Luis Paulino Vargas Solís


Todo se ha reducido a sentarse a ver pasar los días, aferrándose a la ilusión de que las cosas, dejadas a su propia inercia, transcurrirían bien y que eso, más una dosis incrementada de propaganda tóxica y mentirosa, les permitiría gozar de buenos índices de popularidad.
Debo admitir que la apuesta, en principio, no les salió mal. Pero todo indica que, a estas alturas, el arroz se empieza a descomponer.
Veamos.
Chaves inició su gobierno montado en la parte más alta de una ola que había iniciado a inicios de 2021 y que se extendió a lo largo de 2022: la de un fuerte incremento de los flujos de inversión extranjera directa recibidos, la mayor parte de los cuales, con mucha diferencia, se dirigían hacia zonas francas.
Eso puso las bases para que, en ese momento y en los años siguientes, las exportaciones de zona franca crecieran espectacularmente.
Sin embargo, en los años posteriores a 2022 las entradas de esas inversiones directas se ralentizaron significativamente.
Pero, note usted lo siguiente: el empujón ascendente empezó en el gobierno de Alvarado. No era en modo alguno atribuible a Chaves.
Pero tampoco era atribuible a Alvarado.
Lo que Costa Rica vivió fue el efecto indirecto de los procesos de reestructuración que reacomodaron la economía mundial en el período post-pandemia. Fue una especie de síndrome postraumático que indujo a muchas grandes corporaciones a redefinir sus lugares de emplazamiento, optando por un abandono parcial de Asia en busca de localizaciones más cercanas a Estados Unidos.
Tal fue el caso de Costa Rica, que, por entonces, mantenía incólume su prestigio de país democrático, estable y pacífico. Bien sabemos que, tras 52 meses de chavesato, esa imagen ha quedado gravemente percudida.
Pero hay otros detalles importantes: en distintos momentos, a lo largo de estos años, otros rubros de las entradas de capitales, distintos de los de inversión extranjera directa, tuvieron saltos muy significativos.
El rubro de “otra inversión” –que nadie sabe exactamente qué es– alcanzó picos muy elevados a fines de 2022 y, nuevamente, a fines de 2025.
La parte de “inversión de cartera”, que es un componente volátil y especulativo, ha alcanzado cimas muy elevadas a fines del año pasado e inicios del presente 2026.
Todo esto, en su conjunto, explica el bajón del dólar cosa que, a su vez, explica que la inflación caiga en números negativos.
Pero eso es, también, una de las causas profundas detrás de la nula capacidad de creación de empleos de la economía costarricense. Baste decir que en los 47 meses transcurridos entre septiembre de 2022 y julio de 2026, en términos netos la economía costarricense ha creado ¡CERO EMPLEOS!
O sea: NULA creación de empleos.
De ahí la engañosa baja del desempleo. Esta no surge gracias a la creación de empleos, sino exclusivamente porque miles y miles de personas –sobre todo mujeres– abandonan los mercados laborales.
Pero es que el propio comportamiento de las entradas de capitales debiera encender las alarmas.
Hagamos a un lado la compra, inicios de este año, de la Florida Ice & Farm por la transnacional Heinieken. Aparte de ser un hecho excepcional, ahí no se crea nada nuevo puesto que simplemente es la adquisición de un conglomerado empresarial preexistente.
Una vez limpiado ese dato, constatamos que las entradas de inversión extranjera directa están prácticamente estancadas. Apenas crecen e, incluso, arriesgan decrecer.
Nos quedan los componentes inestables y volátiles: inversión de cartera y “otra inversión”.
Y todo esto sobre el telón de fondo de un contexto mundial sumamente revuelto, confuso y problemático.
¿Cómo es que el gobierno no percibe los graves riesgos que todo esto comporta?
– Economista jubilado
Cambio Político Opinión y análisis


