Los aranceles de Trump

Sombrío es el panorama para Costa Rica

WH

Luis Paulino Vargas Solís

  1. Posiblemente el efecto para la agroindustria de exportación sea menor de lo que, en principio, pudo pensarse, y ello es así puesto que los principales competidores mundiales de Costa Rica estarían enfrentando tasas arancelarias similares o más altas. Por ejemplo, en el caso de la piña, Indonesia y Filipinas, con aranceles de 32% y 18% respectivamente. En el caso del banano, además de los dos países ya mencionados, están China con 34%, India con 27%, Brasil y Ecuador con el mismo 10% que se le aplica a Costa Rica. Y, sin embargo, es conocido que este tipo de postres tienen una alta elasticidad precio, lo que significa que la cantidad que se demande podría reducirse en una proporción mayor de lo que aumentó su precio. A lo cual debemos sumar la desventaja competitiva que enfrentan las empresas costarricenses por la situación de fuerte sobrevalorización del colón frente al dólar. O sea, y en su conjunto: podría ser peor de lo que es, pero, aun así, los efectos negativos podrían no serían nada despreciables.
  2. En cuanto a las manufacturas sofisticadas de zona franca, este arancel podría ser un incentivo para que hagan lo que Trump desea: retornar a Estados Unidos. Lo cual se vería favorecido adicionalmente por la situación del dólar en Costa Rica, y mucho más si persiste el movimiento devaluatorio del dólar frente a las otras divisas importantes, lo cual haría más atractivo exportar desde Estados Unidos. Que, por cierto, es factible que devaluar el dólar sea uno de los objetivos implícitos del equipo de Trump al impulsar esta “guerra comercial”.
  3. Pareciera que tenemos entre manos lo que podría ser el cóctel perfecto del que puede surgir la tormenta económica perfecta. La cuestión depende del nivel y alcance de las respuestas que ensayen las otras potencias económicas y de la perdurabilidad en el tiempo de las medidas arancelarias que, de un lado y otro, se apliquen. Las cadenas globales de mercancías estarían sufriendo disrupciones significativas que repercutirían en una mayor inflación. Por lo tanto, es muy factible que entremos en un escenario global de estanflación. En plazos más largos, posiblemente se darían realineamientos importantes. Sea que la “guerra arancelaria” se prolongue o que haya alguna “distensión”, lo cierto es que la confianza en Estados Unidos habrá quedado dañada de forma irreparable. O sea, cabe imaginar un futuro en el que el mundo preferirá mantener una saludable distancia respecto de ese país, lo cual, de paso, propiciaría que la Unión Europea y China busquen vías de entendimiento, mientras China querrá tomar el relevo y convertirse en el nuevo líder mundial de la multilateralidad.
  4. Trump ha querido aplicarle a Costa Rica, y, en general, a Centroamérica, algo como una especie de “movimiento de pinza”. Y así nos tienen: agarrados del pescuezo. Chaves y otros gobernantes del área, Bukele en forma destacada, se ha prestado al juego, con complacencia y sumisión, sin visión estratégica de nada y con una tiesura de cintura y de muñeca que anula su capacidad de maniobra. No es poca cosa: nos amarran, enseguida nos golpean y, para peores, nos dejan inermes frente a una situación mundial que se adivina tormentosa.
  5. En algún momento, de la mano de liderazgos siquiera un poquito más lúcidos y dignos, Costa Rica debería empezar a sacudirse de tan pesada carlanca. Nos urge entrar en un proceso de reforma y rectificación. El caso es que, si ya teníamos buenas razones para repensar nuestro modelo económico, Trump ha venido a agregar muchas otras.

Economista jubilado

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