Reflexión de Navidad

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Ocean Castillo Loría

Navidad

¡Salve Lucero que el sol nos anuncia!
“¡Salve Regazo de Dios que se encarna!

Akathistos Versos 18 – 19.

I

El relato del nacimiento de Jesús, se presenta en los Evangelios de San Mateo y San Lucas. En la presente reflexión, abordaremos ambos relatos, desde la teología bíblica (Católica y Protestante). Así las cosas, entraremos a profundizar San Mateo 1: 18 – 25 y San Lucas, 2: 1 – 20. Tomando en cuenta que el periodo litúrgico de Navidad, es del 24 de diciembre en la tarde al 13 de enero, consideramos que si se tiene a bien, se posee tiempo suficiente para leer esta amplísima reflexión.

Estos textos, están dirigidos a un conjunto de creyentes que saben que Jesucristo vive (Resucitado) y que ellos lo conocen por la oración y por su vida misma. Así, ellos miran el cumplimiento de las profecías de Dios, con los relatos del nacimiento, se mira que la luz de Dios irrumpe con fuerza. Estos relatos son verdadera “Buena Nueva”.

Las falencias históricas sobre la infancia de Jesús, eran de tal grado, que se inventaron leyendas sobre esta etapa (Tal es el caso de la redacción griega, del evangelio apócrifo de Tomás, donde el niño hacía pajaritos de barro y dándoles un golpecito, les infunde la vida y los hecha a volar)

Lo cierto es que los textos de Mateo y Lucas, son buena nueva mostrada con sencillez, sobre la aparición del Señor Jesús en la tierra. Con esas narraciones, se celebra la navidad, de hecho, en la Misa de Gallo, el Evangelio es el propio de Lucas.

Seamos claros, “en términos de historia pura”, no conocemos exactamente el día en que nació Jesús, los primeros cristianos no estaban interesados en ello, de hecho, la primera fiesta cristiana, era la Pascua. Para el siglo III (Días de Hipólito, Obispo de Roma), se siente la necesidad de celebrar la Natividad por separado. Ya en el año 336, en el “Depositio Martyum Filocaliana”, se cita la Navidad de Cristo, el 25 de diciembre. Pero es interesante, que desde antes, ya en el siglo II, María era llena de alabanzas. De esa época, es la siguiente oración: “María por encima de ti, solo Dios; por debajo de ti, todo lo que no sea Dios”.

Los cristianos de aquel ayer, tomaron espontáneamente el tiempo del año en el que los días comienzan a crecer: el 25 de diciembre (Fecha escogida desde el siglo IV) y el 6 de enero (Esta última es la fecha escogida por Hipólito), son desde antiguo, las fechas de la primera manifestación de Jesús sobre la tierra.

Así se cristianizan fiestas paganas, lamentablemente esto que es secundario se ha convertido en lo principal entre muchos críticos del cristianismo. La principal razón de las fechas es más humana y sencilla: la nueva luz viene a la naturaleza. Con ella, se celebra la luz, que no se extinguirá jamás, es una luz espiritual.

Conste que en la escogencia de la fecha, hay un elemento de rebelión política: se desafiaba al emperador Aurelio, que se hacía adorar en esas fechas como “el sol naciente”. Era (Es), Jesucristo el sol de justicia, el astro que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y sombras de muerte.

Lo cierto es que Jesús nace en el marco de la historia, por ello, a pesar de que una visión laicista quiere olvidarlo, la historia se divide en antes y después de Cristo. En esta construcción temporal, Dionisio, el Exiguo (El pequeño), monje del siglo VI, sustituye la antigua numeración que iniciaba en la fundación de Roma.

¿Pero cómo hizo Dionisio?: leyó Lucas, capítulo 3, versículo 23: “Jesús tenía unos treinta años cuando comenzó su actividad…”. El asunto es que Dionisio interpretó: “Jesús tenía 30 años cuando comenzó su actividad…”. Es decir, pasó por alto que el Evangelio presenta una edad aproximada. En ese marco, Dionisio pensó que Cristo nació en el 753, de la fundación de Roma, cuando el evento pudo haber sido entre el 747 y 749.

El resultado es que el monje falla entre 4 y 7 años en su cálculo, pero eso no tiene en términos de veracidad tanta importancia (Aunque en términos de exactitud, sí lo tenga); hay un mensaje que es el importante: con Jesús, la humanidad comienza una era nueva (Esto es respaldado por teólogos como San Ambrosio).

El acontecimiento histórico de la aparición de Dios para nuestra salvación, se actualiza para nosotros en la liturgia. En la Misa de la Noche (Ya lo hemos dicho), se lee el Evangelio según San Lucas, la continuación de ese Evangelio, que será aquí reflexionado, se leerá en la Misa de la Aurora.

En términos de géneros literarios, los relatos de Mateo y Lucas, son definidos como “midrash”, en ellos, se mira como Jesús viene a ser la culminación del plan de Dios que se viene concretando desde el Antiguo Testamento.

Antes de entrar en el detalle de los relatos, cabe destacar elementos fundamentales en ellos:

• Jesús nace pobre y desvalido: el rostro que Dios nos presenta es de debilidad y silencio. Dios es el Dios de los pobres y los oprimidos.
• Su nacimiento nos trae alegría, pero esa alegría no deja de estar en medio de dificultades. Nuestras dificultades: individuales y sociales, no nos deben quitar la alegría, de la verdadera Navidad.
• Al niño Jesús, se le reconoce por su situación de pobreza: uno de los grandes pecados que cometemos, es asociar la Navidad con el consumo desenfrenado. La verdadera Navidad, se debe vivir en la humildad (Pobreza de espíritu, totalmente dependientes de Dios) y haciendo conciencia, de que debemos liberarnos del egoísmo y del poder, el placer y el tener.
• Estamos celebrando el nacimiento del Mesías (Isaías 9: 6)
• Estamos celebrando el nacimiento del Hijo de Dios (Lucas 1: 32. 35)
• Estamos celebrando el nacimiento de nuestro Salvador (Mateo 1: 21)
• Estamos haciendo memoria, que nació en Belén de Judea, en cumplimiento de las profecías (Miqueas 5: 2; Mateo 2: 4 – 6)
• Estamos haciendo memorial (Haciendo presente), de lo que decimos en el Credo: “… fue concebido por obra del Espíritu Santo y nació de Santa María Virgen” (Isaías 7: 14; Mateo 1: 22 – 23)
• Estamos afirmando, como lo dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “…Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre” (Catecismo, numeral 464) en el Protestantismo (Salvo algunas sectas), se cree igual: Jesús vino al mundo, en un cuerpo humano real (2 Juan, versículo 7), sin dejar de ser Dios (Isaías 7: 14; Mateo 1: 23)

En medio del bullicio de las festividades, deberíamos procurar cuando menos un rato de silencio para meditar sobre la cercanía de Dios, sobre el hecho de mirar a Dios que se nos presenta en la debilidad de lo humano. El sentir la verdadera alegría de la Navidad: que por este niño somos salvados y liberados. Tomar un tiempo para comprometernos con la liberación de los pobres (Hacer una verdadera opción por ellos)

II

Dice San Mateo 1: 18: “El origen de Jesucristo fue este: María, su madre, estaba comprometida para casarse con José…”. El matrimonio judío constaba de 3 pasos:

a) Las dos familias se ponían de acuerdo en la unión.
b) Se daba a conocer públicamente. Aquí se da el compromiso del que habla el texto (“Eruzin”, en hebreo). Este compromiso implicaba una gran obligación legal y no podía romperse sin divorcio formal (De hecho, al prometido se le llamaba “marido”). En otras palabras, el compromiso cubría prácticamente el matrimonio, lo que quedaba después de la ceremonia, era que la pareja viviera junta (La prohibición de tener relaciones sexuales durante el compromiso, era fortísima en Galilea, donde la moral era más rígida que en Judea. Según San Juan Crisóstomo, San Ambrosio y San Jerónimo, esta es la situación de María y José al momento de la concepción de Jesús). Esto también refleja un tema cultural, que se seguía viviendo en el siglo I: el tremendo machismo en Israel. La mujer debía siempre, pertenecer a un hombre: el papá, el esposo, el hijo (En caso de ser viuda)
c) La pareja se casaba y comenzaba a convivir (“Nissuin”, en hebreo, que significa introducción. Este evento, podía darse hasta con una fiesta que duraba varios días).

Desde la teología bíblica católica, este texto tiene un punto interesante: “El origen de Jesucristo fue este: María, su madre…”: véase que se resalta la maternidad de María, no la paternidad de José. Éste no es el padre carnal de Jesús. Pero Jesús, es descendiente de David e Hijo de Dios, por obra del Espíritu Santo.

Sigue este versículo: “…pero antes que vivieran juntos, se encontró encinta (María), por el poder del Espíritu Santo”. Este tema del embarazo por el poder del Espíritu Santo, lo profundizaremos al reflexionar en torno al relato de San Lucas. Por ahora solo daremos un dato histórico: para algunos teólogos, la Virgen es Santificada por el Espíritu (San Cirilo de Jerusalén), será más tarde (Quizás con San Francisco de Asís), que se mire a María como “esposa del Espíritu Santo”.

San Mateo 1: 19: “José, su marido, que era un hombre justo y no quería denunciar públicamente a María, decidió separarse de ella en secreto”. El texto dice que José, era un hombre justo, es decir, era un cumplidor de la Ley, en el modo de hablar hebreo, era “un hombre santo”.

Conforme a la ley, José podía denunciar lo que parecía lógico: María había roto el compromiso adulterando con otro hombre, que la había dejado embarazada, esto tenía un castigo. Veámoslo:

“Si una muchacha virgen es prometida de un hombre, y otro hombre la encuentra en la ciudad y se acuesta con ella, serán llevados los dos ante el tribunal de la ciudad, donde serán condenados a morir apedreados: la joven por no pedir socorro estando en plena ciudad, y el hombre por deshonrar a la mujer de su prójimo. Así acabarán con el mal que haya en medio de ustedes”. (Deuteronomio 22: 23 – 24)

La separación en secreto, es evidencia de que José no quería que María muriese apedreada (¿María ya le habría contado, lo que nos relata el Evangelio de San Lucas?). Pero a su vez, quería cumplir la Ley, pero no desea el divorcio público, dicho sea de paso, en buena teoría, la lapidación mandada por el Levítico, ya no se practicaba, por lo que la separación en secreto, era lo normal. Inclusive, José podía alegar cualquier razón para aplicar el divorcio (Tales razones podían ser del tipo: “no sabe cocinar”) y separarse de María.

Una vez más: José quiere cumplir la Ley, pero ante María, no le desea la muerte: esto es significativo para nosotros: ¿Qué es más importante: la Ley o la realidad de las personas?: en el Evangelio según San Mateo, la justicia es el solidarizarse con el otro (Compadecerse) y el ser misericordioso.

Aquí se abre otro punto: ¿Dudaría José de la fidelidad de María? (Es lo más humano, el teólogo Justino, en el siglo II, será partidario de esta tesis), ¿Estaría seguro José, de que en todo el asunto hay un “Misterio” que no puede comprender, pues no duda de María? (Esto es lo teológicamente más santo, algunos teólogos católicos optan por este camino, tomando en cuenta que un “Misterio” teológico, no es algo que está escondido, sino, que es algo, que está por encima del intelecto humano. En esta línea, se ubica el teólogo Orígenes); en esta segunda línea (La del “Misterio”), José está ante lo reverente de la acción de Dios, al no entender, teme y de un modo u otro quiere huir. Esta huída o más bien, deseo de huída, lo observamos en las vocaciones de las grandes personalidades del Antiguo Testamento.

Estamos pues, con ese: “decidió separarse de ella en secreto”, ante la “vocación de José”: él, ante el Misterio de la salvación, temiendo, queriendo huir, termina al servicio de la voluntad de Dios. Ese servicio será encubrir el Misterio, proteger al Emanuel, hasta que llegue su hora. Esto es tan cierto, que en Nazaret nadie consideraba a esa familia como diferente.

Conste que esa vocación se desenvuelve en medio de un problema: hay algo extraño en su relación con María. El embarazo les genera un inconveniente, José no lo ha engendrado…

Versículo 20: “Ya había pensado hacerlo así (José, separándose en secreto), cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: ‘José, descendiente de David, no tangas miedo de tomar a María por esposa, porque su hijo lo ha concebido por el poder del Espíritu Santo’”.

De nuevo, aquí nos encontramos el punto de contacto entre los relatos de San Mateo y San Lucas: el Espíritu Santo. Vale aquí, entrar en una definición de teología sistemática: ¿Quién es el Espíritu Santo?: la tercera persona de la Santísima Trinidad y representa el poder de Dios que obra en el mundo.

Detengámonos en un detalle: “…un ángel del Señor se le apareció…”: en los textos antiguos, cuando se habla del “ángel del Señor”, se hablaba de Dios mismo, pero conforme avanza la revelación, este concepto del “ángel del Señor”, se separa de la persona de Dios, éste ángel, resulta un mensajero celeste, que aparece con frecuencia en los evangelios de la infancia.

Veamos otro detalle: “un ángel del Señor se le apareció en sueños…”: en el Antiguo Testamento, Dios muchas veces, daba a conocer sus designios en sueños (Un ejemplo clásico es el del patriarca José, en el libro del Génesis), esto también lo veremos en el Nuevo Testamento (Exclusivamente en el Evangelio de san Mateo). Pero la aparición del ángel, es evidencia de lo milagroso del nacimiento de Jesús (Es un acontecimiento sobrenatural, más allá de la razón y la lógica humanas)

Sigamos en este versículo: “…y le dijo: ‘José, descendiente de David, no tangas miedo de tomar a María por esposa, porque su hijo lo ha concebido por el poder del Espíritu Santo’”.

El ángel le habla para disiparle dudas: ‘José, descendiente de David, no tangas miedo de tomar a María por esposa…’ y para explicar el origen del embarazo: ‘…porque su hijo lo ha concebido por el poder del Espíritu Santo’. Pero también aquí hay un pequeño gran detalle: el ángel le dice: ‘José, descendiente de David…’. Así se confirma que José, es del linaje regio de David.

En este marco, el teólogo Sebastián Bartina, Jesuita y especialista en Ciencias Bíblicas, ha expresado que San José era heredero legal del rey David, por ser descendiente directo, le correspondían los derechos reales. La familia real de José fue a esconderse a Nazaret, huyendo de Herodes, el usurpador del trono, que no era de raza judía, sino Idumeo.

Veamos el origen del embarazo: ‘…porque su hijo lo ha concebido por el poder del Espíritu Santo’. Cuando Jesús nace, responde la petición de todo un pueblo, los profetas lo habían prometido por largo tiempo. Nace enteramente de la gracia, nace enteramente de la promesa.

Versículo 21: “’María tendrá un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Se llamará así porque salvará a su pueblo de sus pecados’”: en nuestras traducciones de la Biblia al español, el nombre del hijo de María, es Jesús, que es una forma griega (Lo mismo que Josué), del hebreo Yeshúa (O Yeoshúa), que significa Señor (Yahvé) salva.

Martín Lutero, fundador del Protestantismo, nos dirá algo más sobre el origen del nombre de Jesús: este nombre viene de la voz hebrea “hosia”, esta significa: “ayuda” o “prestar auxilio”, es decir, Jesús es nuestro ayudador, nuestro auxiliador.

No es extraño que los nombres de Jesús y Josué, fueran comunes en Israel (El historiador Josefo, aludió a docenas de hombres con el mismo nombre), en el Antiguo Testamento, el nombre “Josué”, aparece dos veces: primero, con el gran líder de Israel, después de Moisés, que condujo al pueblo a la tierra prometida; este Josué es una figura de Jesús, que guía a los creyentes desde sus opresiones a la libertad. Solo como ejemplo: Por petición de Josué, el sol se detiene (Josué 10: 12 – 13), cuando Jesús vence a la muerte, el sol queda cubierto (Mateo 27: 45); El segundo Josué del que habla el Antiguo Testamento, es un sumo sacerdote (Zacarías 6: 11 – 12)

Nuestro Jesús, es liberador y sumo sacerdote (Hebreos 7: 25), sus precursores en el Antiguo Testamento murieron, pero él vive para siempre (Hebreos 13: 8); cómo podemos ver, el nombre del hijo de María es esencial, pues refleja su carácter: Salvador. Esto es claro en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo.

En esta línea observemos: ‘…Se llamará así porque salvará a su pueblo de sus pecados’: ¿Qué es el pecado?: es la ruptura con Dios, con el prójimo y con la ecología misma. Este tema y definición del pecado, son claves para la teología de la salvación: en ese modelo, el pecado es el peor enemigo del ser humano, pues destruye su alma y su vida.

Aquí cabe otro elemento, muy resaltado en la teología de la salvación: Jesús viene a la tierra a salvarnos, porque nosotros no podemos hacerlo, no podemos librarnos de las consecuencias del pecado. Este punto es clave en nuestro tiempo: por más buenos que seamos, no podemos eliminar la naturaleza pecaminosa presente en nosotros (El pecado original); solo Dios (Jesucristo), puede salvarnos. En esta Navidad, se nos presenta la oportunidad de dar gracias a Jesucristo por venir a salvarnos, pidámosle en este tiempo, que tome el control de nuestra vida, solo así surgirá una nueva humanidad.

Acabamos de decir que: el nombre es esencial, pues refleja el carácter del hijo de María: Salvador. Esto es claro en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Jesús muere por nuestros pecados (Su muerte es expiatoria), por el Espíritu Santo, aceptamos los creyentes esta gracia de Dios, por ella, somos liberados de la culpa y esclavitud del pecado (Juan 8: 31 – 36); de este modo somos parte de ese pueblo, que Jesús salva.

Cuando Mateo dice que Jesús ‘…salvará a su pueblo de sus pecados’, misteriosamente, no solo habla de los judíos, habla de nosotros los gentiles. Él nos abre la puerta a todos los que se le acercan y reciben el conocimiento de su identidad. Adicionalmente, ha de decirse que, esa salvación es espiritual, en oposición a la visión político – nacionalista, que también se tenía del Mesías. Conste que en el Antiguo Testamento, se dice que esa salvación espiritual, la hará Dios mismo, con lo que se reconoce que el niño Jesús, es Dios.

Entonces: ¿Qué podemos decir sobre el nombre de Jesús?:

1) Es el nombre sobre todo nombre (Filipenses 2: 9)
2) Solo en él hay salvación (Hechos 4: 12)
3) Al pedir en su nombre, se nos responderá (Juan 14: 14)
4) En su nombre debemos reunirnos (Mateo 18: 20)
5) En su nombre se predica (Lucas 24: 47)
6) En la Iglesia, por su nombre se disciplina a los infieles (1 Corintios 5: 3 – 5)
7) Por este nombre se sufre persecución (Hechos 5: 41)
8) Ante este nombre, toda rodilla se doblará (Filipenses 2: 10 – 11)
9) Una vez resucitado, ese nombre permanece (Hechos 22: 8)
10) El nombre de Jesús es todo para los creyentes:
a) Dios refleja el carácter de Jesús en su nombre.
b) El gran poder del nombre de Jesús, fue anunciado por el ángel. Él salvará a su pueblo, él salvará:

• De la culpa del pecado.
• Del poder del pecado (Romanos 7: 24 – 25)
• Del juicio venidero (Juan 3: 36)
• Cuando él vuelva, nos dará un cuerpo incorruptible.

También en el versículo 21, vemos diversas funciones del Señor:

1) Salvador, para salvar y santificar (Mateo 1: 21)
2) Redentor, para liberar del pecado y de las actitudes erradas (1 Pedro 1: 18 – 19)
3) Mediador, para unir (1 Timoteo 2: 5)
4) Sumo Sacerdote, para interceder por nosotros (Hebreos 7: 24 – 25)
5) Cabeza, en todo tiene la preeminencia (Colosenses 1: 18)
6) Rey, para reinar (Juan 18: 33 – 37)
7) Juez, para juzgar (Hechos 17: 31)

Por otro lado, nótese que el ángel le dice a José, cuál es el rol que tendrá en el Plan de Dios: “…le pondrás por nombre Jesús…”. Ponerle el nombre, significa que José, recibirá a Jesús como hijo suyo (Esto es, como decir en nuestros tiempos, que José firma la partida de nacimiento de Jesús). Jesús resulta hijo legal de José, por tanto al ser éste parte de la familia real de David, Jesús resulta rey de Israel, no solo espiritualmente, sino, legalmente. En la mentalidad bíblica, el padre legal, era el verdadero padre, hubiera procreado físicamente o no, al hijo.

He aquí la santidad de José: no cuestiona la explicación del ángel, no hizo preguntas, obedeció al ángel… esta intervención del ángel, ilumina y motiva la relación de María y José con Jesús…

Versículo 22 y 23: “Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta: ‘La virgen quedará encinta y tendrá un hijo, al que pondrán por nombre Emanuel’”. En este versículo se observa una de las características propias del Evangelio según San Mateo, él, planteará profecías que se cumplen en Jesucristo (Esto lo hace once veces Mateo en su Evangelio); una razón para ello, es que los receptores de su Evangelio, eran judíos – cristianos, a los que se les presenta como Jesús, es cumplimiento de las promesas dadas a Israel.

Esta profecía es de Isaías (Isaías 7: 14) y originalmente, estaba dirigida al rey Ahaz, anunciándole el nacimiento de un niño, como señal de que la tribu de Judá, sería liberada del enemigo (Es interesante que Ahaz, duda de la profecía en su momento, José de Nazaret no dudará). El texto original de Isaías, habla de una joven que quedará embarazada; aquí cabe un dato histórico, la Biblia (Antiguo Testamento), que usaban los primeros cristianos, era una traducción del hebreo al griego, llamada Septuaginta o “Biblia de los 70”.

En esa versión, la palabra hebrea “joven” o “muchacha” (“almah”, doncella casadera), queda traducida como “virgen” (La palabra griega “parthenos”) San Mateo, hace referencia a la virgen que tendrá un hijo y como hemos visto en el versículo, también se hace referencia al “Emanuel”, “Dios con nosotros”.

Esto nos permite introducir otro elemento: no sabemos la edad de José y María, pero conforme a los juristas de la época, las mujeres se podían casar desde los doce a los catorce años y el varón la superba por poco. Esto descarta una idea dentro de un catolicismo muy tradicional, en el sentido que José era un anciano – viudo cuando se casó con María (Quizás con esa idea, salvaguardaban la virginidad perpetua de María, uno de esos teólogos fue: San Epifanio de Salamina. También esta idea se encuentra en un evangelio apócrifo: “El protoevangelio de Santiago”, del siglo II), tal tesis contradice la advertencia rabínica que decía: “¡Desgraciado el joven que los veinte años no se ha casado todavía!”

En suma, cuando San Mateo hace la cita de la profecía de Isaías, no lo hace en términos literales (Ya hemos hecho referencia al contexto histórico de la profecía), sino, que hace una interpretación plena de la profecía (Se entiende en la teología bíblica protestante, la interpretación plena como: el sentido no intentado conscientemente por el autor original, sino intentado por Dios, en la letra del texto y posibilitado a través de ella, descubierto a posteriori, por el pueblo de Dios a la luz de acontecimientos y revelaciones ulteriores).

Esta interpretación queda reforzada en el catolicismo, cuando el teólogo Mauro Orsatti, dice que San Mateo, al citar al profeta, usa un método que ya había usado Jesús con los discípulos de Emaús: leer el Antiguo Testamento a la luz de Cristo (Lucas 24: 27); se une de este modo el Antiguo con el Nuevo Testamento, ya lo diría San Agustín: “El Nuevo Testamento está escondido en el Antiguo, mientras que el Antiguo se desvela en el Nuevo”. Al citar al profeta, San Mateo presenta a María como la Virgen Madre.

Indudablemente el autor del Evangelio, se da cuenta que había iniciado una nueva era de la historia, la profecía de Isaías, retomaba vida en el hijo de María. Mateo Afirma la divina inspiración de las palabras del profeta, estas habían sido pronunciadas 700 años antes de Cristo.

Valga decir, sobre el hecho de que San Mateo planteará profecías que se cumplen en Jesucristo, si bien, esta es una característica de San Mateo, no podemos olvidar que Jesús mismo, dice que las Escrituras hablan de él (Mateo 11: 4 – 6); por si fuera poco, el cumplimiento de las profecías era un criterio mismo de autenticidad del profeta (Deuteronomio 18: 20 – 22)

Asimismo, debe expresarse, que San Mateo, plantea el embarazo de la virgen y el título de Emanuel, para probar dos cosas: una, Jesús es hijo de David (Se ensancha la promesa davídica, más allá de la dada a Ahaz). Dos, Jesús es Hijo de Dios. Así, la paternidad de José, profundiza el “Misterio”. Pero además, este título profético de Emanuel, tiene un gran sentido para nosotros hoy: por el Espíritu Santo, Jesús se hace presente en la vida de nosotros los creyentes. Adicionalmente, Emanuel, es un título que Jesús hará presente en su segunda venida. Es más, aún antes: con la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70, Jesús es la nueva presencia de Dios entre la humanidad, es el Emanuel.

Es interesante que en el relato del nacimiento de Jesús intervenga el Evangelista, citando a Isaías, como una forma de validar la relación de Jesús con María y José…

Versículo 24: “Cuando José despertó hizo lo que el ángel del Señor le había mandado y recibió a María por esposa”.

He aquí lo que en el cristianismo llamamos milagro: Dios es el Señor. Pero ese milagro, como algunos, requirió de colaboración humana, como lo veremos más adelante, el “sí” de María, pero también de José, centrémonos ahora en ello:

• José era un hombre de integridad.
• Era sensible a la dirección de Dios y dispuesto a hacer la voluntad de Dios sin importarle las consecuencias.
• En San José, vemos 4 cualidades admirables:

a) Principios inflexibles.
b) Discreción y sensibilidad.
c) Disponibilidad ante Dios.
d) autodisciplina. De ella, se puede aprender que las mayores bendiciones, están en el fiel cumplimiento del deber.

¿Podremos extraer de San José, lecciones para nuestra vida?: veamos algunas:

• Dios compensa la integridad.
• La posición social tiene poca importancia cuando Dios elige usarnos: en esta línea, los marginados para el mundo, son los elegidos por Dios.
• Si somos obedientes a la dirección de Dios, Él nos guiará a mayor obediencia. Frente a este ejemplo de San José podemos orar: “Oh Espíritu Santo, fortalece mi fe y lléname de gozo cuando reflexiono en el milagro del nacimiento de Cristo, amén”.
• No podemos basarnos en los sentimientos, para hacer el bien o el mal.

Repasemos las alternativas de José, antes de la aparición del ángel:

1) Divorciarse silenciosamente de María.
2) Dejar que la apedrearan cumpliendo la Ley.

Pero después de la aparición del ángel, surge una tercera alternativa: casarse con ella. En nuestra vida de fe, Dios nos muestra en muchas ocasiones, alternativas que no miramos. Eso sí, debemos pedir a Dios, tomar siempre la mejor decisión. La sabiduría de nuestro Padre, debe ser siempre tomada en cuenta. Una decisión iluminada por la sabiduría de Dios, derrota el peso del “qué dirán”, así se busca primero “el Reino de Dios y su justicia”.

Veamos el versículo 25: “Y sin haber tenido relaciones conyugales, ella dio a luz a su hijo, al que José puso por nombre Jesús”. Como veremos en el Evangelio de Lucas, María también será informada por el ángel, del nombre de su hijo.

Por otro lado, si bien este texto no supone lo que en el catolicismo, es el dogma de la virginidad perpetua de María, para la Iglesia Católica, el resto del Evangelio y la tradición de la misma iglesia, la suponen. En la teología Protestante, más bien, este versículo 25, supone que Jesús y María tuvieron más hijos.

¿De dónde derivan los protestantes esta tesis?: veamos la traducción de este versículo, en la versión al español, de la Biblia Reina – Valera, 1960: “Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito…”.

El razonamiento sería: “no tuvo relaciones hasta que dio a luz a Jesús, luego de ello, sí las tuvo y tuvieron varios hijos”: digámoslo de manera un poco más técnica: la palabra “hasta”, llama la atención, después del nacimiento de Jesús, José y María habrían participado de la plena unión física que se asocia comúnmente con el matrimonio.

Entremos un poco en este tema: en términos culturales, una mujer virgen, era una especie de “pérdida”, pues lo principal era cumplir con la fecundidad, pero una tesis que podría justificar la “virginidad perpetua de María”, es la del hecho, que ya en el siglo I, había un sector de la sociedad judía, que vivía en el celibato: los Esenios. Es decir, esa vivencia, no debía ser necesariamente extraña para José.

En general, para la teología católica, en la Iglesia Primitiva, era indiscutible que Jesús es Hijo de la Virgen María, por lo que San Mateo, en su escrito, no pretende demostrar nada, solo enunciar esa realidad.

A esto, deben sumarse dos elementos: en el siglo I, las mujeres vírgenes y jóvenes gozaban de gran aprecio en la sociedad y cultura Palestina. Jesús hizo referencias a costumbres populares ligadas a ellas para presentar sus enseñanzas sobre el Reino de Dios (Mateo 25: 1 – 13); en segundo lugar, en los primeros tiempos de la Iglesia, la virginidad se torna una virtud y expresión, de piedad. Pablo considerará que la Iglesia debe ser una “virgen pura” para Cristo (2 Corintios 11: 2); no obstante el tema de la virginidad era motivo de discusión y diversas opiniones (1 Corintios 7: 25 -35); de alguna manera, prevaleció entre los cristianos la idea griega pagana de que la sexualidad era contaminante y que la virginidad era dechado de virtud (Apocalipsis 14: 4)

Volvamos al campo lingüístico: en castellano, la palabra “hasta”, admite el significado: “antes no, pero después sí”, pero en el hebreo, no se acepta el cambio de situación posterior. Veamos algunos ejemplos:

• En 2 Samuel 6: 23, leemos: “Mical, hija de Saúl nunca tuvo hijos hasta su muerte”. ¿Significa que Mical tuvo hijos después de morir?
• En San Juan 9: 18, se lee: “Los fariseos no creyeron en el milagro del ciego, hasta que llamaron a los padres”. Pero es evidente en ese pasaje, que después del llamado de los padres, los fariseos, tampoco creyeron en el milagro.

Por otra parte, clásicamente, los católicos responden del siguiente modo, sobre el tema de los presuntos hermanos de Jesús: el Evangelio habla de los hermanos de Jesús (Mateo 13: 55, Marcos 6: 3), pero con esta palabra “hermano”, se cubre a primos, hermanos y parientes. En hebreo no había palabra para decir “primo”, por eso el concepto de hermano, cubría ese parentesco. Desde una perspectiva de modismo lingüístico, el Evangelio no habla de los “hijos de María”, sino, de los “hermanos” de Jesús, es decir, de sus parientes.

De nuevo, el tema de la virginidad es clave: el Salvador debe ser hombre y Dios, para poder cumplir su misión (Hebreos 7: 25 – 26); el nacimiento virginal, cumple esos requisitos:

a) Para que el Salvador fuera humano, tenía que nacer de una mujer.
b) Para que el Salvador no tuviese pecado, debía ser fecundado por el Espíritu Santo (Hebreos 4: 15); en términos de la teología católica, podemos decir que: el Salvador no podía estar marcado por el pecado original.
c) La única manera que el Salvador, fuese Dios, es que Dios – Padre, fuese su progenitor.

En esta línea, podemos entrar en un tema central de la Cristología (Esta es la rama de la teología que estudia a Cristo): Jesús tiene en sí dos naturalezas: es verdadero Dios y verdadero hombre, hombre sin pecado.

Al vivir y sufrir como ser humano, Jesucristo, se solidariza con las debilidades de los seres humanos (Hebreos 4: 15 – 16); como Hijo de Dios, él tiene poder para liberar a la humanidad, de la esclavitud del pecado. Es de este modo, que Jesús, nos libera “desde adentro”.

Así las cosas, Jesucristo llena los requisitos para servir como rescatador (Redentor), de nuestros pecados, así como sumo sacerdote que intercede por todos los que se acercan a Dios (Hebreos 2: 9 – 18)

Como puede verse, el texto de San Mateo, relata el nacimiento de Jesús, con gran dignidad y simplicidad. Para este autor, así nace el Ungido (Mesías) – Rey, Dios irrumpe en el tiempo, el Omnipotente, llega como un pequeño bebé, verdadero Dios y verdadero hombre.

El que iba a consagrar un nuevo orden (El Reino de Dios), debía el mismo nacer de modo novedoso: esta es la navidad: un hombre nace en Dios y en este hombre, Dios nace. El origen de Cristo, no es por sangre o por voluntad de carne, no es por voluntad de varón, es voluntad de Dios. No en balde, no es curioso que este pasaje que hemos reflexionado, inicie y termine con el nombre de Jesús.

Ahora bien, vale la pena rescatar algo que acabamos de decir: un hombre nace en Dios y en este hombre, Dios nace. Esto es clave para comprender la encarnación: no estamos ante leyendas griegas de dioses que embarazan mujeres, la encarnación es el modo en que el Espíritu Santo, irrumpe en un hombre: Jesús de Nazaret. Éste, siendo hombre, es absolutamente Dios.

En este punto, vale la pena entrar en una reflexión más personal:

• ¿Nos damos cuenta como María y José, de la presencia de Dios en nuestra vida?: Dios nos habla por la Biblia, en el catolicismo, Dios habla por la Tradición y el Magisterio. Aún más: ¿Dejamos a Dios hablarnos en la oración?
• ¿Estamos como San José, dispuestos a cumplir la voluntad de Dios?, ¿Estamos dispuestos a arriesgarnos por cumplir esa voluntad?, ¿Cómo vivimos nuestra confianza en Dios?
• Los matrimonios podrían hacer memorial (Presencia), del amor de Dios en su unión marital.

III

Reflexionemos ahora el relato del nacimiento de Jesús, según San Lucas (Capítulo 2, versículos del 1 al 20). Veamos primero la composición del texto: antes de este pasaje, Lucas ha recogido los hechos a través de los comentarios en los que la comunidad ha puesto ya su visión, su fe y su interpretación cristiana del Antiguo Testamento (Por eso hablamos de los textos midráshicos. Por eso se ven en el relato: ángeles, gloria, cumplimiento de las profecías). Además, Lucas se suma como teólogo (Ya veremos que el ángel que se le parece a los pastores le da tres títulos claves al niño)

Dice el versículo 1: “Por aquel tiempo, el emperador Augusto ordenó que se hiciera un censo de todo el mundo”.

De arranque, Lucas plantea coordenadas históricas para ubicar el nacimiento de Jesucristo: habla de Augusto, quien fue emperador romano, del 27 a.C. al 14 d.C. (Ya en ese tiempo a los emperadores se les daba el título de “Césares”, en recuerdo de Julio César, el gran antepasado. Octavio, sobrino de Julio, se daría el título de “Augusto”, es decir, “divino”, corría el año 27 a.C.) Corresponderá a Augusto la creación del imperio que sustituye a la República romana, además expande ese imperio hasta cubrir todo el mediterráneo, estableciendo la famosa “Pax Romana” e introduciendo la época dorada de la literatura y la arquitectura de Roma.

Del mismo modo, habla de un censo, que tenía por objeto “que nadie se escapara” de la recaudación de impuestos y el potencial servicio militar (En este punto, hay que tener presente que los judíos, estaban exentos de este servicio). De hecho, las tasas impositivas, se llevaban el 12, 5% de las entradas del campesinado pobre, súmese los diezmos que debían darse a los sumos sacerdotes y los pagos de deudas a los propietarios de la tierra.

Adicionalmente, cuando el texto dice: “…que se hiciera un censo de todo el mundo”, está hablando del imperio romano (El país judío era la provincia frontera del imperio en el oriente). Conste que fuera de este texto, no hay noticia de un censo en todo el imperio, bajo este emperador. Quizás basados en esto último, algunos especialistas nos dicen que Lucas quería destacar que Jesús nace fuera de su pueblo (Nazaret), por una orden imperial, un hombre todopoderoso, un “dios”, que había “pacificado” el mundo, un hombre que era alabado como “salvador del mundo entero”. Así, Lucas quiere contraponer a los llamados “grandes salvadores del mundo” y la verdadera salvación de Dios.

Versículo 2: “Este primer censo fue hecho siendo Quirinio gobernador de Siria”. Según fuentes históricas, Quirinio hizo este censo entre el los años 6 y 7 d. C. pero ese censo solo contemplaba el territorio de Judea.

El asunto es que Quirinio, ocupó la gubernatura de Siria en dos ocasiones: una, entre el 6 y el 4 a.C. y la otra, del 6 al 9 d. C. para algunos especialistas Protestantes, en las 2 ocasiones, este gobernador hizo censos (Esta tesis, fue planteada por el finado arqueólogo, Sir William Ramsey, profesor de las universidades de Oxford y Cambridge), pero del que habla el Evangelio, es el segundo censo entre el los años 6 y 7 d. C. (Sin embargo, para Ramsey, el texto hablaba del primer censo)

Para otros, se desconocen gran parte de los hechos históricos relevantes para dar una respuesta definitiva. Otros más, inclusive, refieren a un problema de traducción, éstos, dicen que la traducción de este texto debe ser: “Este censo tomó lugar antes que Cirenio gobernara Siria” (Uno de los especialistas que apoyaron esta idea fue, el ministro y evangelista Pentecostal, Finis J. Dake)

De estos dos eventos (El censo romano y el de Quirinio), algunos expertos explican que lo que San Lucas hizo, fue, convertir un hecho local (El censo de Quirinio), en un hecho universal (El censo a todo el imperio romano), esta tesis queda reforzada con lo expresado por los teólogos católicos, José Ignacio y María López Vigil, quienes sostienen que Jesús pudo haber nacido poco tiempo antes de la anexión definitiva de Palestina al Imperio Romano o poco tiempo después.

Ahora, repetimos: Según fuentes históricas, Quirinio hizo este censo entre el los años 6 y 7 d. C. de hecho, el historiador Josefo, ubica el censo en el año 6, esto implica que las cronologías de San Mateo y de San Lucas, sobre el nacimiento de Jesús, no concuerdan: para Mateo, Jesús nace antes de la muerte de Herodes el Grande (Año 4), quizás entre los años 8 y 6, siendo lo más probable el año 6.

El censo de Quirinio, históricamente fue fundamental, porque significó la reorganización de la provincia procuratoriana, ya bajo el dominio del hijo de Herodes: Arequelao, lo que provocó la insurrección del llamado “Judas el Galileo” (De esta revuelta se habla en Hechos 5: 37: el rabino Gamaliel, recuerda ese pasaje de la historia.); de hecho, los eventos se dieron así: por la insurrección de “Judas el Galileo”, la provincia le sería quitada a Arquelao y dada a Quirinio (O Quirino)

Este tema del censo, tiene otro aspecto importante: ya hemos dicho que, de estos dos eventos (El censo romano y el de Quirinio), algunos especialistas explican que lo que San Lucas hizo, fue convertir un hecho local (El censo de Quirinio), en un hecho universal (El censo a todo el imperio romano); en esa lógica, quien haya mandado a hacer el censo, actúa como un propietario que define las tasas impositivas.

Por esta razón, el censo era indignante, la propiedad de las tierras, era del que mandaba a hacer el censo. Pero aquí también se da una situación religiosa, Israel no debía ser censado, pues el propietario era Dios y nadie podía apropiarse de tierras y gentes.

De hecho, el censo constaba de dos etapas: la primera era el registro (Se levantaba un inventario y catastro de personas y propiedades), la segunda, era propiamente el censo (Se asignaban los impuestos y se comenzaba a cobrarlos), conforme a esta evidencia, el nacimiento de Jesús, se habría dado durante la etapa de registro.

Versículo 4: “Por esto, José salió del pueblo de Nazaret, de la región de Galilea, y se fue a Belén, en Judea, donde había nacido el rey David, porque José era descendiente de David”.

Belén, significa: “casa de pan”, esto por la gran cantidad de cereales que producía. La fertilidad agrícola de la zona, derivó su antiguo nombre, que era “Efrata”; otros autores dicen que ese nombre, viene de la familia a la que pertenecían esas tierras, “la familia de Efrat”.

En suma: la pequeña aldea, era un oasis en aquella región desértica, donde como bien dice el texto había nacido David. Belénestá cerca de Jerusalén (8 Km. al sur de esa ciudad) y a unos 3 días de camino, desde Nazaret (145 Km., cinco jornadas de camino, dicen algunos autores). Judea, era la provincia romana ubicada al sur de Israel, región ocupada anteriormente por el reino de Judá.

Hoy, en Belén, se encuentra la Basílica de la Natividad, construida hace un poco más de 1500 años, es uno de los templos cristianos más antiguos del mundo, como fue edificada en tiempos de guerra, su entrada es baja y estrecha, para que la caballería no pudiese pasar.

Versículo 5: “Fue allá a inscribirse junto con María, su esposa, que se encontraba encinta”. Ya en la reflexión del texto de Mateo, hemos explicado esto del compromiso, el desposorio y el matrimonio en la sociedad judía de los tiempos de Jesús. Sin embargo, se plantea un pequeño detalle sobre este texto: si María era solo la prometida de José, hubiera supuesto una clara violación de las buenas costumbres, el haber emprendido juntos el viaje a Belén y convivir allí, juntos cual si fueran matrimonio.

Solo queremos agregar aquí, que para algunos conocedores, María también era de la casa de David, para otros, era de la casa de Leví. Por otro lado, dado que el censo era enviado por el gobernador Sirio, la historia nos indica que en ese territorio, las mujeres mayores de 12 años, debían pagar un impuesto en el censo, por lo que debían registrarse.

Otros especialistas, dicen que los romanos en sus censos, no obligaban a los censados a abandonar sus casas para empadronarse, por lo que al observar este “estilo” de censo, en el que José y María debían ir de Nazaret a Belén, se estaría ante un censo de tipo “judío”, mientras Herodes todavía era rey. Esto refutaría que se hablara del censo de Quirinio. Con esta tesis, desaparece el problema cronológico del nacimiento de Jesús, planteado entre San Mateo y San Lucas.

El asunto es, que se han descubierto posteriormente a esta idea, documentos de un censo antiguo, que ha arrojado bastante luz sobre la costumbre de requerir a los ciudadanos que regresaran a sus ciudades para censarse.

Una orden oficial gubernamental que data del 104 d. C., reza así: “Gayo Vibius Máximus, Perfecto de Egipto (Dice): viendo que el tiempo ha venido para que se cense casa por casa, es necesario obligar a todos aquellos que por cualquier causa estén residiendo fuera de sus provincias a que regresen a sus propios hogares, para que puedan cumplir el orden regular del censo y también puedan asistir diligentemente al cultivo de sus cuotas”. Además, otro papiro, que data del año 48 d. C., indica que la familia completa estaba involucrada en el censo.

Versículo 7: “Y allí nació su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales y lo acostó en el establo, porque no había alojamiento para ellos en el mesón”. En primer lugar, no se debe olvidar, que conforme a las profecías, el Mesías nacería en Belén (1 Samuel 16: 1; Isaías 11: 1; Jeremías 33: 15; Ezequiel 37: 24; Oseas 3: 5; Miqueas 5: 1) y conste, Jesús nació, fue parido por María, no apareció “milagrosamente”. De hecho, para algunos teólogos, José fue el que la ayudó en el parto.

En segundo lugar, está el título de primogénito que es vital. En términos llanos, se entiende como el primer hijo, pero éste tenía privilegios y deberes especiales. A él, le correspondía el primer puesto después del padre y una doble parte de la herencia familiar. En el caso de Jesucristo, el título de primogénito, implica su supremacía universal (Esto lo vemos en muchos escritos de San Pablo, en el texto a los Hebreos y en el libro del Apocalipsis)

Ahora bien, aquí de nuevo vemos diferencias en la teología bíblica católica y protestante: para los segundos, si Jesús es el primogénito, luego, María tuvo más hijos. Para los católicos, el título subraya una dignidad y los derechos del niño, no hermanos menores. Diría San Jerónimo: “todo unigénito es primogénito, pero no todo primogénito es unigénito”.

La tesis católica es reforzada, en un descubrimiento arqueológico hecho hace algunos años, de una inscripción sepulcral de una madre joven hebrea que “murió al dar a luz a su hijo primogénito”. Es decir, a su hijo primogénito, no siguieron otros. Este descubrimiento, fue llevado a cabo en la necrópolis judía de Tell el Yehudieh. La fecha de la inscripción es del 5 a. C. En el epitafio se lee: “Los dolores de parto de mi hijo primogénito me condujeron a la muerte”.

Por otro lado, véase que el texto dice: “…lo acostó en el establo…”: en griego, esto puede referirse al establo mismo o propiamente al pesebre (En griego: phatné), que es una especie de cajón en donde se daba de comer a los animales. Sin embargo, este concepto de cajón, puede traer confusión: el comedero, estaba hecho típicamente de piedra (No de madera, como se pudiese pensar), no solo se usaba para la comida, sino para darle agua a los animales.

Aún más, el versículo nos dice: “…porque no había alojamiento para ellos en el mesón”: aquí mesón, es la posada donde se alojaban los viajeros. Da la impresión que aquí se usa la palabra “mesón”, como traducción de la palabra griega “kataluma”, que es usada en el Antiguo Testamento griego, como refugio para los nómadas en el desierto. Este término significa “alojamiento”, por lo que podría estarse hablando de una habitación de huéspedes en una casa de familia.

Para algunos investigadores no – creyentes, no es aceptable que en Belén hubiesen mesones, ya que la aldea no estaba cercana a alguna ruta principal, por lo que para ellos, el relato de San Lucas, es ficticio. El asunto es que este argumento es mera conjetura.

Para algunos traductores, más que una posada, estamos hablando de un albergue (Así se traduce la palabra griega “kataluma” de la que ya hemos hablado, esto en el Nuevo Testamento), una especie de sala. Además, debe tomarse en cuenta que, la aldea de Belén, estaba construida sobre una colina calcárea, por lo que estaba llena de cuevas naturales o hechas por el hombre para extraer piedras para construir las casas en las que habitaban las familias pobres.

Aún más: este sitio pudo haber sido dado por la familia de José en Belén. No es lógico, que José y María no hayan hecho preparativos para el viaje. Aunque algunas líneas teológicas, católicas y protestantes, refieren a no encontrar un lugar donde hospedarse. En ese marco, algunos teólogos han ido más allá y alegan que la razón del rechazo a María, en estado de embarazo, era el que podía “impurificar legalmente”, todo lo que tocase después de que diese a luz.

Otros dan elementos más racionales: en el ámbito del censo, todo estaba lleno o los precios de alojamiento, eran muy altos y no los podían pagar. De este tema, surge la costumbre popular, de “las posadas. Para algunos especialistas, la cueva donde nació Jesús, contaba con dos salas separadas por un estrechamiento de la misma cueva. La sala del fondo, servía probablemente de bodega y establo.

Tomando en cuenta el concepto de hospitalidad en Israel, no es extraño, que se considerara inconveniente el que María diera a luz entre hombres, por lo tanto, se le da un espacio detrás de donde estaban los animales, donde ella podría estar mejor.

Otros especialistas, plantean una visión diferente de lo que aquí decimos de la cueva: volvemos al concepto de mesón: en algunos de ellos se guardaban a los animales en los patios, con las personas en apartamentos sobre una plataforma elevada alrededor del patio, la cual a veces era de 30 metros cuadrados.

Eso sí, en esta línea, el albergue no era lujoso (Algunos creen que Jesús nació en una especie de hotel de la época: el erudito católico, Alberto Colunga describe así el espacio: “un patio cuadrangular, a cielo descubierto; en el centro se deposita el bagaje, y en los cobertizos se acomodan los viajeros”), por eso posiblemente el pesebre estuviese en un rincón de ese albergue, éste estaba tan lleno, que no encontraron un lugar mejor para recostar al niño.

Por otro lado, el pesebre, no es solo un tema circunstancial. De nuevo, vemos la opción de Dios por lo sencillo y por la pobreza. Jesús es rey de reyes, pero no nació ni vivió como rey en esta vida. Esto nos debe enseñar a los creyentes, a vivir en humildad y sencillez (Recuerde: cuando anhelemos la grandeza, conmemoremos el pesebre).

Aun más: el hacer la voluntad de Dios, no es garantía de comodidad, hasta lo incómodo, tiene un significado en el plan de Dios (De toda suerte, el nacimiento de un niño, en tiempos antiguos, siempre ocurría con mucha penuria. Rememórese: Génesis 3: 16). Súmese que contrario a lo que se nos presenta en las escenas navideñas, los alrededores de esos albergues, eran oscuros y sucios.

Adicionalmente, nótese que la primera oferta de este mundo al niño Jesús, es un grupo de animales y un pesebre…

Una piadosa leyenda, dota ese sitio de dos animales: un buey y un asno: en Isaías, capítulo 1, versículo 3, leemos: “Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo. Pero Israel no conoce, mi pueblo no discierne”. Esos son los animales que encontramos en nuestros portales, se sabe que debemos a San Francisco de Asís esa tradición. Indudablemente, el “Pobre de Asís”, conoce e interpreta el texto en clave navideña.

Súmese que la crítica explícita del profeta, nos expresa algo a nosotros: “La humanidad se dice inteligente y rechaza a su Señor, a éste, hasta los animales lo reconocen”. San Juan dirá respecto a Israel: “Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron” (Juan 1: 11); en esa “inteligencia”, no hay comprensión: María es madre de Jesús, Jesús es Dios, María es madre de Dios: en Jesús, no se pueden dividir humanidad y divinidad. Ya lo escribiría San Pablo: “Al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo nacido de una mujer” (Gálatas 4: 4)

Además, el versículo que comentamos dice: “…lo envolvió en pañales…”: a los bebés, se les lavaba, se les frotaba con sal y posiblemente con aceite de oliva y luego eran envueltos (Ezequiel 16: 4). Se solían usar tiras de tela para envolver a los niños recién nacidos (mantas y vendas finas, eran usada por los ricos).

Pero además, los pañales mantenían a la creatura abrigada y le daban un sentido de seguridad. Adicionalmente, se pensaba en la protección de los órganos internos del niño. Esta costumbre, sigue vigente en muchos de los países del Medio Oriente. Esta es una señal de cuidado cariñoso. Luego del envoltorio en pañales, lo que seguía era avisarle al papá, para que fuera felicitado.

Algunos teólogos católicos, como Mauro Orsatti, hacen referencia a una proyección entre los pañales y las futuras mortajas de Jesús. Este tipo de proyecciones es muy propio de la teología católica clásica. Aun más, en esta línea, el pesebre, es una proyección del sepulcro, esto se verá en muchas imágenes basadas en este pasaje.

Jesús nace en Belén: no hay evidencia para negar la muy antigua tradición que ubica el nacimiento de Jesús en ese territorio, de hecho, la gruta donde se dice nació Jesús, se ubica en el centro de la ciudad (San Justino ya halaba de la cueva), allí vivió algunos años San Jerónimo, mientras traducía la Biblia al latín.

En el año 135, el emperador Adriano hizo desaparecer la gruta debajo de un bosque artificial dedicado al dios Tamuz, para cortar la peregrinación que se hacía desde los primeros años. Hoy, la pequeña gruta, está dentro de la Basílica de la Natividad, de la que ya hemos expuesto. En el suelo hay una estrella, señalando, basados en la piedad y no en la historia, donde nació Jesús: el símbolo tiene grabada una inscripción: “Aquí nació Jesús de María Virgen”.

Este segmento del Evangelio de Lucas, es contribución exclusiva de este autor (Esto no se encuentra en el relato de Mateo): Lucas fue compañero de Pablo, escribe su Evangelio del 75 al 80 d. C. Ciertamente el utilizará el Evangelio de Marcos (Que es el primer Evangelio escrito), pero también usa otros escritos y tradiciones orales que ha investigado cuidadosamente. Esto último es clave: Lucas escribe desde la perspectiva de María, y quizá basa sus relatos de la infancia, en entrevistas hechas a ella.

En esta línea, debe recordarse lo que se nos dice en el capítulo 1, versículo 3, de ese Evangelio: “Después de haber investigado todo con sumo cuidado desde su origen, me ha parecido una buena idea escribírtelo por orden”.

Finalmente, de los versículos del 4 al 7, debe decirse lo que en su momento dijo el evangelista J. N. Darby: “Comenzó en un pesebre, y acabó en una cruz, y a todo lo largo del camino no encontró donde posar su cabeza”.

¿Cuánta gente vive en pobreza en nuestro país?

¿Cuántos vienen del campo a la ciudad, engrosando los cinturones de miseria?

¿Somos conscientes de que entre los pobres, entre esas gentes, nace Cristo?

No, no es en las tiendas, no es en los “Malles”. No es donde se miran las riquezas y las apariencias…

Hay gente que sueña con peregrinar a Belén, cuando en nuestro país hay muchas “Sagradas Familias”… se puede llamar Francisco, Juan, Pedro, Lorena… pero el que nace en medio de esa pobreza es Cristo.

Que ciegos y sordos somos, cuando creyendo celebrar la Navidad, tenemos la mirada puesta lejos del albergue o establo de Belén… así de ciegos, nos tienen las luces de los comercios, éstas nos impiden ver el verdadero rostro de Jesucristo. Por ver “luces”, no vemos la verdadera luz. Pero además, es que no queremos ver la luz de Cristo, porque esa luz, se cuela por todos los rincones, descubre nuestras miserias, nuestras limitaciones, nuestras mezquindades.

Esa luz, no es como la que adorna casas y comercios, no es puro adorno. La luz que es Cristo, compromete, exige cambios dolorosos en nuestra existencia. Es una luz despiadada, fastidiosa, provocativa. Por eso preferimos ver otras luces o cerramos los ojos.

En este punto observamos que lo que podríamos conocer como “Evangelios de la Navidad”, son harto molestos: la verdadera Navidad, no está atiborrada de retórica, llena de poesía vulgar (Hasta de reggaetón), no está llena de empalagamiento. No es la Navidad, para exhibir a los pobres y “tocando el corazón de los pudientes”, ellos hagan alguna obra de caridad.

Versículo 8: “Cerca de Belén había unos pastores que pasaban la noche en el campo cuidando sus ovejas”: el territorio judío ha sido usado por mucho tiempo para apacentar ovejas. Basados en este texto, muchos especialistas Protestantes (Por ejemplo, Finis J. Dake, que ya hemos citado), sostienen lo que la teología católica nunca ha negado: que Jesús no nació en diciembre, cosa de la que hemos hablado en el acápite I, de esta reflexión.

Nótese: ¿Quiénes son los primeros en recibir la noticia del nacimiento?: los pastores, ellos son pobres (Esa es la naturaleza del oficio, de hecho, en Israel, eran considerados miembros de la clase más baja (Génesis 46: 33 – 34)); Es más, tenían fama de ladrones, conforme a la ley judía, no podían ser testigos en los juicios.

Alberto Colunga, dirá que los fariseos tenían prohibido tratar con ellos, al considerarlos desconocedores de la ley, para los religiosos, están fuera de la fe judía y están destinados al infierno.

Esto es importante tomando en cuenta que: Abraham, Isaac, Jacob, Raquel, Moisés, Aarón, David y Amós, prominentes personalidades en la historia del país, fueron pastores, pero además en ellos, se mira como los humildes, son los escogidos para recibir los privilegios de Dios, esto será un mensaje clave en el Evangelio de San Lucas (Lucas 4: 18). Es decir, para Dios, los grandes son los pequeños, los últimos son los primeros, los arrojados de la sociedad, sus clientes privilegiados.

Véase que la primera indicación de este singular nacimiento no fue dada a los líderes religiosos de Jerusalén. Ya lo decía el pastor James S. Stewart: “¿No hay acaso todo un universo de significado en el hecho de que los que primero vieron la gloria de la venida del Señor fueron gente ordinaria, ocupados en tareas muy ordinarias? Esto significa, primero, que el puesto del deber, por humilde que sea, es el lugar de la visión. Y en segundo lugar significa que es a aquellos que se han mantenido en las profundas y sencillas piedades de la vida, y que no han perdido el corazón de niño, a los que se les abren más rápidamente las puertas del Reino”.

Es más: Jesús se llegará a identificar como “el buen pastor” (Juan 10: 11 – 16); los autores de los salmos, identificarán a Dios, como un pastor (Salmo 23; Salmo 100: 3); el profeta Ezequiel hará lo mismo (Ezequiel 34: 12 – 16). Podríamos interpretar desde la fe, que el ángel que se le aparecerá a los pastores, los invitará a recibir al Cordero de Dios (Juan 1: 36)

Por otro lado, el hecho de “…unos pastores que pasaban la noche en el campo cuidando sus ovejas”, no significa que se estuviera en época de verano, pero sí es posible, que fueran rebaños dedicados a los sacrificios del templo, que se ubicaban cerca de Jerusalén. En términos temporales, los pastores nunca guardaban sus rebaños afuera en el invierno, desde octubre o noviembre, hasta la siguiente primavera. Era la costumbre sacar afuera los rebaños después de la Pascua, permaneciendo hasta las primeras lluvias de octubre o noviembre. Para Alberto Colunga, ya citado, los pastores del texto, eran trashumantes, pues ellos tenían los rebaños fuera, de noviembre a enero, esto por lo suave de la temperatura.

Desde una perspectiva teológica, esto tiene sentido: los primeros que conocen el Evangelio, son los que están “afuera”, pues los que están “adentro”, los que están en la institución religiosa, no terminan de entender a Dios.

Aun hoy, los pastores árabes, conducen sus rebaños por los terrenos que rodean Belén. También hoy en las afueras de la ciudad, en el llamado “campo de los pastores”, hay una iglesia en forma de tienda beduina, recordando a los pastores del Evangelio.

Versículo 9: “El ángel del Señor se les apareció y los rodeó de claridad la Gloria del Señor y fueron presa del temor”: como lo vimos en el relato de Mateo, San José es presa del temor ante el misterio divino, los pastores tienen la misma reacción ante el ángel y la Gloria del Señor. Ya lo dice el libro de la Sabiduría: “Cuando un sosegado silencio todo lo envolvía, y la noche se encontraba en la mitad de su carrera, tu palabra omnipotente, cual implacable guerrero, saltó del cielo, desde el trono real, en medio de una tierra condenada al exterminio. Empuñando como cortante espada tu decreto irrevocable”. (Sabiduría 18: 14 – 15)

Hoy hemos roto el silencio con el ruido de la fiesta…

Ahora bien, resulta interesante que el teólogo Protestante A. Boyd Luter, dice que ese “ángel del Señor”, es el mismo Gabriel. Lo cierto es que la frase griega “…se les apareció”, implica que estaba a corta distancia de ellos, pero suspendido en el aire.

Respecto a la “Gloria del Señor”, nos dice este mismo especialista, que era una luz brillante (En medio de la oscuridad de la noche) que indicaba su espléndida presencia. Finis J. Dake, nos referirá a la palabra hebrea “shekinah”, que siempre simbolizaba la presencia de Dios. En esta línea, también se ubicará el católico, Alberto Colunga.

Versículo 10: “Pero el ángel les dijo: ‘No teman, porque yo vengo a comunicarles una buena nueva que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo’”: en primer lugar, son importantes las palabras: “buena nueva”: estas se pueden traducir como “Evangelio” (Este es un término favorito en el Evangelio de Lucas) y estas palabras, tienen un significado político: en el imperio romano, muchas de las proclamaciones del César, eran evangelios: por ejemplo, su entronización, su cumpleaños, las celebraciones de sus victorias militares. Una evidencia arqueológica de ello, es una inscripción imperial que se ha encontrado y que dice: “El nacimiento de nuestro dios (César), ha señalado el comienzo de las buenas nuevas para el mundo”.

Desde una perspectiva muy literal, algunos especialistas ven en este texto, una profecía y una promesa. En esta línea, sería la novena profecía en el Nuevo Testamento y en el versículo 26, de este pasaje que estamos reflexionando, veremos su cumplimiento.

Por otra parte, es claro: la alegría (Junto a la paz), son de los primeros frutos del Evangelio cuando lo recibimos. El regocijo, es un elemento fundamental en el Evangelio. Mas para recibir el Evangelio, se requiere un corazón humilde y un deseo de aceptación. No se requieren cualidades extraordinarias. Cristo nos acepta, tal como somos. Los teólogos Católicos, Orsatti y Pagola, desde ópticas distintas (Desde el “Cristo de la fe” y desde el “Jesús histórico”, respectivamente), sostienen que esa alegría y esa paz, son las mismas de los apóstoles cuando encuentran a Jesús resucitado.

Debemos estar alegres, porque hay un Dios que piensa en los seres humanos con amor, que baja hasta el hombre, que se acerca al hombre, ¡que se hace hombre!; Dios se hace caminante para recorrer con nosotros el mismo camino, compartiendo nuestras penas, y miserias, nuestras lágrimas, angustias y esperanzas. Un Dios que viene a traernos salvación a todos. Un Dios que se nos revela como la misma misericordia.

Debemos estar alegres, porque se nos abre una posibilidad que es una verdadera locura: Dios se hace hombre en Cristo, para que podamos Cristificarnos (Hacernos como Cristo): debemos estar locos de alegría.

Esa es nuestra misión: Cristificarnos. Que Cristo nos penetre íntimamente, nos transforme… que al mirarnos, la gente mire a Jesucristo mismo. Que nuestro principal regalo sea encarnar a Jesucristo. Ese Jesucristo que se entrega sin reservas a todos.

Debemos ser testigos de la alegría cristiana: esa alegría es salvación, no condenación. Es liberación, no opresión. Es verdadero gozo y no tristeza…

Dice la Biblia (En el texto que es su corazón): “¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3: 16. Biblia Latinoamérica); Dios nos da su mejor regalo, pero nosotros lo enterramos en medio de bolsas y papeles de obsequio.

En el versículo 11, el ángel le dice a los pastores: “Hoy les ha nacido en el pueblo de David un salvador…”: ya vimos en la reflexión del relato del nacimiento según San Mateo, el significado del nombre de Jesús: Salvador (Del griego sotér: libertador, redentor. Valga decir que este término, tiene un peso religioso – político: esta palabra se relacionaba con las antiguas deidades y de hombres que dieron gran libertad a un país). En el Antiguo Testamento, sobre todo, los Salmos y los Profetas, el título se aplica a Dios mismo.

Pero este texto de Lucas, también nos trae ecos de la profecía de Isaías capítulo 7, versículo 14, de la que también hemos hablado. Aquí cabe decir que acaba la educación religiosa propia del Antiguo Testamento, Dios envía a su hijo, él es la verdad plena (San Juan 14: 6)

La Navidad es un tiempo para dejarnos contagiar del amor de Dios, ese amor, vence nuestros temores, Dios está siempre entre nosotros: en la antigua alianza, a través del tabernáculo y del templo, hoy a través de Jesús mismo (Mateo 28: 20); Jesús que viene como un niño indefenso, nos muestra que su presencia está entre los débiles, los marginados, los oprimidos.

Veamos algunos otros elementos de esta “Buena Nueva”: “Hoy les ha nacido en el pueblo de David un salvador…”:

a) La maravilla de la noticia: ya lo hemos visto, el cumplimiento de las profecías (Génesis 3: 15; Isaías 9: 6)
b) Los destinatarios de la noticia: los pastores y “’…para todo el pueblo…’”
c) La vigencia de la noticia: “Hoy les ha nacido…” (Véase también 2 Corintios 6: 2)
d) El protagonista de la noticia: Jesús, Salvador y Rey (Mateo 1: 21; 2: 2; Salmo 24: 7)
e) La proximidad del objeto de la noticia: “…Hoy les ha nacido en el pueblo de David…” (Véase también: Hechos 17: 27; Apocalipsis 3: 20)

Sigue diciendo el versículo 11: “…que es el Mesías…”: este es un título hebreo que equivale a la palabra griega “Cristo” (Es decir, las palabras: “Mesías” y “Cristo”, son sinónimas, ellas significan “Ungido”). El sentido de esa unción es propio de la realeza. De hecho, el título de Cristo, era colocado delante de emperadores divinizados en la época helenística.

Pero en el versículo 11, el ángel le da otro título al niño: “…el Señor…”: aquí este título (“Kurios”, en griego). Tiene un peso político: “kurios”, era el título de los gobernantes seculares. El Señor, es traducción del nombre de Dios mismo.

Como se verá a lo largo del Nuevo Testamento, este título se le dará a Jesús. Véase que Jesús no es solo Mesías, el esperado, sino, que es el Señor, es Dios mismo. Por eso hemos dicho que con el nacimiento de Jesús, comienza una nueva era.

La encarnación de Cristo es el mayor milagro y la mayor demostración del amor de Dios. El Señor Todopoderoso es capaz de salvar (Romanos 14: 9; 1 Corintios 8: 6); además, “Señor” es el nombre del Cristo resucitado, es un título pascual. El Mesías pobre, será el Señor glorioso.

Sigamos profundizando en la dignidad del anuncio del ángel:

a) Jesucristo es un Rey, el Ungido (Mesías) de Dios (Salmo 24: 7; Juan 1: 41): de nuevo, si hacemos de Jesucristo nuestro rey, le debemos obediencia.
b) Él es el Salvador, Redentor (Mateo 1: 21), de nuevo, como Salvador, vino a redimirnos.
c) El Señor, como Señor, vino para ser nuestro Poseedor y Maestro en el servicio.

Como puede verse, el Evangelio trata de una persona, no de alguna religión con sus credos, doctrinas, confesiones y formas exteriores… he aquí toda una teología resumida o en miniatura.

Versículo 12: “Miren cómo lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre”: reconocerán a Dios que se hizo pobre (Filipenses 2: 6 – 8), estos pastores, verán al Señor envuelto en pañales. Pero ese pobre, al resucitar, nos comunicará sus riquezas (Filipenses 2: 9 – 11; Efesios 1: 21 – 23; Colosenses 1: 16 – 18; 1 Pedro 3: 22)

Por otro lado, véase que el versículo dice: “…hallarán a un niño recién nacido…”, de nuevo es el mismo signo de la profecía de Isaías 7: 14. La Virgen da a luz un niño, que se cría en la pobreza. A los pastores se les da un signo de la personalidad de Jesús: el Salvador – rey, nace pobre en un establo. Dios está entre la humanidad como un indefenso niño. Pero además, estando en un lugar tan impropio (Un pesebre)

Versículos 13 – 14: “De pronto una multitud de seres celestiales aparecieron en torno al ángel y cantaban a Dios: ‘Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la tierra gracia y paz a los hombres’”:

La multitud de seres celestiales, muestra como Dios quiere proclamar las maravillas que está haciendo y sus obras no están ocultas, Jesús está entre nosotros, esto lo verán en lo que llamamos litúrgicamente la Semana Santa, los niños en el Templo (Mateo 21: 16) y los profetas del Nuevo Testamento (Efesios 3: 5); aun más: todos aquellos que anuncian a Jesús hacen un servicio de ángeles.

Por otro lado, en la multitud de seres celestiales, encontramos lo sobrenatural entretejido e incrustado en cada hecho y acontecimiento de este relato. No se le puede eliminar sin destruir la armonía y consistencia de la historia completa y sin hacerla increíble o imposible.

Cuando se estudia el canto de los ángeles, se observa que tiene una serie de problemas de traducción, que sobre todo derivan de la traducción “de los 70”, que ya hemos citado. Por ello, hemos optado por la traducción de la Biblia Latinoamérica, de este himno.

Dice el himno: ‘Gloria a Dios en lo más alto del cielo…’: el cielo es donde Dios habita.
“‘…y en la tierra gracia y paz a los hombres’”: esta paz, es la que se opone a la paz externa, propia del imperio romano, los ángeles cantan sobre una paz de mente y alma, una paz que solo es posible por la vivencia de Jesucristo como Salvador. Aquí debe recordarse que uno de los títulos mesiánicos, es el del “Príncipe de la paz” (Isaías 9: 6), además Cristo les prometerá paz a sus discípulos (Juan 14: 27).

Aunque también veremos como Jesús trae conflicto (Mateo 10: 34 – 36); en los relatos de la infancia, esto se verá, en la llamada “matanza de los inocentes”.

¿Por qué esta dualidad de paz y conflicto con Cristo?: dos explicaciones: una histórica: Jesús viene a traer el Reino de Dios, ese Reino se opone al gobierno del imperio romano, que denominaremos aquí: “sistema de dominación”.

Este sistema, implicaba que, la política solo favorecía a un grupo, la economía era egoísta y la religión era opresiva. En tanto el Reino de Dios, implica una política para el servicio, una economía solidaria y una religión, que conduce a la verdadera libertad. Este conflicto será central en la vida de Jesús, ese choque lo llevará a la Pasión, muerte y resurrección.

La otra explicación, es desde la fe: ya lo hemos dicho, el pecado es la ruptura con Dios, con el prójimo y con la naturaleza (La ecología), Jesús al recomponer estas rupturas, nos enemista con el “señor” del pecado: Satanás y con sus obras (Santiago 4: 4)

Desde estas dos ópticas, vale la pena decir: que no podemos quedarnos solo con el bebé del pesebre: Jesús es más que eso, en su vida y en su enseñanza, se nos muestra a un liberador. Un liberador, capaz de establecer un reino eterno (Léase el Apocalipsis): ¿Qué imagen tenemos de Jesús?: ¿Un niño en un pesebre?, ¿Un maestro de amplia sabiduría?, ¿Un profeta?, ¿Un sanador?: para nosotros los creyentes, Jesús es Señor. A éste, verdadero Dios y verdadero hombre, no se le puede subestimar, es el único capaz de crear una humanidad nueva. En él, se refleja la mayor gloria de Dios.

Dios es el que nos muestra su buena voluntad, nos da su gracia, sin empezar a ser buenos (“El amor no está en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Dios nos amó a nosotros y envió a su Hijo, propiciación por nuestros pecados”, escribió San Juan).

Toda la predicación inicial de Jesús (Marcos 1: 15), es que Dios se nos ha acercado. Ese acercamiento implica, ir más allá de la superficialidad, se trata de crear una nueva humanidad. Dios se goza con aquellos que han encontrado su favor o gracia inmerecidos mediante Cristo (Algunos especialistas, niegan esta línea interpretativa, pero el griego nos aclara las cosas: en la frase: “gracia y paz a los hombres”, se encuentra la palabra “eudokias”, que permite traducir la frase de manera más literal: “…y paz en la tierra a los hombres que él ama”).

Dios busca convencer a los hombres que él desea el bienestar de ellos (Salmo 84: 11; 1 Timoteo 2: 4; 2 Pedro 3: 9), ese bienestar, es el arrepentimiento de los pecados y el recibir a Jesucristo, como Señor y Salvador.

Esa nueva humanidad, tiene un valor central: la paz. Esto es clave en Costa Rica, donde hace unos días atrás, el Ministro de Seguridad, ha dicho que desde hace tiempos, los costarricenses dejamos de ser pacifistas. Adicionalmente, el sistema de dominación, mató al “Príncipe de la paz” (Isaías 9: 6) y todavía hablan vanamente de paz, pero la verdadera paz, se dará, cuando Cristo venga (Apocalipsis, capítulos 19 y 20)

Pero volvamos a esa nueva humanidad que Cristo crea: la paz es un tema central en Jesucristo:

• La paz fue anunciada en su nacimiento (Lucas 2: 14)
• Él ofreció la paz (Marcos 5: 34)
• La paz le costó un alto precio (Isaías 53: 5; Colosenses 1: 20)
• Él anunció la paz a los discípulos después de la resurrección (Juan 20: 19)
• Él quitó de en medio la enemistad (Efesios 2: 14)
• Él creó un eterno pacto de paz (Isaías 54: 10)

Versículo 15: “Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: ‘pasemos pues hacia Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el señor nos ha manifestado’”: todo el anuncio del nacimiento es grandioso, en este punto, los pastores corren a ver al niño (Tienen Belén a 30 minutos de camino). Dios es maravilloso, los cristianos no deberíamos de dejar de testificar sobre él. Obsérvese además, que los pastores corren: recuerde: los perezosos nunca son parte de las revelaciones.

Pero los pastores, también nos sirven como signo de la Iglesia de los pobres, el encuentro entre el niño Dios y los pastores, es la primera liturgia de la Iglesia de los pobres…

En otro orden de cosas, es interesante: los ángeles traen un mensaje a los pastores, un mensaje que es también para nosotros hoy:

1) El emisor: es el Padre del cielo (Tito 2: 11; Juan 3: 16)
2) El mensajero: un ángel, luego los millares de ángeles, nótese como en los momentos importantes, los ángeles son claves: en el nacimiento, resurrección y ascensión de Cristo (Mateo 28: 5; Hechos 1: 10 – 11)
3) Los receptores: no fueron los “grandes” de este mundo, fueron los pobres.
4) El contenido del mensaje: Medite en Lucas 2: 10 – 15.
5) La respuesta al mensaje: “…‘pasemos pues hacia Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el señor nos ha manifestado’”
6) La confirmación: los pastores encontraron lo que se les había dicho y como veremos, regresaron adorando a Dios (Versículo 20)

Veamos con más detalle, el fruto de la noticia de los ángeles:

• Fe sincera: los pastores fueron (Versículo 15)

Otros frutos los vemos en el versículo 16: “Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre”:

• Obediencia inmediata: fueron apresuradamente (Versículo 16)
• Certeza: encontraron al niño (Versículo 16) la humanidad siempre hallará que lo que Dios dice, es verdad (2 Timoteo 3: 16 – 17)

Adicionalmente, debemos decir que en este versículo, vemos el tipo de nacimiento de los pobres…

Esos pobres, en los que nos negamos a ver a Cristo.

Es en esos pobres, en los que se nos presenta la Navidad, todos los días.

Seguimos viendo frutos en el versículo 18: “Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían”:

• Corazones gozosos que llevaron la Buena Nueva a otros (Versículo 18)
• Testimonios entusiastas: todos quedaron admirados (Versículo 18). Incluía a cuantos vivían en Belén o sus alrededores, a quienes los pastores contaron su experiencia.

Versículo 19: “María por su parte, guardaba todos estos acontecimientos y los volvía a meditar en su interior”: en este texto, se mira otro fruto del mensaje de los ángeles, si María: “…guardaba todos estos acontecimientos…”, es porque el testimonio de los pastores y otros, eran bellos y llegaban a sus oídos.

La Virgen, mira como Dios se comunica con su vida, pero esto no excluía la extrañeza y la admiración, eso sí, en ella no había desconcierto. Estaba fortalecida por la fe. En esa fortaleza, iba descubriendo los caminos de salvación. Ese descubrimiento implicaba “…volver a meditar en su interior”, pero un día todo le es revelado, fue aquel: “tercer día según las Escrituras”, en que su hijo resucitó, luego vendrá el Espíritu Santo en Pentecostés, allí quedarán iluminados los dichos y gestos de Jesús. Con esa iluminación, María será fuente principal de los relatos de la infancia. María es memoria viva de su hijo. Su vida, dio vida a Jesús: “… ¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!” (Lucas 11: 27)

Versículo 20: “Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como se les había anunciado”: glorificación y alabanza, otro fruto del mensaje de los ángeles y es un tema predilecto en el Evangelio de San Lucas, valga decir en este momento, que este segmento del Evangelio (Versículos del 8 al 20), también es contribución exclusiva de San Lucas, como ya lo hemos explicado antes:

• Zacarías alaba a Dios, durante la circuncisión de Juan el Bautista (1: 64)
• Simeón canta, cuando Jesús es presentado en el templo (2: 28)
• El paralítico sanado, alaba (5: 25 – 26)
• La gente alaba, después de la resurrección del hijo de la viuda de Naín (7: 16)
• La mujer encorvada alaba, luego de su sanación (13: 13)
• De 10 leprosos sanados, uno vuelve a Jesús, alabando a Dios (17: 15)
• El ciego de Jericó, alaba a Dios, al recuperar la vista (18: 43)
• En la entrada mesiánica en Jerusalén, la gente alaba por los milagros que había visto (19: 37)
• Después de la muerte de Jesús, el centurión romano, alababa a Dios (23: 47)
• Los discípulos van al templo a alabar a Dios, después de la ascensión (24: 53)

Volvamos a San Lucas 1: 20: “Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como se les había anunciado”: Israel estaba hundida en la noche, pero esos pastores han visto la luz, los pobres han visto la revelación de Dios. Esos pastores han tenido una experiencia contemplativa de Dios. De ellos debemos aprender, que la fe se fortalece en la contemplación y de esa fortaleza, surgen las obras propias del Reino de Dios.

En esta Navidad, pidamos a Dios la gracia de reconocer su presencia, en las cosas sencillas y contemplar su nacimiento en la vida cotidiana. Pidamos para ello, un corazón humilde y puro.

Caben en este momento, algunas preguntas para la reflexión:

• ¿Qué nos sugiere el nacimiento de Jesús, en medio de la pobreza?
• ¿Qué nos sugiere la actitud de María? (Lucas 2: 19)

Cabe también mirar actitudes que debemos tener frente a Jesús:

• Como los pastores:

a) Oír la Palabra (Versículo 10)
b) Creer en la Palabra (Versículo 15)
c) Divulgar la Palabra (Versículo 17)
d) Glorificar a Dios (Versículo 20)
e) Debemos recibir a Jesús:
1) Oyendo (Versículo 11)
2) Ir a su encuentro (Versículo 16)
3) Debemos verle (Versículo 17)
4) Glorificar a Dios (Versículo 20)

• Como María:
1) Guardar la Palabra en el corazón (Versículo 19)

Pero aquí también debemos preguntarnos: ¿Qué no debemos hacer con Jesús?: cerrarnos hasta no llegar a tener lugar para él (Versículo 7) Recuerde: todo aquel que no cree, se entristecerá, como el joven rico (Marcos 10: 22)

En Lucas, la presencia de Dios permea dos nacimientos: el de Juan el Bautista (Que no abordamos en esta reflexión, pero que se encuentra en los capítulos 1: 5 – 25. 57 – 80) y el de Jesús. En el Antiguo Testamento, se nos presenta la presencia de Dios en el Templo y ofrece su misericordia a través de los sacrificios.

Aquí vale la pena recordar que, antes del templo, una gran tienda portátil o tabernáculo, llegó a ser centro de la adoración y los sacrificios de Israel (Éxodo, capítulos del 26 al 28) Después de la muerte del rey David, su hijo Salomón, construyó un templo magnífico en Jerusalén y esta estructura tomó el lugar del tabernáculo. El punto fundamental aquí es: la presencia de Dios, pasa del templo, a un bebé: Jesús (Juan 2: 19 – 22)

Este nacimiento maravilloso, da razones tanto a los ángeles como a los seres humanos para cantar. Esta es una de las motivaciones de San Lucas, para escribir su Evangelio y les da a las Iglesias, una razón para vivir, tener esperanza y repetir los cantos una y otra vez.

Por otro lado, vale la pena recordar, que para recibir el Reino de Dios, hay que ser como niños (Marcos 10: 15; Lucas 18: 17), por eso no debemos perder nuestra ilusión infantil en la Navidad frente al niño Dios.

No en balde, Martín Lutero, al que ya hemos citado, hizo un himno sobre la Navidad: “Canción infantil para la Natividad de Cristo”:

Del alto cielo bajo yo,
La buena nueva os vengo a dar;
Oíd la paz que en grato son
Anuncia el célico cantar.
Os ha nacido un niño hoy,
De humilde virgen en Belén;
Y el niño tierno que hoy nació,
Ser debe gozo y bien.
Jesús el Cristo es y Señor,
De toda pena os librará;
Ser quiere vuestro Salvador.
Que del pecado os limpiará.

También en esta bella y solemne fecha, podemos orar: “Oh Santo niño, dame sincera humildad, aún cuando me exaltas al llamarme hijo de Dios. Amén”.

No es ocioso que como creyentes, reflexionemos sobre la vida en la cultura de la muerte.

En la vida, en medio de lo que aquí hemos definido como “sistema de dominación”.

En Jesucristo, en medio de una fiesta (La Navidad), en la que olvidamos a su protagonista principal.

La Navidad debe ser el tiempo de actuar, de fortalecer las familias.

La Navidad debe ser el tiempo de actuar, de fortalecer la amistad.

La Navidad siempre es buena y nueva noticia.

La Navidad es tiempo de renovación, ¡aprovechémoslo!

Que nazca Jesucristo, entre y en nosotros.

Todo lo que no presenta este mundo, este “sistema de dominación”, es relativo, es pasajero…

Solo hay un Absoluto: Jesucristo.


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