Línea Internacional
Guadi Calvo
Ya nadie puede sorprenderse por el impresionante talento de Donald Trump para verter exabruptos cada vez que abre la boca. Sin duda es el mejor. Ya ha superado por mucho al ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi, que su magnífico “culona inchiavabile”, refiriéndose al atractivo sexual de la canciller alemana Angela Merkel, construcción poética con la que no solo se ponía por sobre las figuras de Dante, Petrarca y Boccaccio, sino que establecía una marca en la diplomacia internacional que nadie superó hasta la llegada de Trump.
Lo grave no son las groserías, rebosantes de amenazas, sino que quien las expulsa tiene poder de verdad y mucho. No vamos a decir aquí que con esto pone al mundo cabeza abajo, porque en verdad desde hace tiempo había elegido el mundo esa incómoda posición.
Aunque sí, solo en el año que lleva su segundo mandato, Trump ha convulsionado al extremo las relaciones internacionales, dándole la extremaunción al derecho internacional, herido de muerte en Gaza y hostigando a todos con su poder comercial y militar. Por lo que, entre el incremento de los aranceles de importación, además de ordenar quién puede comprar y a quién, o prometer invasiones y anexiones, no deja de producir titulares para todos los medios del mundo.
Aunque parezca todo lo contrario, no tiene un pelo de su azafranada melena de estúpido, por lo que, respecto a las amenazas contra Irán, allí han quedado, por ahora. Lo mismo con los reclamos a India por la compra de petróleo ruso y sus cada vez más intensas relaciones, ya no solo en el marco de los BRICS+, los que sin duda se han convertido en la gran pesadilla, gracias a la reanudada alianza de Moscú y Beijing, que esta vez han aprendido que la única manera de enfrentar a los Estados Unidos en cualquier campo es aliados.
El presidente Trump todavía tiene trabajo por hacer, ya que su amigo el emir de Hayat Tahrir al-Sham (HTS), Mohamed al-Jolani, presidente de Siria desde diciembre de 2024, parece estar desacomodándole Medio Oriente. Con las matanzas realizadas por sus sicarios contra las minorías religiosas alauitas, chiíes, cristianos (igual que los de Nigeria) y drusos, y que ahora también amenazan con emprenderlas con los kurdos. En este contexto, a al-Jolani se le acaban de perder varias decenas de prisioneros del Daesh de la cárcel de Shaddadi, uno de los tres centros carcelarios de la provincia de Hasaka, epicentros de los ataques de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), después del fracaso de las negociaciones con las milicias kurdas. Para los kurdos, los terroristas escapados serían unos mil quinientos, lo que, más allá de las diferencias de números, los viejos camaradas de al-Jolani, podría establecer un nuevo frente en Siria o en Irak.
Trump también tendrá quien apretarle las tuercas a otro de sus muchachos, el humorista y presidente de Ucrania Volodímir Zelenski, todavía renuente a reconocer que ha perdido la guerra y aceptar el prix d’ami que le está haciendo el presidente Putin.
A este ya largo año de fracasos se le debe agregar un dato nada menor: la derrota en veinte de veintiuna elecciones que se celebraron durante 2025, un circuito que se coronó con la victoria de Zohran Mamdani, alcalde desde primero de año de la ciudad de Nueva York, y quien, más allá de no poder candidatearse a las presidenciales por ser extranjero (Uganda 1991), parece estar destinado a convertirse en la némesis del trumpismo: joven, extranjero, musulmán y socialista, podrá sin duda articular el voto anti-Trump para las elecciones de medio término del próximo noviembre, lo que sin duda aproxima al presidente a un nuevo impeachment (juicio político); tuvo dos en su primer periodo. Por lo que, de no suceder algún fenómeno extraño como el del trece de julio del 2024, en Butler, Pensilvania, cuando Thomas Crooks, con el disparo de su rifle semiautomático AR-15, desde ciento veinte metros, estuvo a milímetros de cerrarle la bocaza de Trump para el resto de la eternidad.
Mientras que incontenible marejada de protestas y reacciones en diferentes Estados ha empezado a anegar las escarlatinas de la Casa Blanca. Cada día el fastidio se incrementa y el número de ciudadanos norteamericanos que, amparándose en la Segunda Enmienda de la Constitución norteamericana, se arman para resistir la única respuesta que Trump ha sabido dar: mayor represión vía el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos (ICE), que operan como una fuerza de ocupación. Como antes solo se reservaban para hacer ocupar países tan remotos como Santo Domingo o Panamá y recientemente en Venezuela, que, con solo sacar al inoperante de Nicolás Maduro, alineó a su gusto toda la “legendaria revolución bolivariana”.
La última hazaña del ICE después de asesinar a sangre fría a Renee Nicole Good fue la captura del peligroso maleante ecuatoriano, Liam Alexander Conejo Arias, de cinco años, cuando volvía del colegio.
Aunque ya se ha desdicho, durante una semana mantuvo en vilo a Europa con la amenaza de ocupar Groenlandia, lo que obligó a la OTAN a enviar tropas a la isla, como si tuvieran alguna oportunidad real de resistir a una invasión norteamericana, si llegara el caso. A pesar de ello, la OTAN creó la “Operación Resistencia Ártica”, de la que participan Francia, Alemania, Noruega y Suecia, liderada por Dinamarca.
Trump ha llevado la distopía a territorios jamás pisados. La idea de que vieja Europa tuviera al mismo tiempo una guerra con los Estados Unidos en el oeste, al mismo tiempo que tenga otra en el este con Rusia, lo que convertiría la novela Sumisión, de Michel Houellebecq, en una fábula infantil.
La verdad sea dicha, o más o menos
En ese mundo atribulado, entre la inseguridad que le genera saber que la más mínima filtración de los archivos del pederasta Jeffrey Epstein podría dejarlo en la misma posición por la que se ahorcó su amigo de juergas con menores y otras delicatesen, cuando disfrutaba el tercer año de su primera presidencia. Trump se ve obligado a exacerbar su egolatría, llevándolo a reclamar ocho premios Nobel de la Paz, quitarle el suyo a la triste Machado, exigir la anexión de Canadá y de Groenlandia, desfinanciar sesenta y seis organizaciones internacionales, una treintena de ellas que pertenecen a las Naciones Unidas, que “ya no sirven a los intereses estadounidenses”.
Lo que lo llevó a intentar crear el “Consejo de Paz”, un organismo que Trump considera clave dentro de su estrategia de seguridad nacional y diplomacia internacional. Cuya membresía, para los países invitados a participar (Arabia Saudita, Qatar, Turquía, Egipto, Israel, entre otros), sale mil millones de dólares.
Todas medidas desesperadas, parches a parches, fuera de cualquier plan previo y lógica, pensadas más con el recto que con la cabeza. Y que hoy están de estricta actualidad; en un par de días pueden irse por el váter, sin que nadie las despida.
Trump, luego de publicar comunicaciones privadas con Emmanuel Macron y del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, la ha emprendido con la actitud de los aliados de los Estados Unidos en su larga guerra en Afganistán.
El presidente norteamericano acaba de afirmar en un medio periodístico estadounidense que las tropas de la OTAN se mantuvieron alejadas de la línea del frente en Afganistán. Y que, de convocadas nuevamente, sabe que harían lo mismo, por lo que no cuenta con ellas.
Otra vez, sus comentarios generaron controversia y la condena de políticos y veteranos británicos, refiriéndose con esto a que Trump: “Profanó la memoria de cientos de soldados británicos que hicieron el máximo sacrificio en Afganistán”. Un integrante de las Cámaras dijo: “Si fuera un hombre de honor, se arrodillaría para pedir perdón a las familias de los caídos”. Una exigencia casi grandiosa para alguien que se puede arrodillar por recoger un penique, antes que por un honor del que ha carecido siempre.
El Reino Unido perdió unos 457 hombres en la guerra contra los talibanes de un total de tres mil quinientos que murieron de la OTAN a lo largo de los veinte años de guerra, de los cuales dos mil quinientos fueron estadounidenses. Mientras que en ese tiempo los afganos asesinados se calculan en casi un millón.
Trump en la entrevista continúa con comentarios como: “Nunca los hemos necesitado. Dirán que enviaron tropas a Afganistán… y lo hicieron, pero se mantuvieron un poco apartados, un poco apartados del frente”.
Trump bien sabe lo que significa estar apartado del frente, ya que durante la guerra de Vietnam consiguió evitar ser reclutado en cinco oportunidades, gracias a que le habían detectado espolones óseos en los talones. Un diagnóstico tan dudoso como cada verdad que regurgita.
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