Lo de Irán y la crisis que se viene

El ejemplo de España y el de un gobierno dormido en Costa Rica

Ormuz

Oscar Arévalo

Ayer el Presidente Pedro Sánchez dirigió un mensaje a la Nación en España, anunciando que vienen tiempos difíciles y que deberán de tomarse medidas importantes para enfrentar la situación. Mientras tanto el Gobierno de Costa Rica parece no darse cuenta de lo que está ocurriendo en el entorno internacional y de como nos afectará de formas muy concretas y ojalá que no, complicadas.
El discurso no fue vago ni alarmista sin sustento. Fue específico:

Sánchez identificó impacto concreto en precios del gas, petróleo, fertilizantes y en el llamado «sur global», encuadrando la crisis de Irán como una «crisis sobrevenida» que obliga a postergar incluso los Presupuestos Generales del Estado.

Hoy mismo, en el Consejo Europeo en Bruselas, fue más lejos con datos duros: mientras España registró el sábado pasado un precio del gas de 14 euros/MWh gracias a su apuesta renovable, Alemania, Francia e Italia superaron los 100 euros. 

El gasóleo en España alcanzó máximos desde 2022, con un alza del 11.61% en una sola semana. 

Y para el viernes 20 tiene convocado un Consejo de Ministros extraordinario para aprobar un decreto-ley de respuesta económica. El decreto busca mitigar el impacto de la guerra en Oriente Próximo mediante una doble vía: medidas coyunturales de alivio inmediato y un refuerzo estructural de la electrificación de la economía. 

Esto no es retórica. Es movilización institucional.  La motivación electoral puede existir pero el diagnóstico puede ser igualmente correcto. Las dos cosas no se excluyen.

El tono del debate en el Congreso sonó demasiado a precampaña por ambas partes —gobierno y oposición— y demasiado poco a política de Estado. Eso es real. Sánchez gobierna sin presupuesto aprobado desde 2023, en minoría parlamentaria, con elecciones en el horizonte. La crisis de Irán le da oxígeno político además de ser un problema real. Ambas cosas son verdad al mismo tiempo.

Pero el uso político inteligente y con sentido de oportunidad de una crisis no convierte la crisis en ficción.

Los hechos que sostienen la alarma de Sánchez son independientes de su conveniencia electoral:

  1. Choque energético real: El conflicto activo EE.UU.-Israel-Irán amenaza el Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial. El impacto en precios ya es visible.
  2. Estanflación como riesgo sistémico: Como vimos ayer, la combinación de aranceles de Trump + choque energético + desaceleración del crecimiento crea exactamente las condiciones para un episodio estanflacionario global.
  3. Europa expuesta diferencialmente: España, por su mayor penetración renovable, está relativamente mejor posicionada que Alemania o Francia, pero sigue siendo vulnerable en gas y derivados.

    Pedro Sánchez se muestra de nuevo como un estadista de luces largas y gran habilidad. Quizá en este momento el más preclaro lider europeo.

    Pero en Costa Rica tenemos un Gobierno de continuidad dormido y que no acata a tomar medidas. Por lo tanto, será tomado por sorpresa en la mera crisis.

    Costa Rica tiene exposición directa al mismo entorno de crisis que España, por tres vías:

    • Precio de combustibles: Importa casi el 100% de sus derivados del petróleo. Un choque como el actual se transmite directamente a inflación de transporte, logística y canasta básica.
    • Comercio exterior: Su principal socio comercial es EE.UU., que está en proceso de desaceleración por aranceles. Su segundo mercado relevante es Europa, que enfrenta el choque energético. Ambos canales se debilitan simultáneamente.
    • Tipo de cambio y reservas: Un entorno de dólar fuerte y tasas altas en EE.UU. presiona las condiciones de financiamiento externo de países como Costa Rica.

    El silencio del gobierno de Chaves no es una postura estratégica. Es la ausencia de una. La diferencia con Sánchez no es de tamaño de país —es de capacidad de lectura del entorno y voluntad de comunicar diagnósticos incómodos a tiempo. Y claro, la diferencia entre un político de verdad y de luces largas, respecto de un improvisador populista que sólo sabe echarle la culpa a otros.
    Hasta podría ser que Sánchez instrumentalice políticamente una crisis que es objetivamente grave. Pero la afronta y toma medidas inmediatas a tiempo. El error sería no hacer nada por la segunda razón cuando la primera es válida. El Gobierno de Costa Rica, mientras tanto, no tiene ni el diagnóstico. El Gobierno está dormido en sus laureles y sus cortejos a un moribundo político del norte.
    Bueno, para ser justos, Chaves si reaccionó a la crisis, pero en el registro equivocado.
    Lo que dió el Gobierno fue respuesta consular y diplomática, no política económica preventiva. Son cosas distintas.
    El canciller Arnoldo André alertó públicamente que el conflicto en Medio Oriente preocupa a Costa Rica, que el cierre del Estrecho de Ormuz podría impactar el precio de combustibles, y que se activaron protocolos de emergencia consulares para proteger nacionales en la región. 
    Mientras tanto, el gobierno de continuidad de la presidenta electa Laura Fernández ha señalado que Costa Rica no puede permitirse el silencio, anclando su postura en la Proclamación de Neutralidad Permanente de 1983. Tirando por la borda el prestigio del país al instrumentalizar la Proclama para justificar los ataques a un país que no representaba un peligro real, tal y como lo han sostenido los jefes de inteligencia del Gobierno de los Estados Unidos.
    Y el contraste con España es de naturaleza, no solo de grado.
    España ha hecho tres cosas concretas que Costa Rica no ha hecho:

    1. Liberación de reservas estratégicas: España aprobó la liberación inmediata de 11.5 millones de barriles de petróleo de reservas privadas para contener el alza de precios, con 92 días de reservas totales como colchón.  Costa Rica no tiene reservas estratégicas de ese tipo ni tiene un mecanismo equivalente. Pero tampoco ha tomado medidas en ningún sentido.
    2. Decreto-ley extraordinario con medidas de alivio fiscal y subsidio sectorial, convocatoria de Consejo de Ministros extraordinario, y aprobación para el día siguiente mismo.
    3. Narrativa pública que prepara a la ciudadanía para un período difícil, con comunicación política sostenida.

    Costa Rica, en cambio, tiene esto: la Cámara de Comercio Exterior advirtió sobre cuatro vectores de riesgo —combustibles, logística, insumos y volatilidad en cadenas globales— y analistas proyectan ajustes al alza en gasolina y combustibles a partir de las mediciones de abril y mayo.  Esa alerta viene del sector privado, no del gobierno.

    El encarecimiento energético tiene un efecto dominó para Costa Rica, que depende en gran medida de la importación de hidrocarburos para transporte, industria y parte de la generación eléctrica.
    Los analistas advierten que el panorama fiscal costarricense podría deteriorarse de forma acelerada si el petróleo se mantiene por encima de los $100 durante un período prolongado.
    Tal vez, no es que el gobierno esté dormido. Es que está operando en modo reactivo-consular cuando la situación exige anticipación económica doméstica. La diferencia entre Sánchez y Chaves no es de velocidad de reacción. Es de tipo de gobierno que se ejerce.
    Sánchez movilizó al Estado como herramienta de protección económica activa. Chaves activó protocolos para ticos en Tel Aviv. Ambas son respuestas legítimas a dimensiones distintas del problema. El error del gobierno tico es que atendió la dimensión consular y dejó sin respuesta lo más importante, la dimensión económica interna, que es donde el impacto real va a golpear a la población.

    Quizá no están dormidos. Quizá sólo tengan una lectura incompleta del problema. Que para un gobierno, en la práctica, produce resultados similares a estar dormido. Pero para ponerlo en términos concretos, este desuido es lo más cercano a los que podríamos llamar una mal práxis política y los efectos los sufriremos todos. Es la diferencia entre un gobierno populista e iliberal, improvisador y un Partido socialdemócrata con proyecto-país y un presidente con dignidad.

    Podríamos estar a las puertas de una crisis tan grave como la de los ochentas, y ni el gobierno, ni la oposición parecen darse cuenta.

    Abogado
    Asesor Parlamentario

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