Luis Guillermo Solís Rivera
Alguien podría suponer que “el más fuerte” son los Estados Unidos de Donald Trump. En un sentido global inmediato, es posible que así sea. Pero el asunto no para aludiendo solo a las incandescentes declaraciones del mandatario estadounidense. En primer lugar, existen “otros” fuertes y muy fuertes en todo el mundo o en regiones del mundo, con lo cual la hegemonía de los EEUU no es absoluta. ¿Qué duda cabe que China es una potencia emergente y poderosa, cuyo liderazgo no puede detenerse intentando tapar el sol con un dedo? La decisión de Washington de señalar a China como el principal adversario en su Estrategia de Seguridad Nacional, ratifica el predominio chino en ámbitos estratégicos que van mucho más allá de lo estrictamente militar. Pero no es solo China. Tal y como se ha visto tras la invasión de Ucrania, en los acontecimientos en Irán, Gaza, Siria, Venezuela, Afganistán y ahora también Groenlandia, cuando de potencias regionales se trata, los EEUU no pueden hacer caso omiso de esos polos de poder alternativos, sean estos presuntos aliados como la Unión Europea, Arabia Saudita e Israel, renuentes actores como los BRICS, fuerzas irreconciliables como los talibanes, ISIS o los ayatolás, o subpotencias que mantienen sus aspiraciones expansionistas sobre los que consideran sus históricas áreas de influencia como Turquía, Paquistán, la India, o Corea del Norte, las tres últimas poseedoras, dicho sea de paso, de armas nucleares. Todos ellos, condicionados demás por un exacerbado nacionalismo que recuerda los peores momentos del siglo XIX.
Se argumentará que ninguno de esos países o conjuntos de países, podría soportar una arremetida militar o arancelaria de los EEUU, lo cual es cierto en este momento y solo de manera parcial. Pero como la Historia no se detiene ni sus procesos son unidireccionales, lo que hoy pareciera inmutable hoy, podría no serlo tanto mañana debido a factores que ya están dominando las economías y las finanzas mundiales tanto como el desarrollo tecnológico, los equilibrios de poder internos, la fragmentación social y el clima general de desconcierto ante un futuro en donde realidades como los fenómenos climáticos extremos ponen en cuestión la misma supervivencia de nuestra especie. Porque además, el mundo sin reglas es el resultado de un deliberado desprecio de las instituciones normativas multilaterales, cuya crisis se ha acelerado y hoy son meras sombras ante el desafío de Estados que ya han decidido prescindir de ellas, sustituyéndolas por la reivindicación de sus propios intereses geopolíticos como baremo de toda “lógica” de acción internacional.
Para Costa Rica este nuevo contexto no es auspicioso. Tampoco garantiza seguridad, previsibilidad ni estabilidad, condiciones de las cuales nos beneficiamos desde la década de 1950. Y trae a cuenta, nunca mejor dicho, el refrán guanacasteco sobre la época seca, cuando “el que tiene más galillo, traga más pinol”.
– Expresidente de la República
Originalmente publicado en Diario Extra
Cambio Político Opinión, análisis y noticias
