Es cierto que pasar de un 8% en encuestas a un 33% en la votación final, sumar cerca de 800 mil votos y alcanzar 17 diputaciones es un dato políticamente relevante. No es menor. Refleja que existe una base electoral robusta y capacidad de movilización en la recta final. Negarlo sería injusto.
Pero tampoco puede ignorarse el dato estructural: no se ganó la presidencia. Y en política, ese es el objetivo central. Una remontada de última hora puede interpretarse como consolidación partidaria, pero también puede leerse como polarización tardía, voto útil o reacción coyuntural ante el escenario electoral. La pregunta no es si hubo crecimiento, sino si ese crecimiento es sostenible o simplemente circunstancial.
El argumento de que “fue el candidato quien salvó al partido” tampoco es trivial. En efecto, en muchas democracias contemporáneas el liderazgo individual pesa —basta observar fenómenos como el de Donald Trump en Estados Unidos o el de Nayib Bukele en El Salvador—. Sin embargo, cuando la fortaleza depende principalmente de la figura del candidato, eso puede indicar más fragilidad institucional que solidez estructural.
El peligro de la adulación constante es la anestesia. Si cada revés se relativiza y cada resultado intermedio se celebra como victoria moral, Liberación Nacional corre el riesgo de confundir resistencia con fortaleza y narrativa con realidad. La crítica externa puede exagerar; la negación interna puede ser más dañina.
La historia política muestra que las organizaciones que sobreviven no son las que mejor celebran derrotas decorosas, sino las que realizan diagnósticos honestos, revisan liderazgos, actualizan propuestas y entienden los cambios culturales del electorado. Convertir un resultado mixto en “gran logro histórico” puede fortalecer el ánimo inmediato, pero debilitar la reflexión de largo plazo.
La verdadera pregunta no es si hubo una remontada admirable. La pregunta es si esa remontada marca el inicio de una recuperación estructural o si es solo una pausa antes de repetir el mismo patrón en la siguiente elección.
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