Línea Internacional
Guadi Calvo

Donald Trump ya ha dejado de ser presidente de los Estados Unidos o un empresario megamillonario o un mediocre jugador de golf o un apasionado consumidor de sexo pago, para convertirse en la fábrica de rumores ciertos o mentirosos más fenomenal que cualquiera hubiera podido soñar.
De facto, autoproclamado el orweliano Gran Hermano, dispone de las almas, voluntades y bienes de, por ahora, solo de todos los países de Occidente, convertidos en sus súbditos por amor, conveniencia o terror.
Muchos analistas bien pensantes creen estar descubriendo ahora que, gracias a él, llegó el fin del Derecho Internacional, tras la famosa extracción, secuestro o captura del presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro, como si los Estados Unidos, por primera vez desde su existencia, hayan abanicado sus partes con cuantas leyes, normas, estatutos y códigos que rijan el orden internacional. Siendo la lista de esas faltas tan extensa, obvia y humillante, que aburre e indigna en partes iguales. Se estima que han sido unas setenta naciones las naciones víctimas de sus aprestos imperiales. La enorme mayoría de ellas, ubicadas en América Latina, África o Asia.
Por lo que ahora no deja de ser una novedad que este Trump 2.0 amenace con convertir a Canadá en un nuevo Estado de la Unión, por el simple hecho de tenerla a tiro de frontera, mientras anuncia que la hierática Groenlandia será abducida, por estrictas razones de seguridad nacional.
Aunque lo que parece un chiste ha hecho entrar en pánico a la OTAN, por lo que de ocupar la isla que pertenece a Dinamarca, y este país, al ser miembro, la OTAN. La Organización del Atlántico Norte tendría que marchar a la guerra contra su principal socio, los Estados Unidos. Un fantasma recorre Europa: el realismo mágico.
Algunos de los pocos analistas que no han caído víctimas de este pan de la locura sospechan que las amenazas que se ciernen sobre las regiones del extremo norte americano enmascaran un inminente ataque a Irán, sometido desde hace algunos días a una intensa campaña de protestas made in CIA o Mossad, tanto monta, monta tanto… centradas particularmente en el interior del país. Por lo que el extemporáneo reconocimiento diplomático de Israel a Somalilandia no estaría muy despegado de todo esto. (Ver: Somalilandia o la culpa del chancho).
Volviendo a nuestro estrafalario objeto de análisis, después de haber amenazado a Cuba, Nicaragua, México y Colombia con reiterar la “Operación Resolución Inmediata” con la que se cargaron al sucesor de Chávez, Donald Trump anunció que, después de una conversación telefónica con el presidente colombiano Gustavo Petro, se realizaría en algunos días un encuentro entre ambos en Washington. El anuncio ha generado una pregunta: ¿Volverá Petro a Colombia, siendo su presidente o al menos vivo? Una vez en las fauces de Trump, todo es posible.
Estos son los niveles de desconfianza que despierta el infantilismo de Trump, que han llevado a la reciente Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, que hasta hace unos días era la gran favorita para entrar victoriosa al Palacio de Miraflores, cayó en desgracia, tras ser públicamente orinada por Trump; le ha ofrecido compartir su premio. Porque al parecer el ajusticiamiento sufrido por Donald Trump por parte del Comité Noruego del premio haya sido la razón del corrimiento de la buena María Corina. Según fuentes sin confirmar, también los cinco miembros del Comité estarían próximos a ser extraídos de sus hogares por comandos del Grupo Delta, para ser juzgados junto a Maduro por actividades antinorteamericanas.
Mientras todo esto ha sucedido a mucha mayor velocidad que la luz, el mundo se desayuna con que Delcy Rodríguez, uno de los cuadros mejor preparados de la Revolución Bolivariana, tras haber pactado con Trump y ser nombrada como nueva virreina del país caribeño, entre otras cuestiones, se ha comprometido a acatar las nuevas disposiciones, como las de aceptar que las petroleras norteamericanas se hagan del crudo de su país, lo que significa la mayor reserva a nivel mundial. Debiendo además correr con los gastos de la invasión, en torno, por ahora, a unos dos mil millones de dólares. Al tiempo que, como parte de los arreglos, Caracas se ha comprometido a abastecerse solo de productos norteamericanos, desde alimentos, medicamentos e insumos para la industria petrolera, además de un largo etcétera.
Por lo que no cabe duda de que la otrora vicepresidente de Maduro, a pesar de haber sido una muchacha bastante mal vista por Chávez Frías, ha caído seducida por aquel legendario apotegma de “la bolsa o la vida”, mientras los dos alfiles de la virreina, el general Diosdado Cabello, el hombre fuerte del gobierno de Maduro, ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, y el general Vladimir Padrino López, ministro de Defensa, parece al menos con sus discursos antiimperialistas no haberse alineado con la camarada Delcy. De quien existen fuertes sospechas de haber sido quien posibilitó la captura de Maduro y el asesinato de su escolta, entre ellos treinta y dos agentes cubanos.
Todos somos Gaza
Con este nuevo ordenamiento internacional, cada país, cada ciudad, cada barrio no está exento de convertirse en una nueva Gaza, si por ello se entiende que cualquiera asociado a Washington pueda bombardear a su antojo a quien considere territorio hostil, a su manera de entender el mundo.
De instalarse de manera definitiva el sistema que intenta consagrar Trump, si es que antes los archivos de su amigo, Jeffrey Epstein, que rebosan de información acerca de los gustos etarios de Trump a la hora de los juegos sexuales, no son extraídos de la Casablanca o el establishment norteamericano considera que ha llegado demasiado lejos, con tanta bravata, PENSAR se convertirá en algo mucho más peligroso de lo que ha sido históricamente.
Amenazada la posibilidad de cualquier postura que no se le alinee con la entereza que lo hace el preferido de sus efebos, Javier Milei, está a tiro de ser intervenido, secuestrado y enjuiciado por narcotráfico, narcoterrorismo o actividades antinorteamericanas, por lo que de hecho el sistema democrático en Occidente acaba de ser detonado.
Aunque más allá de lo peligroso de lo descrito, lo verdaderamente cierto es que el mundo se podría estar aproximando a un conflicto mucho más grave si continúan acciones de parte de los Estados Unidos, como la que sucedió el pasado día siete, cuando bajo la consigna de reafirmar militarmente su “esfera de influencia”, implantar en el mar lo que ya ha hecho en el patio trasero, arriesgándose al estallido de una guerra con Rusia.
Estados Unidos acaba de abordar e incautar el petrolero de bandera rusa Marinera, antes conocido como Bella I, mientras navegaba en aguas del Atlántico.
La nave estaba bajo observación por estar sospechada de haber estado vinculada a ciertas operaciones con el grupo libanés Hezbollah.
El Bella I, con bandera de Guayana, había hecho la derrota desde Irán a Venezuela, intentando romper el bloqueo estadounidense. Por lo que, tras su fracaso, no solo cambió su nombre y consiguió el permiso temporal para navegar bajo bandera rusa, sino que también intentó retornar a su lugar de origen. Tras su captura, la cancillería rusa exigió que sus ciudadanos a bordo recibieran un trato humano y sean repatriados.
El incidente muestra claramente la indiferencia de los Estados Unidos a la posibilidad del estallido de una conflagración con Moscú. Ya que, más allá de las circunstancias particulares del Marinera, incluso para los manejos estadounidenses, incautar una nave con bandera rusa, más cuando los medios occidentales dieron a conocer que Rusia había enviado naves de guerra y un submarino para escoltarlo, no deja de ser un desafiar a la autoridad del presidente Vladímir Putin, que estas cosas nunca las ha dejado pasar.
Por el momento, sin hacer más comentario, Rusia contempla muy atenta los nuevos planes norteamericanos por restaurar su hegemonía sobre el continente americano. Mientras que Chuna espera que se reanude el abastecimiento del petróleo que recibía desde Venezuela, aunque su pragmatismo no le interesa en verdad quién lo remita, mientras lo pactado se cumpla.
Muchos creen que un supra acuerdo entre Moscú, Beijing y Washington permite a cada uno resolver sus cuitas fronterizas. Trump con América Latina, Putin con Ucrania y Xi Jinping con Taiwán, lo que solamente podrá confirmar o no el tiempo, mientras que, por estos lares, América Latina y Europa, la especie ya ha sido violentamente constatada, por lo que a partir de ahora para todos rige la bolsa o la vida o el todos somos Gaza, que es lo mismo.
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