Trump, la guerra de un hombre solo

Línea Internacional

Guadi Calvo

Trump

En esta guerra, la verdad se ha convertido en la bola del juego de los tres cubiletes, en el que el trilero es nada menos que Donald Trump, pero lo peor no es eso; lo verdaderamente malo es que él mismo no tiene idea de dónde está esa bola.

Como quien tira mandobles contra un enemigo invisible en un cuarto obscuro, la foca gangosa de Mar-a-Lago acaba de descubrir que el estrecho de Ormuz existe y que su cierre no solo estrangula la economía mundial, sino también a su propio gobierno. El que, de no mediar una pirueta inesperada o un cisne negro, si llega a las elecciones de medio término en noviembre, su destino es indubitablemente la destitución, la renuncia por razones de vaya a saber qué, intentando evitar que todo el sistema, que podría haber entrado en una fase terminal, colapse.

Mientras él no se cansa de repetir que ya ganó la guerra, que el gobierno iraní ha sido descabezado una y mil veces y que, después de bombardear la isla de Jark, corazón de la industria petrolera de la República Islámica, donde se encuentra la principal terminal petrolera del país y es el mayor punto de carga de crudo para buques, se jacta de que solo por diversión (sic) la volvería a atacar. Quizás también solo por diversión acosaba menores con su amigo Jeffrey.

En el paroxismo de la confusión, él mismo ha reconocido que está intentando abrir una línea de negociaciones directamente con las iraníes, aunque no sabe con quién están hablando, ya que toda la cúpula ha sido exterminada. Mientras que el ministro de Exteriores de Teherán, hasta ahora la figura más vista del gobierno iraní, Abbas Araghchi, volvió a afirmar, una vez más, desde el inicio de la guerra que. “Nunca ha pedido un alto el fuego; ni siquiera hemos pedido negociaciones”.

Por las dudas, Trump, a pesar de haber ganado esta guerra, varias veces al día ha llamado de manera desesperada a conformar una entente con los países afectados por el bloqueo de Ormuz, a los que no mencionó, aunque se conoce que entre ellos están: China, Francia, Japón, Corea del Sur y Gran Bretaña, para que lo ayuden a desbloquear el bendito golfo. Pedido que, a pesar de que ya lleva varios días solicitado, la respuesta ha sido ignorada o abiertamente negativa. Lo que muestra que su flota en la región es absolutamente inútil para esa tarea.

Sus reclamos, exigencias o ruegos, según el caso, no han sido escuchados todavía por nadie y mucho menos por Xi Jinping, lo que obliga a pensar que Trump es o ignorante o confundido a tal punto que no se entera de que es el presidente chino quien tiene bien guardada, en un cofrecito de jade, la llave de abrir y cerrar el bendito estrecho. Y que es justamente China, junto a Rusia, por medio de sus satélites, quienes proveen las coordenadas para las andanadas de misiles y drones, que destruyeron no solo radares y bases norteamericanas en los países del golfo, sino que, además, desde el comienzo de la ocupación de Palestina en 1948, le estén brindando al ente sionista sus horas más oscuras. Por los que millones de judíos deben acudir a los refugios tres o cuatro veces por día, para salvar sus vidas, después de que el famoso sistema de la “Cúpula de Hierro”, ya ha sido vulnerado en infinidad de oportunidades, al tiempo que el vital sistema de alarmas tempranas también muestras graves anomalías.

La guerra, que ha entrado en su tercera semana, ya tiene un claro vencedor: el pueblo iraní. Y no importa quién finalmente pueda arrogarse la victoria militar, la que no solo está en pleno desarrollo, sino que más allá de la Liga Epstein, desde hace dieciséis días prácticamente no ha dejado de bombardear un momento posiciones iraníes, concentrando el potencial de ese fuego contra la población civil, intentando provocar un levantamiento contra el gobierno del Líder Supremo; a esta altura no importa cómo se llame el ayatolá Ya que para la artillería mediática dará por muerto. Cómo desde hace más de diez días dan por muerto, gravemente herido, desfigurado, esgonzado o con halitosis a Mojtaba Jamenei.

Lo definitivamente cierto es que Donald Trump se encuentra cada vez más desorientado en esta guerra, que su confusión queda explícita en sus constantes contradicciones, como si no quedase registro de sus largas parrafadas inconexas, desafiándolo la realidad, como si fuera algo modificable por el deseo.

Ya es una opinión generalizada que Trump fue empujado a esta guerra por algo que conoce de él Benjamín Netanyahu, que podría estar vinculado a los archivos Jeffrey Epstein, que, más allá de pedófilo y posible antropófago de bebés, era agente del Mossad.

Trump prefirió ignorar los consejos de sus asesores militares y se lanzó detrás de las opiniones de su yerno, un vulgar agente inmobiliario y sionista redomado, Jared Kushner.

Dos semanas y dos días después, la foca gangosa no se entera de que no era tan fácil provocar la caída del gobierno, que, más allá de matar a un hombre, por importante que sea, nunca deja de ser sencillo; es mucho más difícil conseguir levantar a un pueblo que se sabe parte de razón milenaria.

Maneras de escapar de una guerra

Es en este contexto que surgen dos grandes incógnitas, más allá de si es cierto que Netanyahu esté muerto o no, porque de él hay millones de sionistas dispuestos a seguir ejecutando sus doctrinas de genocidios como única forma de gobierno. Las grandes dudas son los muertos, no los iraníes; sabemos que serán muchos centenares de miles al final del conflicto, más allá de que eso no cuente en Occidente. Los muertos que realmente cuentan son los norteamericanos que han sido sorprendidos en bases y embarcaciones norteamericanas e incluso hoteles donde la urgencia de los misiles iraníes los obligó a alojarse a lo largo de los países del Golfo. Y la otra gran incógnita es cuándo los judíos han sido masacrados cada noche o cada día, desde que su sistema defensivo es violado por la cohetería persa cada vez con mayor facilidad.

Estos ocultamientos dan mayor entidad a los rumores que corren en las redes, más allá de la censura establecida por Washington y Tel Aviv, sobre que los daños, tanto en vidas humanas como materiales, son extremadamente inusuales.

Mientras tanto para los Estados Unidos y el ente sionista están empezado a recibir ataque ya bien lejos del Golfo Pérsico, el día inmediato a los arteros ataques contra Teherán de la Liga Epstein, contra los consulados y embajadas norteamericanas en Karachi y Bagdad, a los que luego se fueron escalonando acciones de poca intensidad contra blancos de la Liga Epstein, (embajadas, consulados y sinagogas) en Oslo, Rotterdam, Lieja, Toronto, Milán, Londres e incluso dentro de los Estados Unidos como el ataque a un templo judío en Michigan y hasta hora solo el sospechoso incendio del jueves por la noche en la planta química de La Porte, en el condado de Harris, Texas, que fue extinguido sin provocar heridos, pero por lo que se ve en las fotografías produjo una enorme cantidad de daños.

Durante las primeras horas se había insistido acerca de la posibilidad de un atentado, de lo que, siguiendo el plan de silencio, no se ha vuelto a mencionar esa posibilidad.

En este contexto, el frente interno de la Liga Epstein ha comenzado a dar muestras de debilitamiento. Se sabe que Trump se ha dejado de comunicar con su socio, Netanyahu, o con quien lo esté sucediendo en el cargo, mientras se recompone de las heridas o resucita. Mientras que hay evidencia de que en su círculo más estrecho algo también sucede. Trump públicamente censuró los dichos de Marco Rubio, nada menos que el secretario de Estado, acerca de que Washington se involucró en la guerra presionado por Tel Aviv, volviendo con la cantinela de que la “amenaza era inminente”. Mientras tanto, nadie ha podido mostrar un paper de inteligencia que vaya en esa dirección. Al tiempo que el vicepresidente James Vence, que parecía mucho más fanático que Trump hace días que comenzó un mutis por el foro, para no quedar demasiado enchastrado por el desastre, estar presentable para un posible enroque.

Mientras que en sus redes sociales Trump ha comenzado responsabilizar a otros publicando que se precipitó a la guerra siguiendo las opiniones de Steve Witkoff, otro promotor inmobiliario, enviado junto a Jared Kushner a manejar las negociaciones con Irán y del Secretario de Guerra, Pete Hegseth, como un gerente pueda escapar de la quiebra acusando la inoperancia de sus empleados.

De aquel viaje al pobre Donald de recuerdo solo le han traído una guerra, que posiblemente hunda a su gobierno, al mismo, y que, de no terminar de inmediato, dañará de manera sustancial a su país, por lo que terminará preso, arruinado o internado en un hospital psiquiátrico, siempre absolutamente solo.

* Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central.

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