Me encanta hacer fila

De vuelta 9

Mauricio Castro Salazar
mauricio.castro.salazar@gmail.com

Mauricio Castro

Son las 8 am, acaban de abrir y ya hay fila, que embarcada, me hubiera venido más temprano. Es la cuarta vez que vengo, ahora si me tengo que quedar…no tengo de otra.”—pensé

“Son las 9 am, y no he avanzado casi nada, ¿me voy?”—me dije

Le pregunto al guarda, que en lugar de guarda parece ser el dueño, cuánto me falta y me dice:

“—Más de una hora”

“Pucha, en tiempos de pandemia haciendo fila, que ridículo, ¿y las medidas de distanciamiento?…esa doña se me acercó mucho que tirada…ese mae está tosiendo me va a pegar el virus…..ese guevón sin mascarilla ¿qué se cree?….esa doña hablando por teléfono sin mascarilla y salpicando saliva por todos lados…me hubiera traído la careta plástica también…”—iba diciéndome mientras hacía la espera, que todavía no sabía cuánto duraría.

“Si estuviera en…..no tendría que hacer esta fila, allá las cosas se hacen más rápido, esta fila es como la de las operaciones en la Caja, en cambio allá lo operan rápido”—dijo una señora que parecía que iba disfrazada de boli…

“Son las 10 y el sol ya pica”–pensé. “Ya llevo dos horas en fila. Ese guarda guevón me dijo una hora y que va…”

“Doña boli” siguió hablando de más, y más fuerte para que todo el mundo la oyera.

“Castrosalazar: tranquilo. Nada ganás peleándote con ella, es peor”—me dijo mi voz interna.

“Doña boli” siguió hablando maravillas de su país y despotricando contra este.

“Puta lo que me faltaba, oír a esa doña, la voy a decir un par de cosas…ya no la aguanto más…”—me dije.

“Castrosalazar: ¿qué ganás discutiéndole?” me insistió mi vocecita.

Yo empecé a ver la gente con cara de cabreazón. Hasta que un señor, unos 10 años mayor que yo le dijo: “mire señora, hace demasiado sol, sus comentarios me molestan a mí y a los demás, si tanto le incomoda vivir aquí, ¿porque no se regresa a su país?”

“Doña boli” se convirtió en “doña cloaca”, no tienen idea todo lo que dijo, todo lo que despotricó, que tenía derecho a decir lo que le daba la gana, todo lo que quería, que ya tenía 7 años de vivir aquí, –y de nuevo–que decía lo que le daba la gana…me oye grandísimo hijo de la tal por cual…

Ya para ese momento se había quitado la mascarilla, hecha un miura. Fue tal el salpicadero que hizo que arrepentido estuve de no llevar una sombrilla o al menos una bolsa plástica para protegerme. ¡Vieran!

“Ya son las 11, puta manda güevo que esta fila siga igual”—me dije

Ya estaba con mejillas rojas, al estilo chile dulce, me quemé todo lo quedaba fuera de la mascarilla, ya cuando se me pasó lo rojo, quedé con anteojos como un mapache.

“Esa vara del factor protección del bloqueador es pura paja, aquí en el trópico eso no sirve —y eso que me puse uno de 70—”—pensé.

“Castrosalazar: ¿a qué jugás? Ahora resulta que el sol te afecta. ¡Más seriedad!

Ya cuando estaba cerca de la puerta, otro guarda, dizque oculto de las miradas, detrás de una puerta entintada brincaba jugando con el celular. Nadie lo podía creer. La gente lo veía espantada y el pobre mae no se dio cuenta. Disfrutaba a lo grande.

“Cara´e barro”—dijo una muchacha que estaba cerca mío.

“Por dicha no tiene pistola, con tanta emoción y brincadera… hubiera empezado a tirar balazos al aire para celebrar…”—dijo un mae con casco en la mano.

Y de repente más comentarios en la fila…

“Mae trajo bronceador”—le decía uno a otro

“Viera—dijo una señora—yo llamé, me dijeron que lo hiciera por el chat, pero en el chat nunca me constataron.

Otra dijo: “Y a mí que lo hiciera por email, todavía estoy esperando que me respondan”

Cuando yo iba a echar mi cuento en público: que llamé, chatié, envié emails….y todas las respuestas fueron diferentes, hasta que antes de salir volví a llamar y me dijeron: es personal, es un trámite en ventanilla. La fila avanzó.

A las 11:30 am me pasaron a las sillas…a la fila esa extraña en la que uno se va moviendo de silla en silla, con todo y coronavirus, yo como un mae poseído, cada cambio de silla hacía un ritual: spray de alcohol para desinfectar, seguido de lavado de manos y a la próxima, lo mismo, hasta que al mediodía llegué a la ventanilla.

La ventanilla con un acrílico. El mae con una mascarilla. No se oía nada.

A como pude le expliqué al que atendía lo que ocupaba y me dijo: ¿y la carta?

“¿La carta?…¿la carta?”— Y un toque malhumorado pregunté con un toquecito de fuerza: “–¿cuál carta?”

“En la que explica que es lo que quiere, ¿no leyó los requisitos?”—me dijo

“Nadie me dijo nada de la carta…manda güevo…. es lo que le voy a explicar güevón o cree que hice fila para venir a saludarlo nada más.”—pensé

“Castrosalazar: tranquilo, tranquilo, ¿qué ganás?—insistió mi vocecita interna

“Tráigame un papel y hago la carta”—le dije con tonito…

El mae se me quedó viendo con cara de sorpresa, pero me dio papel y un lapicero.

La hice a mano alzada, un toque cabreado, con letra de ingeniero –de esa totalmente impersonal y fabricada a punta de pluma y tareas—.

“No especifica lo que requerimos, no podremos ayudarle, lo siento”—me dijo

“¿Ayudarme?. ¡No estoy pidiendo ninguna ayuda güevón!—le iba a decir con fuerza.

“Castrosalazar: tranquilo, tranquilo, ¿qué ganás?—insistió mi vocecita interna

Estaba decidido a que me sacaran con la policía, porque no me iría sin el asunto resuelto, y se me ocurrió decirle: “Y si usted me dicta la carta, y yo la hago de nuevo, ¿qué le parece?”

“Sí, eso podemos hacer”—me dijo

“Castrosalazar: te felicito, hablando se entiende la gente”—me dijo mi vocecita interna tratando de calmarme.

Me dictó la carta, hecha en un lenguaje lleno de mismismos, como el que usa “la autoridá” cuando habla por radio: la misma indica…la misma está situada en…Le di la carta redactada como me indicó, llena de barbarismos y con una redacción que ni un carajillo de primer grado tendría.

“Yo sé que la gente está molesta, pero no podemos hacer nada”—me dijo quien me atendió.

Me dieron la desconexión programada que necesitaba. Tardé casi 4 horas y media. Asoleado y cabreado. Alguna gente cree que uno viene porque le gusta hacer fila o porque viene a saludarla. El trámite bien se pudo hacer en línea, no tenía ciencia alguna. ¡Y eso que estamos en plena pandemia, no me puedo imaginar si viviéramos tiempos normales!

Procuraré no volver a solicitar nada a “Fuerza y Luz” que me implique de nuevo una odisea como la vivida, porque confieso que son muy buenos cuando uno reporta averías por teléfono pero en físico… ¡son fatales!

Créanme: llené “la cuota de filas” por lo menos por los próximos 12 meses. Y lo que es más importante: no me “pelié”.

¡Castrosalazar!—me llamó la atención mi vocecita interna

“Bueno, solo un poquito, pero tenía razón”—contesté.

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