Reunión entre Petro y Trump

El día que el interés de los Estados se impuso a las rencillas y las ideologías

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Fernando Cvitanic, Universidad de La Sabana

El martes 4 de febrero, Gustavo Petro y Donald Trump dejaron una imagen hasta hace poco impensable. Esta se produjo cuando los mandatarios de Colombia y Estados Unidos se saludaron y recorrieron juntos el Paseo de la fama de los presidentes en la Casa Blanca.

Fue el preámbulo de una de la reuniones más esperadas de la política internacional reciente. Los hechos tuvieron lugar después de que Estados Unidos y Colombia hayan vivido las relaciones más tensas de los últimos tiempos. El balance del encuentro marca una nueva etapa, que retoma la colaboración de manera amistosa.

Un callejón diplomático con salida

El contexto no era favorable para Petro y este no tenía muchas opciones.

Poco después de la nueva toma de posesión de Trump, se produjo la primera crisis. El regreso de unos aviones con inmigrantes deportados provenientes de los Estados Unidos desencadenó una ola de amenazas por parte de Washington. Gracias a los mecanismos diplomáticos de Colombia, este primer incidente pudo ser paleado.

La gota que derramó la copa surgió con la captura de Nicolás Maduro y las subsiguientes críticas del presidente colombiano. A modo de respuesta, se registraron nuevas amenazas que abrían la posibilidad de que Estados Unidos hiciera lo mismo con Colombia.

Una llamada telefónica solicitada por Gustavo Petro sirvió para calmar a Estados Unidos y aclarar un panorama, que ahora se torna amistoso y con serios compromisos.

Los temas principales: narcotráfico, Venezuela y Ecuador

“Llegamos a acuerdos. Nos llevamos muy bien. Él y yo no éramos los mejores amigos, pero no me ofendió porque no nos conocíamos. Estamos trabajando en eso y en otras cosas, incluyendo sanciones. Creo que él fue fantástico, nos llevamos muy bien”, dijo en primer lugar Donald Trump desde su despacho.

Primaron las relaciones binacionales. Los líderes se retiraron la camiseta de la idolología para dejar en claro que los intereses de los Estados van primero.

En una reunión que alcanzó las dos horas y rodeado por otros asistentes, como el vicepresidente, J.D. Vance, el secretario de estado, Marco Rubio y el senador Bernie Moreno, la delegación colombiana se dio a la tarea, de la mano del ministro de defensa, Pedro Sánchez, de presentar los resultados en materia de lucha contra las drogas.

A la exposición de los logros en este rubro se sumó la extradición y la llegada a Texas de uno de los narcotraficantes más poderosos del Valle del Cauca, Pipe Tuluá. Este arribó a los Estados Unidos justamente el día de la reunión para cumplir una pena de varios años de cárcel por ingresar drogas a los Estados Unidos.

Sobre el tema del narcotráfico, el presidente Gustavo Petro indicó en la rueda de prensa posterior que la lucha es “contra los capos de los capos”, no contra los campesinos y destacó que la erradicación de los cultivos de coca continuará manualmente, sin recurrir al glifosato. Una decisión que contrasta con la tomada a finales del pasado año, cuando el Gobierno volvió a recurrir a este polémico herbicida tras estar suspendido su uso durante los diez años anteriores.

El segundo punto involucró a Venezuela. “Cómo reactivar a Venezuela en su vecindad; cuál es el papel de los Estados Unidos ahí y cómo dejar fluir, incluso con aportes de los Estados Unidos, unos flujos que están construidos desde hace tiempo, que son comunes”, señalo el presidente Petro en rueda de prensa.

Con esta declaración, el mandatario colombiano hizo referencia a la importancia de activar fronteras prósperas, permitiendo el flujo de energía colombiana a Venezuela para la extracción de petróleo. También destacó que las fronteras cerradas o con sanciones solo favorecen al narcotráfico, por lo que es posible que una vez sean retiradas estas restricciones para que ambos países puedan hacer negocios. Colombia vendiendo energía y comprando hidrocarburos y gas al país vecino sin ser castigada.

En tercer lugar se habló de la crisis con Ecuador, situación ante la cual el presidente norteamericano se ofreció como mediador para resolver la tensión.

Varios desafíos y un solo camino

La reunión deja una reflexión. Cuando las alternativas se han reducido al mínimo, optar por el único camino disponible no responde a la falta de voluntad, sino a una lectura estratégica del contexto.

Antes de la reunión volvimos a ver a un Gustavo Petro provocador, que hizo repensar a varios analistas sobre una posible estrategia enfocada en buscar la cancelación de la reunión. Pero, en las relaciones internacionales, algunas veces es mejor hacer oídos sordos al ruido y abrir la posibilidad a ese único camino que ya estaba planeado: una reunión exitosa que finalizó en buenos términos para las partes.

En el tablero, Colombia sigue siendo el mejor aliado para la lucha contra las drogas de Estados Unidos, pero el más vulnerable. Alejarse de su principal socio comercial sería una operación kamikaze.

En este escenario, la decisión no fue entre opciones equivalentes, sino entre actuar de manera racional o poner a los colombianos a asumir costos mayores por la inacción.

Solo entre enero y noviembre de 2025, Colombia ingresó 13.498,8 millones de dólares fruto de las exportaciones a Estados Unidos, lo que equivale al 30% del total exportado. Dineros de los que dependen familias de floricultores, caficultores, productores de cacao, entre otros sectores de materias primas. Sin esta inyección económica, el país sufriría una crisis económica sin precedentes.

Tranquilidad comercial y electoral

Pero el éxito no solo traslada un ambiente de tranquilidad a los diferentes gremios comerciales. De cara a las elecciones presidenciales, el presidente y, por ende, su sucesor suman puntos. La apertura al diálogo impulsa su imagen de forma más favorable y permite a muchos empresarios sentir la calma de los mercados. En el caso de los floricultores, esto se traduce en un próspero 14 de febrero (Día de San Valentín).

“Gustavo: Un gran Honor. Amor a Colombia: Donald Trump”, rezaba el pie de la fotografía que se tomaron los dos mandatarios al final de la reunión. Una imagen que inmortaliza el momento histórico que fortalece la relación de dos presidentes.

En palabras de Petro, ambos le demostraron al mundo que, a pesar de las diferencias, se pueda dialogar y superar las tensiones. No importa si eso implica salir del Salón Oval llevando gorras rojas con la palabra MAGA (Make America Great Again). Posteriormente, con marcador, el propio Petro corrigió con la letra ‘S’, para convertirlo en un “Make Americas Great Again”, tal como lo hubiera querido Bolívar.The Conversation

Fernando Cvitanic, Docente de Relaciones Internacionales, Universidad de La Sabana

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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