La pandemia y nuestros hábitos de vida

Cuaderno de Vida

Gustavo Elizondo Fallas

Gustavo Elizondo

La primera idea para incluir en este Cuaderno de Vida con respecto a la alerta sanitaria que sufre el país y el mundo, fue criticar a un grupo de diputados que se sintieron especialistas en Infectología y que trataron de dar instrucciones al equipo de gobierno que viene dirigiendo, creemos que en forma responsable, las acciones preventivas y correctivas para enfrentar el Covid-19. No obstante, las declaraciones prudentes de algunos diputados con respecto a cerrar filas, dejando para otro momento los intereses partidistas y apoyar al gobierno en aprobar legislación que atenúen las consecuencias económicas de esta crisis, hacen que expongamos otras aristas con respecto al tema.

La cultura y hábitos de vida de los costarricenses son puestos a prueba a partir de las medidas y recomendaciones generadas por el Ministerio de Salud y la CCSS, pues si bien una gran parte de la población está cumpliendo con disciplina, existe una minoría que se resiste a cambiar y mantiene una actitud retadora, bajo aquella premisa que se maneja del “porta a mí”; lo que sucede es que esta minoría se convierte una amenaza, si de 100 personas 99 cumplen las medidas y solo una se resiste, lo que a ella le sucede afectará al resto a pesar de los cuidados de esa mayoría, podemos estar en un sitio público donde todos los presentes están cumplieron con el lavado de manos, tuvieron cuidado con el protocolo de estornudo, evitan el saludo de mano, pero llegó una sola persona, con las manos contaminadas, estrechó la mano de algunos y estornudó sin cubrirse, ese grupo queda a expensas del contagio, “una naranja podrida echó a perder todo el saco”.

Las anécdotas de estos días nos describen esa actitud de algunos costarricenses; aquí en mi pueblo, un señor llegó a un grupo y cuando los presentes le ofrecieron el codo como modo de saludo, muy molesto les dijo _a mi me saludan como hombres, déjense de pendejadas_ y prácticamente los demás se vieron obligados a estrechar la mano para no enfrentar su enojo; es el machismo que aun se anida en especial en nuestros campos que hace que el “macho” vean en estas disposiciones una muestra de debilidad. Otros se sienten omnipotentes, creen que son tan fuertes que nunca serán infectados, posiblemente son parte de un grupo etario de baja o nula mortalidad, pero puede ser transmisor del virus y podría estar afectando a personas cercanas de alto riesgo como adultos mayores, pacientes irradiados, diabéticos, hipertensos, entre otros; por eso hay gente parte del tumulto que se dirige a las playas o inundan los bares de La California. Otros con el cuento que se trata de una conspiración y que es parte de la guerra comercial entre China y EEUU, menosprecian el efecto del virus, se pasean por las calles y sitios públicos retadores, la cosa no es conmigo.

Tenemos claro que la mortalidad del Covid-19 no es tan seria y que esta pandemia está lejos de parecerse a otras que figuran en la historia, lejana y reciente, desde la peste bubónica que atacó Europa en el siglo XIV y mató un tercio de su población o recientemente el ébola, la influenza, la gripe aviar y el mismo SIDA; no obstante, si se pueden tomar medidas para que el primer efecto sea menos violento y expansivo, debemos tener disciplina y acatar las medidas; hagámoslo por esa población de alto riesgo que podrían ser miembros de nuestra propia familia.

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