Poco a poco he ido aprendiendo

Suiza No.17

Mauricio Castro Salazar
mauricio.castro.salazar@gmail.com

Mauricio Castro

Ya tenemos un poquito más de un año de vivir en Lausanne (donde venía Heidi a pasear sin Pedrito, sin el abuelo y sin copo de nieve). Como soy el que trabaja desde la casa y paso más tiempo aquí, he ido asumiendo cosas que en La Mina, en Santa Ana, una señora nos apoyaba a hacerlas, solo que aquí una señora equivalente cuenta más o menos 50 dólares la hora o sea…

“Castrosalazar: que pereza que tengás que dar tantos rodeos para contar algo, por lo menos ya dejaste el tema del calor, porque ya cansabas”—me dijeron.

Sin ayuda en la casa, aprendí cosas rápidas: no cocinar en chanclas…después de no sé cuantas ampollas…ahora cocino con zapatos cerraditos. Luego de no sé cuanta ropa con manchas naranaja-rosadas, aprendí a no poner ropa oscura cerca del cloro. Después de algunas chasparreadas a manteles individuales aprendí a no poner sartenes calientes directamente en la mesa. Luego de algunas quemadillas en la cara, aprendí a no echar cosas mojadas a un sartén con aceite, después de casi sacarme un ojo y de una chichota en la frente aprendí a puerta del mueble de cocina que abro puerta que cierro… y así de otras cositas básicas de sobrevivencia en el hogar.

“Castrosalazar: diay mae claramente no pasó el curso de manipulación de alimentos, no vi que dijera que se lavó las manos después de tocar cloro, ni después de que hizo esto o lo otro….a cada rato como mandan las normas…por menos que eso “la María Luisa” le hubiera cerrado el chinamo…¿a quién se le ocurre destapar ollas con líquidos hiriviendo sin fijarse que las gotas van para abajo….o poner cosas oscuras en cosas con cloro o echar cosas mojadas…o cosas calientes sobre la mesa…cochinada de hombrecito?—me dijeron en tono de burla.

Luego de un par de buenas quemadas en las manos entendí que los guantes para coger cosas calientes eran más útiles que los limpiones y que los trapitos esos amarillos o rosados limpia todo, así que puse en un traductor lo que ocupaba decir para comprar guantes de cocina para cosas calientes, lo repetí frente a un espejo un montón de veces y me fui…

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Fui al piso de cosas de cocina, no encontraba los guantes, luego de un rato los encontré, pero solo encontré estos…¡todos de una misma mano!

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Y busqué y busqué los de la otra mano y no los encontré. Pero como he sido acusado tantas veces que busco “como hombre”, decidí buscar un rato más, ya dado por vencido, me hice a un ladito, saqué mi telefonó y busque traducir: —buen día señora donde están los guantes para la mano derecha–. Pero como no había practicado el diálogo frente a un espejo me sentía inseguro.

“Castrosalazar: ¿cómo alguien puede ser tan burro y tan inútil?”—me dijeron desde mis adentros.

Pregunté. Pero la señora se me quedó viendo raro, creí que no me entendío, entonces le repetí la pregunta despacito, bien despacito: buen día señora dón-de es-tán los guan-tes pa-ra mi ma-no de-re-cha: —Madame, excu-sez-moi, où puis-je trou-ver des gants pour ma main droi-te?

La señora se me quedó viendo profundamente de arriba abajo como diciendo que clase de imbécil es este tío y en un español claro y fuerte me dijo:

—joder…dele vuelta a uno, al que quiera y ya— y lo hice…y creánlo o no…¡encontré el guante para mi mano derecha!

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“Castrosalzar: tenía razón la señora, que muy decentemente solo lo pensó…pero ¡que clase de imbécil!”—se burlaron.

Chillado, chilladísimo, y chequeando que nadie me hubiera visto en semejante cuadro, cogí los guantes, los pagué y me fui soplado de ahí.

No sé porque desde hace tiempo me ha dado por tomar agua con gas, desde hace unos 10 años, la mezclo con jugos o siropes y me hago frescos de manzana, limón, kolas y demás…solo que el litro cuesta cerca de 1,20 francos y como cada 3 meses gastaba unos 60 francos en botellas de agua y me empezó a parecer como un gusto caro.

Como aquí llegan miles de folletos impresos por correo ¡miles de miles…un basural! Un día me llegó el milagro de la vida: ¡el anuncio de un gasificador!

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Costaba 59, 95 o sea que en tres meses lo pagaba.

“Castrosalazar: achará tanto estudio”—se burlaron de nuevo.

Fui corriendo, lo compré, y lo abrí y cuando lo iba utilizar…oh sorpresa: ¡no venía el puto cilindro de gas!

Cogí el celular, traduje “no venía la botella de gas, me lo puede cambiar por favor”, la practiqué unos 15 minutos frente a un espejo…

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… y me fui corriendo de nuevo para el súper donde la había comprado, con la caja bien cerradita y listo para el reclamo y por supuesto para que me lo cambiaran.

“Castrosalazar: que mae tan ridículo”—me calificaron.

El mae del Coop se me quedó viendo con cara de “pobre mae, seguro lo enviaron a reclamar…pobrecito” —cosa que era bastante ajustada a la realidad.

“Castrosalazar: ¿diay mae como no? si usté nunca se fija por las prisas con que anda por la vida”—me regañaron

En resumen, la operación de pagar el gasificador se amplió a casi 11 meses: tuve que comprar el cilindro y rellenarlo….y es una operación que debo hacer cada mes…

En todo caso, confieso que poco a poco he ido aprendiendo a vivir aquí.

“Castrosalazar: ¿aprendiendo? ¡Ni vos mismo te lo crees!¡No me jodás! Contá sobre tus esperas en semáforos peatonales cuando después de 3 minutos no viene ni un solo carro, o caminar más de 50 m para no pasar por donde no hay pasos peatonales, o cuando manejás cómo te va con los semáforos o con las señales, o con “la dynamique et le rythme de la route”, o simplemente con comprar carne.

¡NO ME JODÁS que vas aprendiendo, engaña a otros”—me sentenciaron

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