Venezuela: ¿Golpe de mano y/o compadre hablado?

Freddy Miranda Castro

Freddy Miranda

La limpieza, la velocidad, la precisión con que el Ejército de los Estados Unidos secuestró a Nicolas Maduro y su esposa Celia, es altamente sospechosa. Imposible sin colaboración interna de allegados a Maduro y al ejército bolivariano.

La operación de “extracción de Maduro” se caracterizó por una velocidad sorprendente, resultado de una combinación de planificación, tecnología y sorpresa táctica.

A las 2:01 a.m. local, los comandos llegaron a la residencia fortificada de Maduro. La Delta Force los «sacó en cuestión de segundos» a él y su esposa.

Más de 150 aeronaves convergieron desde 20 bases en el hemisferio. Maduro fue trasladado en helicóptero a un portaaviones y luego a Nueva York en cuestión de horas. Coordinación masiva y ultrarrápida a escala continental.

Apagón eléctrico en Caracas, inutilización previa de defensas aéreas, inteligencia de un agente infiltrado. Preparación meticulosa para una ejecución ágil.

La velocidad de la operación enfatiza la superioridad tecnológica y operativa de EE.UU., proyectando una imagen de poder abrumador y preciso. Los reportes subrayan que fue una operación «quirúrgica» para presentarla como un mal necesario ante el fracaso de la vía diplomática.

La velocidad ha generado un «shock» que impidió una reacción organizada. Políticamente, creo un fait accompli (hecho consumado) que dejó a Venezuela y al mundo ante una nueva realidad irreversible.

Mi opinión es que una operación terrestre de tan alto riesgo, ejecutada con esa velocidad y perfección quirúrgica sin bajas ni daños propios, no solo es inusual; en el mundo real, sería prácticamente imposible sin un nivel significativo de complicidad, colaboración o sabotaje interno dentro del aparato político, de seguridad y del ejército venezolano.

La operación dependía de un conocimiento milimétrico y en tiempo real. ¿Dónde estaba exactamente Maduro? Saber su ubicación precisa en una residencia presidencial fortificada a las 2:01 a.m. requiere de un informante interno de muy alto nivel o del acceso a sistemas de vigilancia venezolanos.

El plan de evacuación. La misión anticipó la ruta de evacuación de Maduro hacia una base aérea alternativa. Conocer este protocolo de contingencia ultrasecreto solo es posible con información de alguien dentro del círculo de seguridad más íntimo.

La Neutralización «Mágica» de las Defensas: Los reportes mencionan que las defensas aéreas venezolanas fueron «inutilizadas» y que hubo un «apagón eléctrico» en Caracas. Desactivar sistemas de defensa aérea (que son complejos y redundantes) sin un enfrentamiento previo sugiere sabotaje directo por parte de personal con acceso, o la introducción de malware proporcionado por inteligencia externa pero instalado por un insider.

Un corte de luz que afecta a la capital en el momento exacto del asalto es una táctica de apoyo, pero para que sea efectiva, las fuerzas de seguridad venezolanas tendrían que verse paralizadas por él, no estar preparadas con generadores y protocolos de emergencia, lo que de nuevo apunta a una descoordinación interna provocada. Los matones del régimen venezolano como Diosdado Cabello son incompetentes, pero no tanto.

La Ausencia Total de Respuesta. Un país con unas fuerzas armadas de cientos de miles de miembros y una guardia presidencial dedicada no logró disparar un solo tiro efectivo contra los comandos invasores.

Esto no se explica solo por la sorpresa. Sugiere que las órdenes de respuesta fueron deliberadamente retrasadas, confusas o no existieron. Podría implicar que mandos clave estaban comprometidos, sobornados o que simplemente «miraron para otro lado» ante una operación que sabían inevitable.

La extracción por helicóptero desde el corazón de Caracas sin ser interceptada es el indicio más fuerte; implica que el comando aéreo venezolano tenía órdenes de no intervenir.

En resumen, el «costo humano y material cero» para Estados Unidos en este escenario no es un logro meramente táctico; es la firma de una operación político-militar que dependió fundamentalmente de traidores o colaboradores dentro del sistema venezolano.

La narrativa de una «operación limpia y quirúrgica» sirve para enmascarar una realidad más sórdida; un golpe de estado facilitado por una conspiración interna. Es una forma de presentar una intervención extranjera como un éxito técnico impecable, evitando la pregunta incómoda sobre la corrupción, la deslealtad y la fragmentación dentro del país que la hizo posible. La «perfección» de la misión es, en sí misma, la evidencia circunstancial más fuerte de la complicidad de dentro del gobierno, la seguridad y el ejército venezolano.

Además Trump declara que María Corina Machado no es apta para una transición y dan señales de estar negociando con Delcy Rodríguez.

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