Luis Fernanado Acuña
De la misma manera que nuestra conducta personal se rige por vínculos sociales y emocionales, también las relaciones internacionales, tanto las políticas como las económicas y las comerciales. Porque las relaciones internacionales también tienen un enorme componente emocional. Entre los países se crean dependencias, alianzas, simpatías y desconfianzas. Las expresiones culturales entre pueblos y países se refuerzan y se construyen a través del tiempo, con la historia común, los intercambios culturales y las alianzas militares.
La historia de occidente, muy especialmente a partir del siglo XX, está marcada muy fuertemente por esa cercana relación entre los Estados Unidos y Europa Occidental. Los Estados Unidos como líder y socio estratégico, militar y económico de una Europa que ha contado con un amigo que ha definido en grandes rasgos la dirección político, militar y económica de Occidente. Una relación de intereses comunes, con un líder que ha estado presto a dirigir y a acompañar a Europa en importantes momentos: la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial, la reconstrucción económica, la guerra fría, y el posterior reacomodo de países, bloques y economías una vez caído el muro de Berlín.
¡El mundo cambió! La crisis sanitaria y el “shut down” de las economías como consecuencia del COVID-19, nos colocó en una situación sin precedentes.
Por primera vez, en la historia reciente Europa libra una batalla sin los Estados Unidos.
El liderazgo de los Estados Unidos, muy venido a menos en la actual administración, encontró a ese país sin preparación para atender su crisis sanitaria y la económica social que le acompañan y sin ninguna posibilidad de acompañar a su socio histórico, Europa.
El sólido e importante mensaje de liderazgo, acompañamiento y solidaridad del presidente Kennedy en Berlín para con Europa Occidental y la certeza de contar con puentes aéreos sobre Alemania del Este para garantizar el modo de vida occidental en Berlin, se rompió en un instante, con el cierre de fronteras a Europa ordenado por el presidente Trump.
Incomprensible política o sanitariamente, porque sí mantuvo los vuelos a Londres. Ese gesto debe interpretarse como el último punto de batalla, para la retirada de los Estados Unidos del escenario Europeo. Lo que las guerras mundiales y la guerra fría no lograron, sucedió ahora en cuestión de semanas debido al COVID-19.
¿Cómo quedamos ahora? Es aún temprano para entender las implicaciones económicas, comerciales y militares de esta crisis, lo que parece cierto es que las relaciones de confianza, dependencia y sobre todo de liderazgo en occcidente han sido alteradas.
Europa entierra sola a sus muertos y los Estados Unidos, más aislados que nunca, entierra a los suyos, librando por primera vez en décadas una “guerra” en su propio territorio, con más “casualties” que nunca antes. El mayor, mejor equipado y entrenado ejército que el mundo nunca antes había tenido, no le sirve en esta ocasión.
Ni Europa ni los Estados Unidos comprenden aún que empezaron a caminar cada uno por su lado.