones dentro del partido y limitar el debate sobre estrategia, considerado superfluo. En su lugar, la dirección definiría una línea política unificada. El núcleo duro de todas estas consideraciones era la idea de que los partidos comunistas no soviéticos estaban en un nivel de inferioridad en cuanto a madurez política y organizativa respecto del partido soviético, el único que había llevado a cabo con éxito una revolución.

El impulsor de la bolchevización fue Grigori Zinóviev, presidente de la Comintern, aliado de Stalin por entonces. Afirmaba que el partido ideal tenía que ser monolítico así como deshacerse periódicamente de los elementos vacilantes y poco fiables y que el ejército de revolucionarios profesionales tenía que limitar las discusiones internas del partido al mínimo, lo cual era indispensable para el éxito de una política revolucionaria.

Este concepto fue desarrollado por primera vez por Vladimir Lenin a principios del siglo XX en su libro ¿Qué hacer? Sin embargo, en aquel momento Lenin tenía en mente a la socialdemocracia alemana como prototipo de un partido marxista europeo, pero de ninguna manera una secta conspirativa, como le atribuirían más tarde algunos de sus oponentes. Para ello retomó la idea, expresada también por Karl Kautsky, de que la clase obrera solo podría superar el nivel sindicalista -es decir, perseguir objetivos puramente económicos sin plantearse la cuestión del poder político- si el partido le hacía accesible la teoría socialista y la práctica que de ella se derivaba.

A finales de 1923, Stalin intervino por primera vez directamente en los conflictos dentro del KPD. En Moscú, Maslow fue acusado sin pruebas de haberse comportado de manera cobarde durante un interrogatorio policial en Alemania en 1922 y de haber hecho declaraciones comprometedoras sobre Karl Radek y otros camaradas. Una comisión creada por el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, el CEIC, decidió entonces apartar a Maslow de cualquier cargo de dirección en el KPD durante un año. Sin embargo, Stalin asumió en aquellos días la presidencia de una subcomisión que revisó esta decisión antes de finales de año. Stalin presionó para confiar a Maslow funciones políticas de responsabilidad para fortalecer el ala «izquierda» del partido contra Brandler y Thalheimer.

Después de amargas controversias, resultado de las cuales la hasta entonces dirección del partido en torno a Brandler y Thalheimer quedó desautorizada, Maslow fue ascendido a la dirección del KPD el 8 de febrero de 1924, nuevamente formada, como secretario suplente del presidente provisional Hermann Remmele. En el siguiente congreso del partido celebrado en Frankfurt en abril de 1924, el KPD viró hacia la ultraizquierda. La resolución adoptada por unanimidad acerca de «las próximas tareas del KPD» se orientaba a la «conquista del poder político» y el «establecimiento de una dictadura de los consejos». Una vez más, no se mencionó nada de una democracia de consejos en el sentido de Rosa Luxemburg. El congreso eligió como co-presidente [junto a Ruth Fischer] a Maslow, líder del ala ultraizquierda del partido.

Ascenso y caída de la dirección Fischer-Maslow

Antes de que la nueva dirección del partido pudiera intensificar su «lucha» contra la socialdemocracia y el «brandlerismo», se vio obligada a realizar una importante reorganización de personal. El 20 de mayo de 1924, Arkadi Maslow fue detenido en Berlín, supuestamente por robar un bolso. Como pronto quedó claro, esto sirvió de pretexto para acusarle de cargos legales completamente diferentes, el más grave de los cuales era alta traición. A pesar de la falta de fundamentación y de no tener ni pies ni cabeza el motivo de la detención, ahora había «razones» por parte del Estado para mantener a Maslow bajo custodia. Fue eliminado de la política del KPD. Ruth Fischer asumió la dirección del partido.

Fischer impuso la política de bolchevización decretada por Zinóviev y sofocó así en gran medida cualquier formación de iniciativa interna en el partido, de forma análoga al modelo ruso soviético. Junto con sus partidarios Karl Korsch, Werner Scholem, Arthur Rosenberg, Hugo Urbahns y Josef Winternitz tenía el sector decisivo para configurar el KPD, el cual se convirtió a partir de entonces en una herramienta en manos de los poderes de Moscú.

La política de bolchevización recibió su consagración ideológica en el V Congreso de la Comintern, celebrado en Moscú en junio y julio de 1924. Con ella se pretendía afianzar más firmemente a los partidos en las masas para acercarse un paso más a la victoria anticipada de la revolución mundial. El plazo previsto desde la fundación de la Comintern en marzo de 1919 hasta octubre de 1923 había demostrado ser poco realista. Ya en julio de 1921, Trotsky había planteado la cuestión de si estaba justificado “suponer que el lugar de las convulsiones políticas y las luchas de clases lo [podría] ocupar una nueva y duradera época de recuperación y crecimiento del capitalismo. ¿No se desprende de ello la necesidad de revisar el programa o la táctica de la Internacional Comunista?».

El X Congreso del KPD, celebrado en Berlín en julio de 1925, confirmó la línea de Zinoviev, así como la dirección en torno a Ruth Fischer, Werner Scholem y el encarcelado Arkadi Maslow. Sin embargo, el congreso del partido también mostró un fortalecimiento de Ernst Thälmann dentro del estrecho círculo de liderazgo. A diferencia de Fischer, Thälmann no era seguidor de Zinoviev, sino de Stalin, cuya rivalidad con Zinoviev se estaba haciendo patente. Después de que Fischer y Maslow hubieran orientado al KPD hacia las normas «bolcheviques», Stalin quería deshacerse sobre todo de la testaruda Fischer, que a sus ojos no era adecuada para mantener el partido en ese rumbo de manera constante y perdurable debido a su carácter imprevisible.

Lo inestable que se volvió muy pronto la posición de Fischer quedó patente inmediatamente después del congreso del partido en Berlín cuando, en una reunión del Comité Central a principios de agosto, Thälmann y Philipp Dengel cuestionaron la imagen maravillosa de la política del KPD que ella había pintado. Se dijo que el estancamiento político y la tensa situación financiera del partido eran culpa de la dirección.

La dirección del KPD fue convocada al CEIC en Moscú el 11 de agosto de 1925. Allí, Nikolai Bujarin, que en aquel momento estaba aliado con Stalin, objetó contra Fischer que ésta conducía al KPD por un rumbo independiente de Moscú. No había pruebas de ello, ya que precisamente ella había jurado llevar al KPD en la línea del partido ruso, había propagado la política de bolchevización tan ruidosamente como la había impuesto. Pero tanto en Berlín como en Moscú, debía parecer que su estilo de liderazgo se había vuelto incontrolable. Una mujer sola y decidida a la cabeza del partido comunista occidental más importante, rodeada de un fuerte poder interno, en su mayoría intelectuales que probablemente no mirarían con admiración a la Rusia soviética eternamente, era un peligro potencial para Stalin y sus acólitos. Además, el liderazgo autoritario de Fischer había ofendido a muchos aliados anteriores, por lo que fue relativamente rápido organizar mayorías en su contra dentro del partido.

El 1 de septiembre de 1925 se publicó en la prensa del KPD una «carta abierta» del CEIC dirigida a la militancia del KPD. El CEIC acusaba a la dirección del KPD de haber aislado al partido dentro de la clase obrera. Con sorprendente dureza se exigía un cambio de rumbo y nuevas cabezas políticas en la cúpula del partido. La ambivalente relación del grupo de Fischer-Maslow hacia el CEIC había favorecido las tendencias antisoviéticas y el avance de las teorías antileninistas. La dirección no había combatido con suficiente decisión contra la ultraizquierda, «en realidad tendencias anticomunistas». Era incapaz de llevar a cabo un trabajo sindical comunista; la dictadura de una facción había sofocado la crítica interna del partido y había provocado la extinción de la vida del partido; en lugar de ofrecer una posición política de principios, la dirección se había balanceado entre Fischer y Maslow.

El documento fue aceptado casi unánimemente por la delegación del KPD en Moscú. Por tanto, también llevaba la firma de Fischer, que firmó su propio documento de expulsión. Fischer, Scholem y el encarcelado Maslow, que de todos modos no podía hacer nada, tuvieron que renunciar a la dirección del partido. Aunque conservaron sus puestos en el Politburó, Ernst Thälmann se convirtió en el nuevo dirigente del partido. En Moscú se le retiró el pasaporte a Ruth Fischer. Durante su estancia involuntaria en el Hotel Lux, se encontró a Heinrich Brandler, que en aquel momento trabajaba en la Internacional Campesina Roja por orden de Stalin. Ella no pudo regresar a Berlín hasta junio de 1926, y Brandler hasta 1928. Mientras tanto, los molinos del aparato del partido seguían moliendo: En agosto, Ruth Fischer fue expulsada del KPD junto con Arkadi Maslow, excarcelado en junio.

Conclusiones fatales

Las consecuencias del proceso de transformación del KPD, a menudo denominado en la literatura de investigación como «estalinización», fueron enormes. En 1926, la dirección del KPD en torno a Ernst Thälmann expulsó del partido a Karl Korsch mientras que Arthur Rosenberg lo abandonó en 1927, dos de los últimos teóricos independientes antiestalinistas. El nuevo Comité Central fue «forjado» – para utilizar el lenguaje marcial de la época – por Thälmann y sus partidarios en una unidad antinatural. En febrero de 1928, las direcciones del KPD y del PCUS concluyeron en Moscú un acuerdo que inició un recorrido en la lucha ultraizquierdista contra los socialdemócratas, a los que se tachó de «socialfascistas».

Esta alianza pronto «acreditó su valía»: En agosto de 1928, llegaron a la prensa informaciones de que que John Wittorf, amigo íntimo de Thälmann y dirigente del partido comunista en Hamburgo, había malversado fondos del partido. El asunto fue a más y Thälmann fue incapaz de refutar las acusaciones de haber encubierto a Wittorf. Fue destituido como presidente del partido, pero el Comité Ejecutivo de la Comintern, es decir, los partidarios de Stalin ya con el poder en sus manos, le restituyó en su cargo el 6 de octubre.

Ruth Fischer y Arkadi Maslow intentaron reincorporarse al partido, pero no lo consiguieron. En 1928, ambos se organizaron brevemente en la Liga Lenin (Leninbund) antiestalinista, uno de los grupos comunistas que entonces se formaron al margen del KPD. No participaron en la Oposición del KPD (KPDO) fundada por Heinrich Brandler y August Thalheimer a finales de 1928/29. Además de las diferencias políticas, las personales siguieron siendo irreconciliables durante mucho tiempo.

Esto tuvo consecuencias de gran alcance que fueron más allá del KPD: Éste veía al SPD como el partido de los «socialfascistas» y el adversario político más peligroso y más cercano. La dirección del SPD respondió calificándolos de «comunazis». El KPD rechazaba la República burguesa de Weimar y propagaba la quimera de una Alemania soviética que nadie sabía realmente cómo sería. Mientras tanto, el SPD buscaba el acuerdo con los enemigos derechistas de la República casi a cualquier precio, solo para no formar un frente único pragmático con los comunistas, lo que podría haber evitado el aplastamiento de la República.

Esta «lucha fratricida» fatal desarmó al movimiento obrero alemán y lo dejó indefenso en enero de 1933. Aunque la oposición del KPD, al igual que la Liga Lenin y otros pequeños grupos comunistas, reconocieron claramente el peligro del fascismo antes de 1933 y llamaron a un frente unido del KPD y el SPD contra Hitler, eran numéricamente débiles, apenas tenían aparato y disponían de una prensa limitada. Sus esfuerzos fueron en vano.

Mario Keßler es historiador e investigador del Centro de Historia Contemporánea de Potsdam, miembro del comité científico de la Fundación Rosa Luxemburg y ha escrito las biografías de Arthur Rosenberg y Arkadi Maslow entre otros y otras. Su último libro se titula „Leon Trotsky o Socialismo contra antisemitismo”.

Fuente: https://jacobin.de/artikel/weimar-kpd-kommunismus-revolution-thaelmann-fischer-1923

Traducción: Jaume Raventós para sinpermiso.info

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