Estados Unidos continúa sin aprender las lecciones que dejó la tragedia
Amy Goodman y Denis Moynihan
Un ejemplo de ello es la arremetida del mandatario estadounidense contra la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés). En una declaración publicada en mayo por la Casa Blanca, la FEMA fue incluida junto a otras agencias federales en una lista de organismos públicos que, según el comunicado, simbolizan “la instrumentalización política corrupta del Gobierno federal”. Entre las agencias señaladas figuran la Agencia de Protección Ambiental, el Servicio de Impuestos Internos y los Institutos Nacionales de Salud. El documento acusa a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias de ser “derrochadora y ‘woke’” y de implicarse en “capacitaciones oficiales orientadas a adoctrinar sobre la ‘interseccionalidad’ y la ‘inversión en los esfuerzos de diversidad e inclusión’ por encima de la prevención y respuesta a desastres, lo que culminó –según indica el documento– con la instrucción de que los equipos de ayuda no acudieran a las viviendas de los partidarios del presidente Trump tras un desastre”.
Como ocurre con la mayoría de los pronunciamientos de Trump, estas acusaciones se presentaron sin ninguna prueba.
Según el presidente estadounidense, la mayor parte de las funciones de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias deberían ser delegadas a los estados. Por supuesto, los huracanes y otras catástrofes naturales no reconocen fronteras estatales y ningún estado del país podría responder por sí solo a un desastre de la magnitud del huracán Katrina. La respuesta a un fenómeno natural de ese tipo requiere una acción colectiva, que movilice recursos de todo el país para salvar vidas en la región afectada, recuperar los cuerpos de las personas fallecidas y reconstruir la infraestructura dañada.
Un indicio del desprecio de Trump por la FEMA fue el nombramiento de David Richardson —un ex infante de Marina sin experiencia en recuperación de desastres— como director interino de la agencia. Según trascendió, al incorporarse a la FEMA, Richardson asombró al personal al admitir que no sabía que Estados Unidos tiene una temporada de huracanes.
Recientemente, un grupo de empleados y exempleados de la FEMA hizo pública una carta, titulada “Declaración del Katrina”, que fue enviada al consejo de revisión de la agencia, creado por Trump, así como al Congreso de Estados Unidos.
La carta comienza así: “Desde enero de 2025, la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias ha estado bajo el liderazgo de personas que no cumplen con los requisitos legales, no cuentan con la aprobación del Senado y no poseen los antecedentes requeridos para estar al frente de la agencia. Las decisiones tomadas [por David Richardson y la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem] obstaculizan la rápida ejecución de nuestra misión y desestiman a personal experimentado cuyo conocimiento institucional y sus relaciones profesionales son vitales para garantizar una gestión eficaz de las emergencias”.
Cerca de 200 empleados y exempleados de la FEMA firmaron la carta. La mayoría de los empleados actuales la suscribieron de forma anónima para evitar represalias. Al menos 21 personas que firmaron con sus nombres han sido puestas en licencia administrativa.
Jeremy Edwards, portavoz de la FEMA durante la presidencia de Biden, explicó a Democracy Now! los motivos por los cuales suscribió la declaración:
“Por desgracia, yo calificaría esta carta al Congreso como un grito de auxilio. Este Gobierno ha causado graves daños a la agencia. Han despedido a un tercio del personal estable. Han recortado los cursos de capacitación. Han colocado al frente de la agencia a una persona que no tiene experiencia”.
Edwards también criticó la decisión del Gobierno estadounidense de desviar personal y fondos de la FEMA para apoyar la campaña de deportaciones masivas impulsada por Trump:
“La misión de la FEMA es muy clara: ayudar a la gente antes, durante y después de un desastre. Cada dólar que no se invierta en esa tarea de asistencia es un incumplimiento con el pueblo estadounidense. Ese dinero no debería destinarse a la construcción de centros de detención de inmigrantes. No deberían enviar personal de la FEMA, como lo están haciendo, para ayudar a incorporar nuevos agentes al Servicio de Inmigración”.
Con su desprecio hacia la investigación científica sobre el clima, el desmantelamiento de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias y la militarización de ciudades estadounidenses con infantes de marina y efectivos de la Guardia Nacional, parece claro que quienes dirigen la Casa Blanca han optado por hacer caso omiso de las devastadoras enseñanzas que dejó el huracán Katrina.
Una persona que sí aprendió duras lecciones en ese entonces es Malik Rahim, un residente de larga data del barrio Argel de Nueva Orleans y cofundador de la filial en Nueva Orleans de Los Panteras Negras. Inmediatamente después del paso del Katrina por la ciudad, Rahim lideró una organización comunitaria de ayuda mutua denominada Common Ground Relief.
Democracy Now! conversó hace poco con Rahim en el Centro de Convenciones de Nueva Orleans, un lugar que funcionó como refugio de último recurso para unos 30.000 residentes desesperados durante la catástrofe del Katrina. Cuando se le preguntó al director de la FEMA de aquel entonces, Michael Brown, sobre las personas que quedaron varadas allí, dio la tristemente célebre respuesta de que desconocía las penosas condiciones que imperaban en el lugar.
Quienes están actualmente socavando la capacidad de la agencia para cumplir con su función deberían prestar atención a las sabias palabras de Malik Rahim, en momentos en que Estados Unidos se adentra en otra temporada de huracanes:
“Lo triste de todo esto es que hoy podría volver a suceder. Es como un ‘déjà vu’, porque si nos golpeara un huracán en este momento, nos encontraría tan mal preparados para afrontarlo como lo estábamos hace 20 años”.
© 2025 Amy Goodman
Traducción al español de la columna original en inglés. Edición: Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org