LOS MUERTOS DE ANTIETAM │ Alexander Gardner, 1862
FUE EN Antietam, la cruenta batalla de Sharpsburg, Maryland, donde murieron en un solo día más estadounidenses que nunca, donde un soldado de la Unión recordó cómo «las pilas de muertos… eran espantosas». El fotógrafo de origen escocés Alexander Gardner llegó allí dos días después de la matanza del 17 de septiembre de 1862. Preparó su cámara estereoscópica de placas húmedas y comenzó a tomar docenas de imágenes de la campiña sembrada de cadáveres, documentando a los soldados caídos, los equipos de enterramiento y las tumbas de las trincheras. Gardner trabajó para Mathew Brady y, cuando regresó a Nueva York, su jefe organizó una exposición de su obra. Los visitantes eran recibidos con un sencillo cartel que decía «Los muertos de Antietam». Pero lo que veían era cualquier cosa menos sencillo. La alta sociedad se deleitaba con las que se consideran las primeras imágenes grabadas de víctimas de guerra. Las fotografías de Gardner son tan nítidas que la gente podía distinguir los rostros. La muerte no se filtró y la guerra, que parecía remota, se convirtió de repente en algo desgarradoramente inmediato. Gardner contribuyó a que los estadounidenses se dieran cuenta de la importancia del fratricidio que en 1865 se cobraría más de 600.000 vidas. Porque en los campos sagrados no caían desconocidos sin rostro, sino hijos, hermanos, padres, primos y amigos. Y las imágenes de Gardner de Antietam crearon un legado duradero al establecer un precedente visual dolorosamente potente para la forma en que todas las guerras han sido cubiertas desde entonces.
Basado en un especial de la revista Time