La manada de Laura Fernández

Luis Paulino Vargas Solís

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La asamblea del partido chavista, el PPSO, realizada hace unos días, fue una carajada tormentosa y chapucera.

Hubo graves irregularidades que, ahora, sobre la marcha, intentan corregir convocando a otra asamblea. Pero también ha quedado una larga estela de resquemores y malestares, y de mucho miedo.

El espíritu dictatorial y arbitrario les juega una mala pasada: los empuja a actuar con atropellamiento y precipitación, lanzando coces y manotazos, con el chilillo en la mano y el gesto torvo y furioso en el rostro. De todo lo cual salen los gazapos y, a la par, gente golpeada, con moretones y escoriaciones, y gente asustada que guarda silencio, intimidada por tanta violencia.

Todo se reduce a que alguien quiso apelar a la autonomía de decisión de la que se supone está investida la asamblea. Pero hacer tal cosa implicaba desobedecer las órdenes emanadas de la cúpula: las listas venían predefinidas, nadie tenía derecho a cambiar nada y la tal asamblea –un remedo de asamblea, una asamblea de papel– debía limitarse, como borregos amaestrados, a votar sin siquiera chistar.

Pero alguien se rebeló. Ocurrió lo impensado: la dictadura fue desafiada.

Y eso desató el huracán: Laura Fernández, empeñosa discípula de Chaves y de Cisneros, quiso mostrarse intransigente, implacable, despiadada.

El discurso que se echó la retrató de cuerpo entero: otra tiranuela dispuesta a repartir latigazos. El problema es que, inevitablemente, eso deja gente lesionada y gente asustada.

Hoy sabemos que el audio que ha circulado es legítimo, pero que solo recoge una parte –y no la peor parte– de la explosiva perorata de Fernández.

En cierto momento habla de la “deslealtad en una manada de jaguares” ¡Qué frase tan significativa! Es el lenguaje de los dictadores: el disenso como sinónimo de deslealtad.

Pero ¿una manada de jaguares? O mejor digamos ¿una manada?

Eso quiere el chavismo, eso exige Laura Fernández: gente que opta por anestesiar su inteligencia, que renuncia a su raciocinio, que obedece sin siquiera parpadear, sin tener ni idea de lo que se le está ordenando.

Una manada, pues.

Pero, por favor, que alguien le informe a esta señora tan ignorante: los jaguares no forman manadas, son animales solitarios, y solamente andan emparejados en el período de apareamiento.

Economista jubilado

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