Mi visita con Daniel Oduber a Cuba

Sergio Erick Ardón Ramírez

Sergio Erick Ardón

Me han invitado a contar sobre una experiencia que viví que me permitió ser testigo de la conversación entre dos personalidades relevantes.

Una de alcances no solo regionales sino universales, y otra de suma importancia nacional.

Rosario, la secretaria de la Presidencia de la Asamblea Legislativa me llamó para decirme que Daniel Oduber quería verme.

Acudí a su oficina, cercana a la Corte Suprema de Justicia y ahí supe de su interés en viajar a Cuba a entrevistarse con Fidel Castro.

Me explicó que había sido comisionado, en su condición de Vice-Presidente para América Latina de la Internacional Socialista, para buscar un entendimiento con Cuba y, conjuntamente, enfrentar la política de guerra del gobierno de Ronald Reagan en Centroamérica. Recordemos que la Internacional Socialista agrupa a los partidos social demócratas y el PLN ha sido miembro. Hoy se encuentra muy desdibujada y languidece.

Me dijo que sabía que yo tenía buena relación con los cubanos y seguramente formas de comunicar su petición. Me pidió también que en caso de que su solicitud fuera aceptada, lo acompañara.

Transmití el mensaje, y habiendo recibido el visto bueno, dos días después, lo comuniqué a Oduber y dispusimos la ruta y las formas de viajar.

En el aeropuerto Santamaría, y antes de abordar, por separado, el vuelo de Copa, que nos llevaría a Panamá, me enteré que Oduber iba acompañado.

Luis Burstin era ese acompañante. Médico cardiólogo, periodista, que había sido director del diario Excelsior, economista, teórico marxista en sus mocedades, y ahora hombre cercano a la dirección del PLN, tanto a Oduber como a Pepe Figueres.

En Panamá fueron panameños los que nos recibieron y nos condujeron a una sala VIP para esperar el vuelo, también de Copa, que nos llevaría a La Habana.

Evidentemente había colaboración entre panameños y cubanos.

Ya en Cuba, y entonces si de forma abierta y conjunta, fuimos muy cordialmente hospedados en una casa de protocolo.
Se nos informó que la reunión de Oduber, con el Comandante tendría lugar en el transcurso de la semana. La visita estaba programada para durar de domingo a domingo.

Burstin llevaba su propia agenda que incluía una conversación con las autoridades cubanas que tenían que ver con propaganda. Comentó que traía una propuesta del New York Times.

Oduber y yo, en cambio, fuimos invitados a un paseo por la zona de Bahía Cochinos y la Ciénega de Zapata, pasando por las plantaciones de cítricos en el camino. Todo en la provincia de Cienfuegos, a una distancia tal que podríamos ir y venir en el día.

Ahí visitamos el museo que recoge la historia de la intentona fracasada de invasión, que desembarcó de barcos de USA, a más de 1500 hombres apertrechados con tanques y cañones que fue aplastada en 72 horas por las milicias revolucionarias. También fuimos informados de los planes de producción de carne de cocodrilo y los viveros de camarones.

En el viaje de regreso por las anchas vías de la Carretera Central, y ante el intenso tráfico de camiones que iban y venían y los pocos automóviles, Oduber me comentó que eso era una muestra del buen manejo de la producción y de la economía.

Ya en La Habana, de regreso, los días pasaban entre discretas visitas a restaurantes y museos y largas conversaciones sobre la política costarricense. Ahí un noche Burstin le propuso a Oduber lo que llamó la Fórmula Mágica. Figueres de candidato a la presidencia y Daniel de jefe de gobierno, una especie de Primer Ministro. Oduber lo vió bien, pero dudó que Figueres aceptara.
Burstin se comprometió a plantearlo.

Una noche Oduber fue informado que Carlos Andrés Pérez el expresidente venezolano, que estaba de visita, quería verlo. Oduber rechazó la posibilidad aduciendo que a él no le interesaba reunirse con «borrachos».

Así llegamos a la noche del sábado, vísperas del regreso, y la conversación con Fidel no se había concretado, lo que tenía a Oduber entre resignado y molesto, por lo que sentía como menosprecio. Aunque insistía en que seguramente Fidel estaría muy atareado.

Esa noche al ser las 11, ya cada cual estaba en su habitación, se oyeron voces y pasos inusuales. A mi el cubano Marrero, funcionario del Departamento América y buen amigo, me había asegurado que Oduber no se iría sin que lo viera Fidel.
El ajetreo anunciaba la visita.

La visita de Fidel se concretó con un Oduber aliviado, casi exultante, que bajó y saludo de abrazo al Comandante vestido en su común verdeolivo.

Se acomodaron en el amplio sofá de la sala.

Estaban ahí acompañando, Manuel Piñeiro, Jefe del Departamento América del Comité Central del PCC, Roberto Márquez, responsable para Costa Rica de ese mismo departamento, su segundo, Adalberto Marrero, y Luis Burstin y yo, a quienes nadie nos dijo que no pudiéramos estar presentes. Aunque sabíamos que éramos colados.

Después de tanto antecedente y rodeo paso a contar lo que aconteció, que sé que es lo que realmente interesa al lector.
Antes debo decir que había una diferencia en la actitud de los personajes. Fidel, tranquilo, seguro de si mismo, de voz pausada y tono suave, propio de quien tiene mucho recorrido y además sabe que está en su casa. Oduber, en cambio, se notaba nervioso, con la nariz sudorosa y palabras atropelladas.

Fidel: «Supe que estuvieron por Jaguey Grande en el plan de cítricos». Si, dijo Oduber, y pasó a contar como en Guanacaste en la cuenca del Tempisque, había un proyecto similar con 10.000 hectáreas sembradas. Fidel pregunta: Esa zona es seca, los cítricos necesitan mucha agua, y el río Tempisque en los veranos baja mucho el caudal ¿cómo hacen?» Oduber contesta que el agua para irrigar se trae del lago Arenal por medio de canales. Fidel pregunta, «Ese lago entiendo que es artificial ¿qué dimensiones tiene?» Oduber claramente ofuscado, dice no saber el área total del lago, pero que cree que anda por las 8.000 hectáreas, Fidel: «¿Y la profundidad promedio cual es? 5 metros, responde Oduber. Fidel hace una corta pausa, y poniendo cara de preocupación afirma: «No les alcanza».

La conversación versó después sobre la vista a Bahía Cochinos y Playa Girón. De nuevo el interés de Fidel por saber que le había parecido a Oduber, el criadero de cocodrilos y los viveros de camarones. Daniel relata como en Chomes se está realizando un plan de cría de camarones similar. Fidel pregunta sobre la variedad de camarones, y la salinidad de las aguas, así como la profundidad promedio de los viveros. Oduber evidentemente no lo sabe, y desvía la atención a las posibilidades de mercados europeos.

Burstin y yo, intercambiábamos miradas y estábamos tan agobiados como Daniel, a quien la nariz le sudada profusamente. Oduber buscando un respiro toca el tema de la invasión del 61 y dice sentirse muy complacido de su fracaso, y felicita a Fidel por la victoria. Aprovecha para afirmar que a través de Enrique Obregón, entonces diputado liberacionista, se comunicó a Cuba sobre la inminencia de la invasión y el lugar por el que se produciría. Esto sé que es verdad. Obregón me lo contó.

Pasan después a la grueso. Oduber habla del encargo oficial del que es portador como dirigente latinoamericano de la Internacional Socialista. que buscaría el apoyo y la participación de Cuba en el enfrentamiento a Ronald Reagan y su política de guerra en Centroamérica. Fidel asiente y se dice complacido e interesado.

En un momento Oduber califica a Reagan como un «vulgar pistolero». Fidel replica «si Ud. lo dice, lo conocerá mejor que yo».
Quedan en comisionar a Piñeiro para las coordinaciones.

En ningún momento hubo referencia alguna a la política costarricense.

Antes del abrazo de despedida Oduber ofrece ayuda para solventar el faltante de leche que sufre Cuba. Sugiriendo que la leche de soya es una buena y más barata alternativa, a lo que Fidel responde estar de acuerdo. Oduber se compromete a enviar los planos de un planta de producción de leche de soya de fabricación brasileña. Esta promesa la cumplió, cerca de dos meses después los planos de la planta se entregaron.

Así fue como discurrieron las cosas en aquella casi madrugada en la casa de protocolo de La Habana.
A media mañana estábamos de regreso en el vuelo de Copa. Oduber en clase preferencial y Burstin y yo en económica. Ya en Panamá, seguimos caminos diferentes.

De esta visita en Costa Rica no se divulgó nada.

Aunque fue muy discreta y casi clandestina, no tengo duda alguna que en la Embajada se enteraron.

Espero que Etilma Villalobos, quien me pidió contar el cuento, haya encontrado de interés lo contado.

Muro FB

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