Qué es el Internet de las Cosas y cómo cambiará nuestra vida

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Bazar digital

Carlos Revilla

Carlos Revilla M.

Empieza a tomar importancia en el mundo de la tecnología, algo que hasta hace unos pocos años, era algo impensable, y que parecía solo para los libros o películas de ciencia ficción, pero que comienza a ser una realidad de la mano de los nuevos inventos y cambios. Me refiero específicamente a lo que se conoce como el Internet de las Cosas (IdC) o como se le llama en inglés the Internet of Things (IoT), que en la actualidad es uno de los términos más populares en la industria tecnológica.

En el pasado CES 2015 (la feria anual más importante de tecnología a nivel mundial), por ejemplo, pudimos ver cómo numerosas compañías como Qualcomm o Samsung hablaban de productos e ideas relacionadas con este concepto. Pero, ¿qué es en realidad el Internet de las Cosas? ¿Por qué todos le dan tanta importancia? ¿Cómo influirá a nuestra vida del futuro?

A continuación, trataré de constestar estas preguntas, y cómo será capaz de cambiar nuestra vida cuando se estandarice en la sociedad.

El IdC es el siguiente gran paso de la industria tecnológica. Muy resumidamente, es un concepto que se basa en la interconexión de cualquier producto con cualquier otro de su entorno. Desde un libro hasta la refrigeradora de la casa. El objetivo es hacer que todos estos dispositivos se comuniquen entre sí y, por consiguiente, sean más inteligentes e independientes. Para ello, es necesario el empleo del protocolo IPv6 y el desarrollo de numerosas tecnologías que actualmente están siendo diseñadas por las principales compañías del sector.

Recordemos, IPv6 es el nuevo estandar en Internet que reemplaza el IPv4, que es el protocolo de interconexión y que básicamente lo que hace es proveer una dirección IP única para los dispositivos, algo así como un número de teléfono o la dirección de una calle. Cuando nos conectamos a Internet con una computadora, teléfono celular, tableta, etc., se nos asigna una dirección IP, así como también cada sitio que visitamos tiene otra. El sistema de direccionamiento que hemos usado desde que nació Internet es el IPv4, y el nuevo sistema es el IPv6. La razón por la cual tenemos que reemplazar el IPv4 (y en última instancia opacarlo) con el IPv6 es porque Internet se está quedando sin direcciones IPv4, e IPv6 provee una exponencialmente larga cantidad de direcciones IP (2 a la 8 direcciones del IPv4, contra 2 a la 32 del IPv6).

Un componente muy importante, es también el de la conectividad y el acceso a Internet. En esto se han interesado las grandes compañías de tecnología como Microsoft, Google y ahora Facebook con su internet.org, que es una iniciativa que aglutina a líderes de la tecnología, organizaciones sin ánimo de lucro y comunidades locales para conectar a los dos tercios de la población mundial que no cuentan con acceso a Internet.

Vemos entonces que su trascendencia puede ser enorme, tanto en ámbitos económicos como sociales. Mayor incluso que la era digital. Y es que el IdC permite que las computadoras interactúen con elementos de la vida real y ganen independencia de los seres humanos, dejándonos a nosotros al mando de lo realmente importante.

En ese aspecto, la automatización de la casa es uno de los principales campos de aplicación. Un ejemplo práctico: gracias al IdC, los refrigeradores serían capaces de medir los alimentos restantes en su interior y encargar al proveedor especificado los elementos agotados. Así, nunca tendremos que preocuparnos de comprar leche, huevos o nuestro yogur favorito. El refrigerador medirá continuamente la cantidad de alimentos que hay y actuará independientemente en consecuencia.

Los wearables (prendas de vestir, y complementos, que incorporan elementos tecnológicos) son otro ejemplo. Cosas cotidianas como camisetas, relojes o pulseras, se hacen inteligentes gracias a la aplicación de este concepto. Ahora los relojes no solo nos proporcionan la hora, sino que también se conectan a internet, intercambian datos con servidores externos y actúan en consecuencia a la información que recogen tanto de los sensores como de los servidores. Los wearables son un claro ejemplo de objetos cotidianos conectados a internet.

También se pueden aplicar de forma más profunda en la casa. Distribuyendo una serie de sensores y procesadores, podríamos automatizar el control de las ventanas, la temperatura de la casa, las luces, etc. Y, al estar conectado todo el sistema a internet, también sería posible controlar de forma inalámbrica lo que se nos antoje.

Otro de los principales campos de aplicación es las ciudades, haciéndolas más inteligentes y eficientes. Por ejemplo: muchas veces esperamos ante un semáforo en rojo de forma totalmente absurda, pues no circula ningún coche ni ninguna persona a nuestro alrededor. Gracias al IdC, estos semáforos pueden conectarse a un circuito de cámaras distribuidas por la ciudad que identifican el nivel de tráfico y de movimiento de masas, evitando así esas absurdas esperas en las zonas de escaso movimiento.

Otro ejemplo de aplicación a las ciudades lo encontramos en las señales de tráfico. Aplicando el IdC, si vamos a una velocidad mayor de la que está permitida, nuestro carro la reduciría de forma automática al recibir los datos de alguna de las señales que nos rodean. Esto, paralelamente, facilitaría la llegada y expansión de los carros autónomos en nuestras vidas.

La estandarización del IdC tendrá un impacto económico y social casi inimaginable. Si lo llevamos a terrenos más amplios como la seguridad nacional o las empresas, la trascendencia y las posibilidades son aún mayores. Por ejemplo: huertos automatizados, alumbrados inteligentes, supervisión de máquinas… El impacto económico de este tipo de proyectos sería brutal, pues reemplazaría a muchos puestos de trabajo actuales y, sobre todo, implicaría un ahorro considerable de costos a largo plazo. Sería casi una segunda Revolución Industrial.

Como podemos ver, es claramente el siguiente gran paso de la industria tecnológica. Abre un mundo de posibilidades incalculable, mayor incluso que el que abrió en su momento la era digital. Todo pasaría a basarse en lo contextual, logrando una mayor independencia de los humanos y, por lo tanto, una mayor eficiencia y comodidad. Los primeros pasos ya se están dando (estándares, primeros prototipos y proyectos, etc.), pero, según diversos analistas, no será hasta 2020 cuando el Internet de las Cosas comience a ser algo mucho más asentado y común entre los mortales.

Definitivamente se sigue cumpliendo aquel dicho “en Internet lo único permanente es el cambio”.

 

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