Cuentos para crecer: Usoa, llegaste por el aire

Usoa, llegaste por el aire

Usoa, llegaste por el aire

Este año, la primavera ha vuelto a traer al cuco. «¡Cucú!».

Y esta mañana, la maestra os ha dicho:

—El cuco, al igual que otras muchas aves, viene de África en primavera.

Entonces, todos te han mirado a ti.

Y la maestra ha continuado:

—Y si al oír su canto por primera vez lleváis alguna moneda encima, ese año no os faltará dinero en casa.

Entonces, todos os habéis llevado las manos a los bolsillos.

Y la maestra también ha dicho:

—El cuco estudió durante siete años en la escuela y, en todo ese tiempo, aprendió sólo a decir cucú.

Entonces, todos habéis bajado la cabeza y habéis mirado los cuadernos y los libros, y luego, a los que andan un poco mal en Matemáticas.

Y la maestra, a continuación, ha dicho:

—El cuco es un pájaro granuja, desvergonzado y aprovechado. En lugar de querer y cuidar a sus crías, pone sus huevos en los nidos de otros pájaros más pequeños: en el del petirrojo, en el del reyezuelo…

»Y estos pajaritos, aunque les sorprenda que su cría sea mayor que ellos mismos, la alimentarán. Y las pasarán canutas para criarlas… Sus picos son demasiado pequeños para saciar un hambre tan enorme. Por todo eso, el cuco es un pájaro granuja, desvergonzado y aprovechado.

Y la maestra ha terminado diciendo:

—Si esta mañana os portáis bien, por la tarde iremos a oír el canto del cuco.

Usoa, llegaste por el aire

Y esta mañana os habéis portado como pocas veces, y no habéis alborotado, y la maestra os ha dicho que esta tarde iréis a oír al cuco. Al terminar las clases, todos os habéis marchado contentos a casa. Pero tú no has dicho nada y te has quedado seria, y nerviosa, y cabizbaja.

La maestra ha sido cruel y ha hablado un poco a la ligera: ¿qué sabrá ella por qué actúa así la mamá cuco? Puede que tenga sus razones.

Por si acaso, después de comer, le has pedido unas monedas a tu madre.

Y por la tarde habéis ido al campo y habéis escuchado su canto: «¡Cucú, cucú!».

Entonces, todos, como si fuerais su eco, le habéis respondido:

—«¡Cucú, cucú!».

Y has vuelto tranquila a casa: este año no os faltará el dinero.

Y has vuelto preocupada: tu madre no es desvergonzada, ni granuja, ni aprovechada. De eso estás segura. Más que segura.

Te llaman Usoa, Paloma, la niña que llegó por el aire. Y puede que por eso te guste tanto mirar al cielo, porque de allí viniste, porque de allí te trajeron.

Pero estás preocupada, y sientes como si miles de hormigas corrieran por tu estómago.

Y el cielo ha visto tu mirada triste.

—Si canta el cuco y llevas dinero, serás rico el año entero —ha dicho la maestra esta tarde.

Pero aunque no oigas al cuco, tú eres rica el año entero. De eso estás segura. Más que segura.

Porque tú, Usoa, no tienes una sola madre.

Usoa, llegaste por el aire Tú tienes dos madres: la de allí y la de aquí.

Y la de allí no es desvergonzada, ni granuja, ni aprovechada.

A tu madre adoptiva la llamas la madre de aquí. Suena mejor. Y la quieres mucho, y no es como las madrastras de los cuentos, malvada y despiadada.

Pero también la de allí, la de África, es muy buena y la quieres muchísimo.

No es como el cuco. O puede que sí. Pero seguro que tenía sus razones para hacer lo que hizo…

Te envió desde África porque allí había hambre, y guerra, y porque por el hambre y por las balas, moría mucha gente. Es posible que a estas alturas incluso tu madre y tu familia hayan desaparecido.

Te llaman Usoa porque llegaste por el aire. A lo mejor por eso te gusta tanto mirar al cielo. Y tienes una carta de tu madre de allí. Y eso sí que te hace sentirte rica.

Cuando te trajeron a tu nueva casa, esa carta era todo tu equipaje, tu único equipaje.

Y leerla te gusta tanto como mirar al cielo.

Hace muchos años, en una hambruna, el abuelo de mi abuelo se vio obligado a matar un elefante. Gracias a su carne, nadie de nuestra familiase murió de hambre.

Y siempre hemos guardado sus dos colmillos de marfil como un tesoro.

Al cabo de muchos años, enfermó la abuela y tuvimos que vender un colmillo para pagar al hechicero y los gastos del hospital. Ahora me he visto obligada a vender el segundo porque en nuestro país el hambre y la guerra han estallado.

Así pues, con mi hija pequeña y el colmillo a hombros, me he dirigido a la ciudad. Lo he vendido antes de que bombardearan el aeropuerto y rápidamente he sacado un billete de avión, y ni siquiera sé para dónde.

Usoa, llegaste por el aire

He pedido un billete para un país donde haya comida y paz.

A mi pequeña le he dicho que allí la esperará su tío. No es verdad, pero ella se ha alegrado y yo estoy segura de que alguien la recogerá y la cuidará.

Su nombre es Kasai y la quiero más que a las niñas de mis ojos. ¡Les pido que cuiden de Kasai!

Y tú eres Kasai, pero todos te llaman Usoa, la niña que llegó por el aire. Hace dos años que un avión enorme te trajo desde África, completamente sola, con la carta de tu madre como único equipaje.

Y también esta vez, como siempre que la lees, estás llorando, y no puedes ver el cielo, pero el cielo ve tu mirada húmeda.

Estás tranquila: en el aeropuerto no encontraste a tu tío, pero el piloto de aquel avión, encandilado contigo, te trajo a esta casa, y él es tu padre de aquí. Tu madre de aquí también es muy buena y ahora mismo te está llamando para cenar. Además sabes que este año no faltará el dinero en vuestra casa.

Pero estás nerviosa: tu madre de allí no es como el cuco. O puede que sí. Pero seguro que tenía sus razones para hacer lo que hizo… Y eso es lo que le preguntarás mañana a la maestra: ¿quién sabe por qué actúa así la mamá cuco? A lo mejor tiene sus razones.

Y mañana, Usoa, niña que llegaste por el aire, te tranquilizarás del todo.

Patxi Zubizarreta
Usoa, llegaste por el aire
Zaragoza, Edelvives, 2008

El Proyecto CUENTOS PARA CRECER consiste en la publicación de relatos destinados en especial a niños y adolescentes, así como a todos los que encuentran placer en la lectura.

Debido al tipo de historias ofrecidas, este proyecto permite reflexionar sobre una serie de valores considerados esenciales para el desarrollo del carácter, como la tolerancia, la solidaridad, el espíritu de diálogo y la honradez, proporcionando además un valioso instrumento de aprendizaje.

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