Kremlin sangriento, Moscú
El 30 de agosto de 1918, Vladimir Lenin pronunciaba un discurso en la fábrica moscovita Hammer and Sickle. Después, cuando el fundador del partido comunista y primer jefe del Estado soviético abandonaba el edificio, el revolucionario Fanya Kaplan le llamó y le disparó tres tiros. Uno le alcanzó en el hombro; el otro, en el cuello (ésa es la historia oficial soviética).
Aunque el ardiente líder sobrevivió, nunca se recuperó del todo, y las heridas que sufrió pueden haber provocado la serie de derrames cerebrales que finalmente acabaron con su vida. Durante años fue incapaz de caminar sin ayuda. Por eso, en 1923, los testigos, según la leyenda, se extrañaron al verle moverse rápidamente y sin ayuda por los pasillos del edificio. Más extraño aún: El Lenin corpóreo estaba fuera del complejo en ese momento.
¿Un mal presagio? Tal vez. Pocos meses después de este avistamiento, en enero de 1924, Lenin murió. Aunque su cuerpo embalsamado está ahora sepultado en la Plaza Roja, frente al muro del Kremlin, rodeado de 240 víctimas de la Revolución de Octubre, su fantasma merodea por la fortaleza, donde tiene mucha compañía.
Iván el Terrible, que murió de una apoplejía mientras jugaba al ajedrez, se deja ver a veces en el campanario de Iván el Grande. El fantasma del dictador soviético José Stalin, que también murió de un ataque de apoplejía mientras se deslizaba hacia una vejez paranoica, trae consigo una ráfaga de aire frío. Y se dice que el espíritu de la propia Kaplan, que fue ejecutada poco después del intento de asesinato, ronda el campanario Komendantskaya, una mujer pálida y desaliñada que sostiene una pistola.
Como cualquier otra ciudad cargada de historia y misterio, Moscú también tiene su ración de fantasmas, y se dice que sus históricas calles están embrujadas por un gato espectral en la calle Tverskaya, un carruaje fantasma en Kuznetsky Most y un anciano en la calle Myasnitskaya. Incluso hay una famosa vía que va de Lyubertsy a Lytkarino y que ha sido escenario de tantos accidentes misteriosos que se llama la Carretera de la Muerte.
Que estos sucesos y apariciones sean «reales» no viene al caso. En palabras del gran escritor ruso Antón Chéjov:
«El hombre es lo que cree».
Basado en The world’s most haunted places de LIFE