Otra vez el partido nuevo

Ocean Castillo Loría

La más reciente encuesta de la empresa Unimer para el periódico “La Nación”, refleja que un importante sector del electorado (22%), estaría dispuesto a votar por un partido nuevo, por encima de los grupos políticos ya existentes, e inclusive, con mayor preferencia que una potencial coalición de partidos, esto de cara a las elecciones del 2014.

En Costa Rica, los esfuerzos por la constitución de partidos políticos, es clara desde el siglo XIX, donde es rescatable el partido confesional y clerical Unión Católica en evidente enfrentamiento a los liberales de la época, enfrentamiento en el que inclusive fue víctima del fraude electoral.

Por su parte, los liberales en el país, fueron más los protagonistas de grupos personalistas y clientelistas. Esto atentó contra el ideal de partidos políticos permanentes, de hecho, al desaparecer el líder político o caudillo, los grupos se retiraban de la palestra política.

La fuerza de la personalidad política de los líderes era de tal talante, que inclusive algunos han llegado a superar los límites del tiempo, tales fueron los casos de Don Ricardo Jiménez Oreamuno y Don Cleto González Víquez.

En la década de los veintes del siglo pasado, un gran esfuerzo por fundar un partido permanente e ideológico, fue el de Jorge Volio Jiménez y el Partido Reformista, pero este partido solo participa en las elecciones de 1924.

Será la década de los treintas del siglo XX, cuando llegue al escenario político, un partido ideológico: el Partido Comunista. Ya en los cuarentas, el pensamiento y la acción del Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia, permitirán que el vetusto Partido Republicano Nacional, pase de ser una formación liberal, a una de corte socialcristiano.

El “Calderonismo”, será una corriente inspiradora de importantes sectores de votantes en el país, pero en el fondo, no constituye un partido político, luego, se dará la alianza con el Partido Comunista. Es el momento del llamado “Calderocomunismo”.

Se deberá a esta alianza, la profundización en la violación de las libertades de elección popular. Es en mucho por esto, que el comunismo, al ser uno de los perdedores de la guerra civil o revolución de 1948 (Como guste el lector interpretarla), cae en una crisis en la que también por otras circunstancias, no logra levantarse.

En 1951, se funda el Partido Liberación Nacional, que hasta hoy tiene características de permanente e ideológico (Ha participado en 15 campañas electorales, ganando en 9 de ellas la presidencia de la República), sosteniendo tesis de la socialdemocracia, desde la clásica (de centro – izquierda), hasta la “flexible” (de centro – derecha)

Desde 1953 hasta 1982, la oposición a Liberación Nacional se estructuró bajo varias organizaciones, desde el Partido Demócrata, pasando por el Unificación Nacional hasta llegar a la Coalición Unidad en 1978 y la Coalición Unidad Social Cristiana en 1982.

Después “del 48”, el Partido Comunista cayó en la clandestinidad, regresando a la palestra político – electoral en 1970, con el Partido Acción Socialista. Desde ese momento hasta 1998, su promedio de votación fue de: 2, 25 %, presentándose dividida en múltiples ocasiones.

Ahora bien, hablando de esfuerzos de crear partidos nuevos con un fuerte cariz ideológico, debe hacerse referencia a la Democracia Cristiana, pero este partido no tuvo el impacto que sí vio su ideología política en países como en Chile o Venezuela en su momento.

Así, en la elección presidencial de 1974, el Partido Demócrata Cristiano llega a obtener el 0, 5% de la votación. Luego de esta experiencia, este partido se diluye en lo que primero fue la Coalición Unidad y luego sería la Coalición Unidad Social Cristiana y posteriormente, en 1983, sería ya el Partido con el mismo nombre.

Precisamente ya como partido constituido, la Unidad Social Cristiana, sería el otro conglomerado sólido frente a Liberación Nacional hasta el 2002, cuando ganaría la presidencia en segunda ronda, con la postulación del Dr. Abel Pacheco de la Espriella.

Hablando del tema de los partidos nuevos, ya para 1998, también resulta evidente la fragmentación del sistema de partidos políticos. En la papeleta presidencial de ese año, el costarricense podía elegir entre 13 agrupaciones.

La oferta iba desde los partidos tradicionales (Liberación Nacional y la Unidad Social Cristiana), pasando por la izquierda (Fuerza Democrática; Pueblo Unido; Nuevo Partido Democrático), dos partidos cristianos evangélicos (Alianza Nacional Cristiana y Renovación Costarricense), un partido neoliberal (Movimiento Libertario), entre otros.

En el 2002, entró a la palestra político – electoral una nueva fuerza: el Partido Acción Ciudadana (PAC). Resultó interesante como en su primera participación electoral, obtiene un 26,2% de los votos, convirtiéndose en la tercera fuerza política del país, por debajo, en aquel momento, de la Unidad Social Cristiana y Liberación Nacional, de hecho, el PAC es parte de los factores que fuerzan por primera vez en Costa Rica a una segunda ronda electoral, ronda que como ya dijimos, gana la Unidad.

Para el 2006, los partidos políticos eran 14, pero dada la polarización de esa campaña, dos fuerzas resultaron fortalecidas: Liberación Nacional y el PAC. Se acababa así la época del bipartidismo entre Liberación y la Unidad Social Cristiana.

A partir de ese resultado, parecía que era posible la consolidación de un nuevo binomio bipartidista, esta hipótesis era fortalecida por el hecho de que Liberación Nacional alcanzó un 40, 9 % de los votos versus un 39, 8% del PAC.

Pero lo cierto es que la dirigencia del PAC no supo interpretar esos resultados, no entendieron que mucho de ese caudal electoral provenía de los votantes de la Unidad Social Cristiana, que estaba desilusionado por la crisis dentro de su partido de origen.

Para el 2010, prácticamente dos fuerzas intentaron disputarle claramente el poder a Liberación Nacional: el PAC y el Movimiento Libertario (ML). Ambos creyeron en sus líderes de siempre Ottón Solís y Otto Guevara respectivamente.

Pese a que el PAC no tenía una ideología política definida, trataba de dar confianza a algunos sectores de la empresa privada que los miraban con recelo, mientras que, el ML, trataba de suavizar su imagen neoliberal.

En algún momento, el ML comienza a ganar el pulso al PAC, por lo que éste cambia de estrategia atacando más fuertemente a Liberación Nacional y a los Libertarios y de igual modo, comienza a penetrar en la periferia y la costa del país. Finalmente, se logra cuajar una especie de “Coalición de hecho” con dos partidos minoritarios: el Integración Nacional y el Alianza Patriótica.

Al final, el PAC logra obtener un segundo lugar, por debajo de Liberación Nacional, pero perdiendo, en números redondos, 14 puntos porcentuales, en relación a las justas del 2006.

Por su parte, el ML había logrado en un periodo de la campaña del 2010, el segundo lugar de las preferencias electorales, esto, entre otras cosas, debido al fuerte bombardeo publicitario que emitían, y sus constantes críticas a una presumible falta de liderazgo de la candidata liberacionista Laura Chinchilla.

Pero una de las grandes nebulosas sobre la campaña libertaria era el financiamiento con el que se nutría. El impacto de esta situación quedaba reflejada en el hecho de que si bien el ML se mantenía en segundo lugar, no lograba aumentar sus intenciones de voto. Al final, los Libertarios bajan al tercer lugar.

Hoy, a poco más de un año de haber tenido la experiencia en el ámbito legislativo de un Directorio de “coalición” (La llamada “Alianza por Costa Rica”), resulta evidente que alcanzar un ligamen de partidos opositores a Liberación Nacional es muy difícil, dadas las diferencias ideológicas y personales entre sus potenciales miembros. El electorado así lo entiende, y prefiere “un partido nuevo”, por encima de una alianza de partidos (Solo un 8% del electorado votaría por ella)

En un escenario paralelo, de los que están dispuestos a votar en el 2014 (64,5% del electorado global), un 37% estaría dispuesto a votar por un candidato liberacionista, mientras que, cerca de un 24% de ellos, votaría por un candidato opositor. En esta línea, debe quedar constancia que aún el 39% de esos decididos a votar, no saben o no apoyarían a ninguno de los precandidatos que se mencionan tanto en el oficialismo como en la oposición.

Ciertamente Liberación Nacional tiene tendencias político – electorales, pero se encuentra más unido que en tiempos pasados (Cabe recordar la época de los noventas o inicios del 2000, sobre todo luego de los procesos electorales de 1990, 1998 y 2002)

Veamos ahora la dinámica de la oposición: en el PAC, hay dos grandes corrientes, una cercana al pensamiento de los fundadores (El “Ottonismo”) y otra, que de algún modo es más cercana a la izquierda marxista (Lo que en algún momento dentro de su fracción legislativa se denominaron “los Chavistas”). Está por verse cual de estas dos corrientes domina desde una perspectiva ideológica dentro de esta agrupación.

El ML volverá a apostar por Otto Guevara, esta vez más desgastado por los constantes cuestionamientos al financiamiento de su partido político y con un potencial adversario, como lo es una escisión de sus filas, que busca reunir a los libertarios más “ortodoxos”.

Por otro lado, está por verse qué opción tomarán agrupaciones como Accesibilidad Sin Exclusión, o si habrá una reunificación de los partidos cristianos evangélicos (Renovación Costarricense y Restauración Nacional) de cara al próximo proceso electoral.

De igual manera, queda abierta la expectativa de la evolución de la izquierda, que por lo que se mira quedaría dividida en por lo menos dos partidos políticos: el Frente Amplio y Vanguardia Popular.

Por supuesto que vendrán los partidos nuevos, pero habrá que observar si éstos tendrán la capacidad de interpretar las demandas del pueblo, para por medio de planes y programas, poner a funcionar el aparato institucional del Estado en caso de alcanzar el poder político.

Finalmente, también está por verse si esas nuevas alternativas, serán capaces de seducir al electorado, al grado de movilizarlo a las urnas a votar el primer domingo de febrero del 2014.

En lo que compete a la democracia costarricense y tomando en cuenta que la política es ciencia de realidades, de las alternativas que están actualmente en la palestra política, las preguntas quedan abiertas: ¿Podrán ser Acción Ciudadana y Movimiento Libertario, verdaderos partidos políticos?

¿Podrá Acción Ciudadana amalgamar su pensamiento político y definir una estrategia para consolidarse como agrupación?

Para el sistema democrático es vital tener una alternativa política ideológica y permanente. Solo de esta manera se activan las corrientes críticas y auto críticas dentro de los partidos políticos.

Este es un momento de gran desilusión y frustración del electorado, la encuesta de Unimer que ha motivado este análisis, apunta a un abstencionismo de un 35%. Este segmento es el que no ve en los partidos políticos instrumentos para la transformación de las dificultades económico – sociales de Costa Rica.

Este es el segmento del electorado, que no cree que los partidos políticos fortalecen la democracia y que mira que sus dirigencias no están dispuestas a luchar por el mejoramiento de las clases populares.

Así las cosas, puede suceder que el electorado desilusionado vote por el oficialismo, esto, porque no ha encontrado alternativa, y tal situación no es buena ni para el oficialismo, ni para la democracia.

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