Habemus vacunas

Pandemia

Yayo Vicente

El 4 de mayo de 1910, a las 6:50 pm el país despertó por un terremoto. A las 5:36:13 pm el sol ya no alumbraba y nuestra gente, la que seguía sin acostarse, se alumbraba con candelas de manteca de chancho (caras y escasas). Tuvo una magnitud de 6,4 Ms (escala Mercalli Modificada), muy superficial y el epicentro en Cartago.

El “meneón” se sintió en todo el país: Limón, Nicoya y Liberia. Se estima que dejó setecientos muertos. Imperaba en la época la teoría miasmática (el hedor es fuente de enfermedad) y para prevenir, los muertos fueron enterrados lo más rápido que pudieron, sin contarlos o registrarlos. De los documentos históricos tampoco se extrae el número exacto de heridos, pero se calculan en miles.

Cartago había sufrido daños con el terremoto del 13 de abril y este segundo evento destruyó completamente la vieja Capital. Las construcciones que habían resistido al terremoto del 13 de abril, colapsaron. Terminaron de caerse: iglesias, conventos, escuelas, edificios públicos y puentes. Ninguna casa era habitable, los nichos del Panteón de Cartago se abrieron, dejando expuestos huesos y cadáveres.

El presidente Cleto González, tomó fuertes decisiones: suspendió las becas de personas que estudiaban en Europa, propuso un nuevo código sísmico, prohibió la construcción de adobe y bahareque (pues las paredes se abren y las tejas caen sobre las personas). Ordenó realizar un historial de temblores y terremotos (el primero registrado fue el 14 de julio del año 1756, también en Cartago). Los códigos de construcción han venido evolucionando y el estudio científico de los temblores y terremotos son modernos y de primer mundo. Hoy conocemos la energía acumulada, la subducción y los roces de una placa con otra.

Con las inundaciones y las sequías, hemos como país, paliado y atendido los fenómenos que suceden regularmente. Las cabezas de agua y las erupciones de ceniza (Costa Rica tiene 290 volcanes, entre “extintos”, dormidos y los cinco activos). Así, sin ejército, en 1963 don Jorge Manuel Dengo plantea la respuesta gubernamental a tanta emergencia de origen natural: volcanes, terremotos, inundaciones y sequías.

Se crea la Comisión Nacional de Emergencias (CNE), una respuesta civil, para los distintos eventos y tragedias. Con legislación especial y recursos obtenidos del redireccionamiento de los presupuestos de todo el gobierno. Actualmente la CNE atiende preventivamente, con diques, las posibles inundaciones y tiene una organización nacional, basada en alianzas con los gobiernos locales y voluntarios, que permite monitorear y reaccionar con la velocidad requerida. En un santiamén se evacuan poblaciones y se organizan los albergues.

Otro tipo de emergencia

Desde el seis de marzo del 2020, nos estamos enfrentado como sociedad a un hecho poco usual. En Costa Rica la pandemia nos coge asando elotes y como consuelo de tontos, al mundo entero. Tal vez parecido a lo que nos pasó con el terremoto de 1910 y lo sucedido con la cabeza de agua del río Reventado y la ceniza del volcán Irazú en el año 1963.

Nos ha favorecido una CCSS muy fortalecida, Ministerio de Salud con un rol rector más claro, una población educada, la cobertura de agua intradomiciliar y la suerte. No ser una isla, tener fronteras porosas y la pobreza lastimosa de la quinta parte de la población, son factores que nos han jugado en contra.

Así, las vacunas son la luz al final del túnel, la única y aceptable ruta de salida. El mundo entero, los mejores científicos en su campo, la financiación generosa y la enorme cantidad de información que la humanidad ha acumulado en vacunas, se aliaron en una cruzada mundial.

Las vacunas

En el mundo, la epidemia de viruela mataba a casi el 30% de los adultos que enfermaban, la opción era la “variolización”, que consistía en infectar artificialmente a los menores de edad, con la pus de quienes tenían la enfermedad. Un procedimiento arriesgado, los niños y jóvenes enfermaban, había que aislarlos, pero escapaban de la muerte y quedaban resistentes para siempre, de la temida viruela.

Edward Jenner, “el padre de las vacunas”, nació en el lejano 1749 en Gran Bretaña, él observó que las ordeñadoras no se enfermaban de viruela. A su descubrimiento le llamamos “vacuna”, pues viene del ganado vacuno. El ganado se enferma de una enfermedad parecida a la viruela de las personas y cuando éstas se inoculan con pus de las vacas, la gente queda protegida de la terrible viruela humana (después de una enfermedad benigna) y podía aplicarse a las personas adultas. Jenner así lo probó, una y otra vez. Napoleón mandó a “vacunar” a sus ejércitos y la práctica se aceptó y diseminó.

Hoy explicamos el éxito de la “Vacuna de Jenner” por la inmunidad cruzada. Aunque las explicaciones son menos importantes que los efectos. Comenzando con Jenner, se fue mejorando la vacuna y hoy, la viruela es la primera enfermedad infecciosa erradicada del mundo.

La vacuna contra el COVID-19

Sin duda alguna que el mundo dispondrá vacunas contra el COVID-19 durante el primer semestre del 2021. Algunas incluso en los primeros meses. Los modelos y las pruebas clínicas comienzan a salir, las autoridades sanitarias de los distintos gobiernos les están otorgando los permisos requeridos y las compañías a producirlas en masa.

Vacunar al mundo, es una empresa nunca antes emprendida. Se requiere una cantidad inmensa del biológico, todavía más, cuando se requieren dos dosis, una inicial y un refuerzo a los 21 días, lo que operativamente complica. Todavía más, con algunos productos que requieren una cadena de frío profundo, esto le agrega complejidad. Ha costado mucho esfuerzo que los países implementen su cadena de frío para el Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI) de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pero es para temperaturas de refrigeración (la mayoría de las vacunas deben conservarse entre los 2 ºC y 8 ºC, desde su elaboración hasta que es administrada al paciente).

Los congeladores de -70 ºC, son equipos caros, escasos y deben importarse. Los termos de transporte requieren hielo seco (dióxido de carbono -CO2-), cuya oferta regular tal vez no sea suficiente para cumplir con las nuevas necesidades y su manipulación requiere cuidados (alcanza temperaturas de alrededor de −78,5 °C, por lo que puede causar quemaduras por frío a personas o animales no humanos). Todo eso se está solventando a marcha forzada.

¿Cuándo estaremos protegidos con la vacuna?

Las vacunas son un estímulo al organismo para que haga anticuerpos o defensas, por eso una vez puesta, se debe esperar la reacción de cada uno, usualmente tres semanas. Como la vacuna contra COVID-19 requiere un refuerzo, son tres semanas adicionales.

Costa Rica se adelantó y compró vacunas prometedoras que todavía no estaban fabricadas, esa previsión hará posible que sea uno de los primeros países en iniciar la vacunación. Será un proceso largo, pues no llegarán todas las vacunas al mismo tiempo, los fabricantes harán entregas parciales. Eso crea algunos desafíos epidemiológicos para las primeras dosis: ¿aplicarlas a quienes pueden transmitir más la enfermedad? o ¿aplicarlas a quienes tienen más riesgo de morir si enferman?

Es posible que los tomadores de decisiones sanitarias se decanten por vacunar de primero a la población vulnerable (para prevenir letalidad y demanda de recursos hospitalarios) y al personal de los servicios de salud (un hospital por mejor equipado, sin personal, se parece a un “chapulín” desinflado. ¡No sirve para NADA!).

En una familia donde vivan juntos abuelos y nietos, se vacunarán primero a los abuelos. Eso significa que los hijos y nietos deben seguir cuidándose, pues el abuelo vacunado no siempre resiste a una carga viral alta y aun vacunado puede enfermar y morir.

Todos debemos vacunarnos, en orden y conforme tengamos disponible la vacuna para el grupo al que pertenecemos. Mientras tanto, las medidas: evitar aglomeraciones, uso de mascarillas, lavado de manos, respeto a las burbujas, deben ser parte de nuestras vidas. La vacunación es un proceso, requiere tiempo y nosotros debemos tener paciencia.

La vacuna es la mejor noticia, en unos meses estaremos más tranquilos, serán 6, 8, 10 y hasta 12. Hagamos nuestra parte, vacunarnos y continuar con nuestras medidas.

Quienes hemos visto desaparecer polio, sarampión, paperas, rubéola, varicela y otras enfermedades inmunoprevenibles, no tenemos duda alguna de las ventajas de una vacuna. Salgamos airosos de este “terremoto” sanitario, la vacuna será una ayuda enorme y nuestra actitud hará el resto.

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PANDEMIA. El fenómeno salud-enfermedad, es complejo y cuando se escala a una población, se le suman infinidad de nuevas variables, haciéndose todavía más intricado. Poner en palabras simples lo que todavía no termino de comprender, ha sido mi reto durante la pandemia por COVID-19.


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