Subhumano…

Manuel D. Arias Monge

Manuel Damián Arias

Hoy, al ingresar al servicio BCR Bancatel del Banco de Costa Rica (BCR), que utilizo con frecuencia debido a que soy ciego y los servicios en línea de dicha entidad tienen graves problemas de accesibilidad, me di cuenta de que, intempestiva, arbitraria e irrespetuosamente, éste fue eliminado.

No puedo negar que me sentí subhumano, menospreciado y vilipendiado por una institución pública financiera que, de la noche a la mañana, me dejó sin alternativas de pagar mis recibos, de hacer transferencias como la pensión de mi hija o de consultar el saldo de mi cuenta.

De acuerdo a la Ley 7600, a la Constitución Política e, incluso, a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se supone que las personas con discapacidad deberíamos de tener igualdad de derechos y oportunidades; sin embargo, esta decisión del BCR sólo me comprueba, una vez más, que esto es mentira, al menos en Costa Rica.

Las alternativas: ir a hacer fila a una sucursal o utilizar los servicios en línea (sitio Web y aplicación celular)…. El problema es que ambas son, por muchos motivos, casi inaccesibles y, lo que es mucho más grave, nos obligan a los no videntes a recibir ayuda de un tercero, que entonces podría conocer, sin restricción alguna, toda nuestra supuestamente privada información financiera.

Esta sociedad, definitivamente, no conoce el significado de los términos empatía, solidaridad y respeto. Pero, aún más horrible, dicha colectividad humana, empezando por instituciones que son del Estado, se dan el lujo de ignorar, a mansalva, toda la legislación vigente sobre los derechos y libertades de la población con discapacidad.

Enfermo y frustrado, me comuniqué al otro gran banco del Estado, el Banco Nacional, para ver si, como se me dijo en la Contraloría de Servicios del BCR, ellos también eliminarían su servicio de banca telefónica…. Mi indignación superó todas las cotas que le permiten a un ser humano guardar la compostura, cuando admitieron, también en esta otra institución financiera pública, que eliminarían la posibilidad de hacer transacciones vía telefónica.

La gente lee tres párrafos en esta porquería de Facebook, así que, si sigue leyendo, le doy las gracias de antemano. También el Banco Nacional requiere que las personas con discapacidad acudamos a un tercero, para poder no sólo suscribirse a su servicio de banca en línea, sino también al matricular cuentas preferidas e, incluso, para cambiar nuestra muy personal y privada contraseña. ¡Paradójico! ¿No?

Estoy cansado de que se atropellen mis derechos día con día. Estoy cansado de rendir un 200 por ciento, para demostrar que valgo lo mismo, como profesional y como ser humano, que una persona “normal”. Estoy cansado de tantas cosas. ¿Y a quién diablos le importa?

La gente sólo toma conciencia de una situación, cuando le afecta personalmente. Así que mi deseo, para todos ustedes, es que el destino no les depare la ceguera u otra discapacidad, ya sea por genética, por enfermedad, por accidente o por vejez. Es una porquería sentirse subhumano, minusválido o persona de segunda categoría.

A la banca estatal y privada costarricense, que se toma el tema de la accesibilidad universal tan en serio como los monólogos del tristemente célebre exdiputado (hoy aspirante a comediante), Oscar López, le pido que se vaya un poco al carajo (para no utilizar un lenguaje más escatológico).

Siempre las personas con discapacidad somos lo mas bajo de lo más bajo. Los olvidados, entre los olvidados. No por casualidad, por ejemplo cuando se recuerdan las atrocidades del régimen nazi todos piensan en judíos, gitanos, LGTBIQ+ o comunistas. Nadie recuerda que los primeros que murieron en ese régimen de terror, mediante la “Aktion T4”, fueron las personas con alguna discapacidad.

Poco ha cambiado desde entonces…. Aunque no me canso de reivindicar los derechos de las minorías y de quienes han sido discriminados, desde los de la mujer, pasando por los de la población diversa o que profesan religiones diferentes, la realidad es que esos que deberían de ser nuestros compañeros de lucha en nuestras reivindicaciones, no nos pagan con la misma moneda, porque las personas con discapacidad le valen un pepino a esta sociedad.

Seguiré rumiando mi frustración, mi indignación y mi, creo que justificada, rabia, mientras la Contraloría de Servicios del BCR se toma 10 días hábiles para responderme con una evasiva y mientras me acostumbro a que, por más que ejercite mi derecho al berreo, nada va a cambiar en este mundo para quienes en La Biblia, ese librito que tantas divergencias causa entre quienes deberían amarse los unos a los otros, dice que estamos pagando los “pecados de nuestros padres”. ¿Por qué? Mi mamá y mi papá son muy buena gente… Y si no fuera así, permítanme decirles que creen ustedes en un dios que es un miserable.

Saben lo que más me enfurece: que, encima de tanta injusticia, y después de tantos ejemplos que da la historia de lo que conlleva la intolerancia y la discriminación, aún en este país haya incautos que, con todo y las inequidades actuales, estén pensando en poner en el gobierno a gente como Fabricio Alvarado o Juan Diego Castro, que son defensores a ultranza de esas diferencias que ofenden a la dignidad humana más fundamental y más básica.

Como dije: a rumiar mi indignación. ¿Qué otra cosa puedo hacer?

Periodista


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