La Patrulla de Bares: El secreto mejor guardado

Patrulla de BaresEspecial para Cambio PolíticoMisión: Bar El Traktor
Dónde: Los Colegios, Moravia, en la sede del Colegio de Ingenieros Agrónomos (ver mapa)

Bar El Traktor

Aunque algunos colegios profesionales suelen ser considerados con sus agremiados y poseen bares en sus instalaciones, hay que reconocer que normalmente estos establecimientos suelen ser patéticamente aburridos, tiene más ambiente un velorio. Y de bocas, menos, los profesionales suelen ser bastante codos y lo quieren todo regalado. Honrosa excepción tienen los agrónomos que bautizaron su establecimiento con el alusivo nombre El Traktor (así con k): No en balde este Cronista recuerda que en sus lozanas épocas de estudiante, en las semanas universitarias los aspirantes a Ingeniebrios Guarónomos le ganaban por goleada a las demás facultades en cuanto a ingesta de alcoholes. Aunque debe mencionarse que a título individual, probablemente nadie le ganaba al famoso Socio, entonces presidente de la Asociación de Bellas Artes.

El único problema es poder llegar a El Traktor. La sede del Colegio literalmente está en el fondo de un laberinto, ojo a la dirección oficial que dan: “de la esquina suroeste del cementerio de Moravia, 300 metros oeste, 200 metros norte y 300 metros oeste”. Lo de los doscientos metros no es cierto, es una cuadra larga. Obviamente no hay ningún rótulo y para colmo de males, las calles de la urbanización son curvas, así que lo de los puntos cardinales se convierte en algo tan relativo como la efectividad de los diputados. Tan fácil como decir que está en la avenida 55 con calle 43, pero es que tampoco hay rótulos con los números de calle. Y como es una urbanización, difícilmente se encontrará uno a un cristiano en la vía pública para poder preguntarle las señas.

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Para los integrantes de la Patrulla se cumple el mismo lema de los carteros y ningún elemento meteorológico se interpone con tan noble labor. El día de la rigurosa cata caía una tormenta de dimensiones bíblicas, lo que además hizo mucho más laborioso encontrar el ansiado destino, pero luego de conocer todo el barrio y enfrentarse con un odioso guachimán que ordenaba parquear de culo (cómo odio a los idiotas que están en un escritorio sin hacer nada y giran ese tipo de instrucciones estúpidas) finalmente llegamos a un lugar en donde definitivamente nunca ha pasado alguien con conocimiento de diseño de interiores. Es una estructura de “pérlin” sin mayor gracia, que da la impresión que tiene los materiales más baratos que se pudieron encontrar y el mobiliario hace perfecto juego. Y para ir al baño se siente uno en una bomba de gasolina, están al fondo, afuera y a la vuelta. Podría ser que todo se trata de un pensado diseño con el pretexto de que los agrónomos se sientan como en bar de pueblo, pero este Cronista lo duda. En todo caso, la Patrulla se siente a sus anchas en lugares rústicos, así que la crítica al final se convierte en elogio.

El menú de bocas es grande. Surtido. Generoso. Uno de los patrulleros nada más sentarse recordó que el lugar era famoso por la costilla. Para comenzar nada más, la sopa negra está realmente buena, tan espesa que parece una crema y además trae al hombre completo (par de huevos duros). Estaba mortal, de lo mejor que se ha patrullado. Hay ceviche peruano, aquí no se puede disimular marinando el pescado doce horas ni inundando la mezcla con olores para disimular la carne de tiburcio, el plato que nos trajeron aparte de grande y bien presentado traía un pescadito que se deshacía en la boca, además era un ceviche peruano de verdad, con su cebollita morada y su camote. El chorizo es de esos que aceleran los latidos del corazoncito, un par de generosos trozos, bien tostadito, acompañado con repollo y zanahoria puestos aparte por si el comensal no desea zacate y también se considera el gusto del cliente en que no los bañan en salsas, se le pone si se quiere y la cantidad que se quiera. El hígado en su punto, suavecito, nada pastoso, sólo faltó pasarle la lengua al plato. Hay vigorón, es enoorme, le hace falta un plato más grande, lo sirven tanto con chicharrón de concha cono de carne pero ese día no había de carne, no importa fueron sinceros en advertirlo, estaba tan bien hecho que sólo faltó que lo sirvieran sobre hojas de almendro como en el Puerto. Hay un Chifrijo Traktor, ya para que le pongan el nombre del lugar a la boca es porque están orgullosos del resultado, estaba bueno, pero tampoco para perder el sueño, como que los ingredientes andaban cada uno por su lado, no se conjuntaron bien. Tortas de carne, vienen a ser como las ruedas del tractor, tres tortitas bien gruesas y jugosas, aunque para ser sinceros tampoco arrancaron muchos aplausos por su sabor. La crema de mariscos es cumplidora, no tan espectacular como la sopita negra. A todo esto, los patrulleros comían y comían y nadie pedía la famosa costilla. Siguiendo con las sopas, también hay sopa azteca, la sirven con su buen aguacate y quesito gratinado, muy sabrosa. Las fajitas de carne vienen con una carne tal vez demasiado endulzada, pero igual estaban buenas. La lengua en salsa estaba buena, pero hasta ahí. El burrito es grande y muy gustoso. Y se acabó la rigurosa cata y nadie pidió costillita, ni modo. Pero para que vean la mística y el espíritu de sacrificio, uno de los patrulleros con el previsible gran pesar regresó a consumar la misión y se probó la costilla, de verdad que la fama estaba bien ganada, grande, bien cocinada, bien carnuda, se puede pedir acompañada con sus buenos patacones y con o sin salsa de barbacoa,

Lo mejor de todo fue la atención. La salonera atentísima, inmediatamente se aprendió los nombres de los comensales y a cada rato nos daba una vuelta para asegurarse de que estuviéramos bien avituallados. Cuando se le pidieron gustos como que el hígado lo cocinaran con la cebolla pero lo sirvieran sin ella, no salió con el singracia “voy a ver si se puede” que dicen en otros lados, aquí tomó la orden sin chistar y la trajo tal y como se había pedido. Aquí sí saben atender a la gente, tampoco se pusieron con remilgos cuando se pidieron las cuentas separadas. En fin, el bar El Traktor es literalmente una joyita escondida y no se preocupen, aunque se aprendan el camino, irremediablemente se volverán a perder.

Bar El Traktor

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