Parque Nacional y Reserva Denali en Alaska: Más que una montaña

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Carlos Revilla M.

Carlos Revilla

En mi reciente viaje a Alaska, camino a la ciudad de Fairbanks desde Anchorage (un recorrido de unas seis horas), visité el Parque Nacional y Reserva Denali. Este era uno de los lugares que estaban en mi lista para conocer. Pero estábamos un poco contra el tiempo, pues a principios de setiembre termina la temporada de verano, lo que significaba que muchos de los servicios del parque, como el centro de visitantes cierran, y muchos lugares en los alrededores del parque también lo hacen.

Tuvimos la suerte de llegar el último día de la temporada y entonces pudimos hacer un recorrido por las atracciones principales del parque, eso si, en las afueras, porque para realmente visitarlo, es tanta la gente que desea hacerlo, que hay que inscribirse de previo para una rifa de los campos disponibles para ingresar. Es importante mencionar que el acceso al parque propiamente dicho se hace en buses oficiales, el carro hay que dejarlo parqueado en el centro de visitantes y sus alrededores, dado que no se permite el paso a vehículos privados.

Dentro del parque solo hay una carretera (Park Road), de la que únicamente los primeros 25 km de los 145 que mide están asfaltados, y pasa cerrada por la nieve desde octubre hasta finales de mayo. En verano los días son largos y se disfrutan de entre 16 y 20 horas de luz para observar los paisajes. En cualquier caso, las posibilidades de hacer excursiones y pasar la noche en tiendas de campaña son muy limitadas debido a una política encaminada a proteger el frágil ecosistema del parque.

En este parque se encuentra el monte Denali (antiguo McKinley) que con sus 6 193 metros es el pico más alto de América del Norte, parte de la majestuosa cordillera de Alaska. El parque y reserva natural tiene una extensión de aproximadamente 24 584 km2 (como la mitad del tamaño de Costa Rica), mide 975 km de circunferencia y unos 209 km desde su límite oriental hasta su límite occidental. Es el tercer parque nacional más grande de de EE.UU. y el más antiguo de Alaska, establecido el 26 de febrero de 1917. El Denali se eleva sobre los picos, las estribaciones y las tierras bajas que lo rodean. A su sombra, prosperan 39 especies de mamíferos, incluido el monarca de las tierras salvajes del norte, el oso pardo (grizzlie), junto a 184 especies de aves que han sido registradas y más de 1 500 especies de plantas que florecen en el parque. Ya en 1976, Denali fue designada Reserva Internacional de la Biosfera en reconocimiento de su importancia global para proteger dentro de sus límites ecosistemas completos. Los visitantes regresan con emocionantes historias sobre avistamientos de osos, lobos, caribús, alces, carneros, y águilas reales cruzando el cielo.

Y luego están las vistas… paisajes infinitos de tundra subártica y taiga, con glaciares y profundos valles y un buen número de enormes picos de montaña que casi (y digo casi) pueden competir con el monte Denali, que por cierto inicialmente fue bautizado McKinley en honor al 25° presidente de Estados Unidos, pero que se cambio oficialmente en el 2015 a Denali, que es el nombre con que siempre lo han conocido los habitantes de Alaska, que es como le pusieron los indios atabascos y que significa “el alto”.

La joya de la corona del parque es el Lago Wonder (Wonder Lake) que con su majestuoso reflejo del Denali, es uno de los principales atractivos del lugar. Este lago a menudo se clasifica como un lago de caldera, aunque por ser tan grande y estrecho podría no ser la mejor manera de describirlo. Es uno de los lagos más vastos de todo el parque, y es el cuerpo de agua más grande a lo largo de la carretera del parque. En un día despejado, actúa como un estanque de reflexión para la montaña. Juntos, el lago Wonder y Denali ofrecen un paisaje maravilloso, una de los lugares más fotografiadas del parque.

El monte Denali suele estar coronado por la bruma, pero su mejor oportunidad de contemplarlo de cerca y sin nubes es en cualquier caso acudir a una ladera situada en el corazón del parque en donde se encuentra el rústico Camp Denali, fundado por dos mujeres en 1951, cuando su tierra natal aún no había sido declarada parque nacional. Si logran poder hospedarse en alguna de las 17 cabañas de madera del lugar, no sólo disfrutarán de sus maravillosos y capacitados empleados y de su excelente comida, sino también de la oportunidad de experimentar el parque por medio de las excursiones guiadas por naturalistas o de los programas educacionales vespertinos y de explorar todas las posibilidades de avistar la fauna salvaje que ronda plácidamente por estos parajes.

Harry Karstens sirvió como el primer superintendente de este parque, de 1921 a 1928. Él fue quien marcó la pauta para el nuevo parque natural y lo puso en funcionamiento por sí solo. Partiendo de la nada, el fue pionero construyó la sede del parque, las primeras instalaciones para visitantes, las perreras de trineos y Park Road. Contrató a los primeros guardabosques e instituyó patrullas de travesía que prácticamente eliminaron la caza furtiva en las tierras del parque. En el camino, se enfrentó a desafíos logísticos inimaginables. Es recordado como un pionero, el que comenzó todo. En su honor el teatro del centro de visitantes lleva su nombre.

Kartens es también recordado por haber participado en el grupo que escaló por primera vez el Denali. El archidiácono episcopal Hudson Stuck quedó cautivado con el monte Denali y afirmó “prefería escalar esa montaña que descubrir la mina de oro más rica de Alaska”. En 1913 reclutó al -en ese entonces- musher (conductor de trineo) Harry Karstens, para liderar un intento de ascender el pico sur de la montaña. Stuck y Karstens se unieron con dos jóvenes: Robert Tatum, un trabajador de la misión episcopal, y Walter Harper, parte Atabasco (nativo), que había servido como intérprete de Stuck. Ninguno de los cuatro había escalado una montaña antes. El grupo sufrió reveses: un terremoto había destrozado una cresta en su ruta; las tormentas los inmovilizaron; la mayor parte de los alimentos y equipos se perdieron por el fuego. Pero su tenacidad fue recompensada y tuvieron éxito donde las expediciones anteriores habían fallado. 83 días después de partir, Harper fue el primero en llegar a la cima; los otros lo siguieron poco después.

Aunque no se pueda ingresar al parque directamente y dependamos de la suerte en la rifa, solo por la parte abierta al público en general y sus alrededores, vale la pena la visita. Cerca del centro de visitantes hay senderos para caminar, además de lugares de interés como la estación del tren, que es una parada del ferrocarril de Anchorage a Fairbanks, casi el único medio de transporte existente para visitar el parque, hasta mediados de los años 50 del siglo pasado. El tren es una opción muy bonita para visitar el parque, si no pueden o quieren venir en carro. El sector del río Savage, también es accesible para todos, y cuenta igualmente con senderos y un lugar para acampar.

La mejor época para visitar el parque es en el mes junio, por las flores silvestres y los pájaros; el 21 de junio por el solsticio de verano, cuando las casi 24 horas de luz solar permiten vivir una experiencia única contemplando la fauna salvaje; y de agosto a septiembre para contemplar el follaje otoñal.

Los alrededores son muy bonitos, nosotros pasamos la noche en un pueblito en las afueras del parque —como a unos cinco minutos en carro— llamado Healy, y la propia entrada del parque, en el desvío de la calle principal que conecta a Anchorage con Fairbanks, se ha desarrollado mucho comercialmente, lo que se nota especialmente en la temporada de verano, cuando se da la mayor visitación al parque.

El parque es uno de los lugares descritos en el libro “1.000 sitios que ver antes de morir” de Patricia Schultz, del cual ya les he hablado en otras oportunidades. Me faltan de conocer como 990 lugares todavía. ¡Y la lista es solo de América!

Como de costumbre les preparé una bonita galería de los principales atractivos del centro de visitante y sus alrededores, a la que le agregué algunos otras obtenidas en internet del monte Denali, lago Wonder y algunas de la fauna más representativa del parque.

También como anexo les dejo algunas definiciones de palabras, a las que no estamos muy acostumbrados aquí en estas latitudes tropicales.

 

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Anexo:

Taiga: Vegetación propia de las zonas de clima continental frío, compuesta por grandes bosques de coníferas y arbustos.

Tundra: Vegetación propia de los climas fríos que comprende musgos, líquenes y algunos árboles enanos.


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