Fabricio Alvarado

Lo que se veía venir y nadie le advirtió

Oscar Arévalo Solórzano

Lo que ocurrió con Fabricio Alvarado y el Partido Nueva República, merece una reflexión y un análisis más pausado que el que ha tenido hasta ahora. Por supuesto, no soy yo el llamado a hacerlo, cuyo único propósito es proponérselo a los politólogos más especializados y motivarlos al respecto.

En mi opinión esto tiene importancia por varias razones:

  1. Como hecho histórico político: la desaparición de un actor político del tamaño que tuvo este partido, cuya candidatura estuvo a punto de conseguir la presidencia de la república, no es menor. Y merece un registro más cuidadoso.
  2. Independientemente de la antipatía o simpatía que pudiéramos sentir por esta agrupación política parece importante entender que ocurrió y sacar las debidas lecciones de ello. Tanto para el futuro, como para los actuales partidos políticos sobrevivientes de esta coyuntura, pues bien podrían ser víctimas de estratagemas o fenómenos similares.

¿Qué ocurrió? Lo resumimos de forma sencilla: la tercera fuerza política en el congreso durante el periodo 2022-2026, pasó a casi ganar las elecciones del 2018, a desaparecer del mapa político. El oficialismo no sólo se lo tragó electoralmente. Además, lo dejó sin identidad política. Y en ello radica su mayor derrota.

¿Como ocurrió? En el actual periodo, era la tercera fuerza en el Congreso. Y un aliado privilegiado del Gobierno. Fabricio Alvarado se perfilaba como un candidato con claras posibilidades de disputar la presidencia del país, al inicio de las elecciones del 2026.

¿Por qué ocurrió? En la guerra y en política hay una premisa básica: un actor debe de aliarse con otros actores, más pequeños. Pero no con potencias más grandes. So pena de terminar asimilados por éstas. Podría parecer que estoy enunciando de entrada la conclusión. Pero esto es sólo una parte: durante todo este periodo Nueva República, no hizo otra cosa que ser un aliado fiel, prácticamente acrítico del chavismo y con una fe ciega en la personalidad del presidente. Destaco entre los principales errores, (aunque no los únicos), los siguientes:

1. La adopción de la narrativa oficialista: El discurso del «Jaguar» (Mayo 2024)

En lugar de marcar distancia como fuerza opositora, Nueva República abrazó la retórica del Ejecutivo. Durante el análisis del mensaje presidencial en mayo de 2024, Fabricio Alvarado hizo eco de la metáfora de Chaves, afirmando que Costa Rica era un «jaguar» que necesitaba cuidados y declaró explícitamente: «Señor presidente, le repito un compromiso… cuente con Nueva República para construir el país que los costarricenses merecen». Al definirse como una «oposición constructiva» que apoyaba las ideas del Ejecutivo (como la instalación de escáneres), el PNR comenzó a borrar la línea entre su partido y el oficialismo.

2. El blindaje legislativo: Rechazo a levantar la inmunidad presidencial (Diciembre 2025)

Uno de los momentos más críticos que evidenció la alianza táctica ocurrió cuando el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) solicitó a la Asamblea Legislativa levantar el fuero a Rodrigo Chaves para investigarlo por presuntos delitos electorales. La fracción de Nueva República fue clave para que no se alcanzaran los dos tercios de los votos necesarios. Aunque Alvarado intentó justificar la decisión argumentando que no querían «hacerlo un mártir» o un «distractor» en plena campaña electoral del 2026, el resultado práctico fue que el PNR fungió como el escudo protector del presidente, alienando a los votantes críticos del Gobierno.

3. Convergencia y cesión de la «Agenda Valórica» (2022-2025)

La principal identidad política del PNR histórico fue la defensa de los valores conservadores y la religión. Sin embargo, el Gobierno de Chaves adoptó hábilmente esta misma agenda (oponiéndose a la «ideología de género» en la educación, frenando normas sobre derechos reproductivos y acercándose a líderes evangélicos). En lugar de competir por esa base, el PNR aplaudió y respaldó las acciones del Ejecutivo. Esto permitió que el oficialismo cooptara por completo la base electoral evangélica; los votantes percibieron que ya no necesitaban a Fabricio Alvarado para defender sus valores, pues el propio presidente lo hacía desde Zapote.

4. Votaciones conjuntas y gobernabilidad en el Congreso (2022-2024)

Ante una fracción oficialista (PPSD) minoritaria y frecuentemente fracturada, Nueva República se convirtió en el «aliado privilegiado». El PNR aportó sus votos para la conformación de los Directorios Legislativos afines al Gobierno y para la aprobación de proyectos económicos clave de la administración Chaves (como la autorización de los Eurobonos). Aunque a veces mostraron desacuerdos (como en el tema de impuestos a las pymes en 2023), en las grandes batallas políticas contra los partidos tradicionales (PLN, FA), el PNR se alineó de facto con Zapote.

5. Mimetismo en el discurso antisistema y nacionalista (2022-2025)

Fabricio Alvarado y su fracción adoptaron un tono similar al del presidente al atacar a la «vieja política» y a las instituciones internacionales. Un ejemplo de esto fue el vehemente rechazo de Alvarado al tratado de pandemias de la OMS en mayo de 2025, un discurso que resonaba perfectamente con las bases populistas del Gobierno. Al sonar igual que el oficialismo, el PNR perdió su voz propia.

En fin, el PNR olvidó la premisa de que, en política, el aliado menor que no sabe diferenciarse termina siendo fagocitado por el aliado mayor. Al proteger a Chaves en momentos críticos, cederle la vocería de su agenda conservadora y mimetizar su discurso, Fabricio Alvarado y Nueva República le entregaron su capital político al oficialismo, firmando su propia acta de muerte electoral.

Pero lo más extraño de todo, es que todos lo veíamos venir. Cada día el chavismo se comía más partes de su electorado, y lo más importante: buena parte de los principales pilares de su identidad como partidos políticos. Todos lo veíamos venir: ¡menos Fabricio Alvarado! Esto es lo más sorprendente.

Pero esto no se queda ahí. En menor medida, le ocurrió a los partidos de la oposición que al inicio trataron de negociar con el dragón, y cuando no pudieron, tampoco lograron plantear una agenda diferenciadora. Quizá porque en el fondo, más allá de las formas, la agenda termina siendo muy similar.

Para concluir, creo que esto podría terminar volviendo a pasar con una buena parte de la oposición. No digo que sea bueno o malo. – Ya eso implica un análisis que excede lo que nos proponíamos en este comentario-. Simplemente, es política.

Abogado y Asesor Legislativo

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