Vennbahn │ Bélgica
La ciclovía enclavada
- Una estrecha franja belga rodeada por Alemania.
- Una casa flanqueada completamente por otro país.
- El mejor plan sobre dos ruedas.
Todo comienza en el siglo XIX, cuando Alemania construyó una línea de tren que conectaba Aquisgrán con Luxemburgo, pasando por lo que hoy es Bélgica. Hasta aquí, normal. El problema llegó después de la Primera Guerra Mundial. En el Tratado de Versalles (1919), Alemania perdió varios territorios, y entre ellos, la Vennbahn: no solo el tren, sino el suelo exacto sobre el que corrían los rieles pasó a ser belga.
Aquí empieza el delirio geográfico. Bélgica no se quedó con una franja “ancha” de territorio, sino con una tira finísima, a veces de apenas unos metros, siguiendo el trazado del ferrocarril. Resultado: cada vez que la vía cortaba territorio alemán, ese pedacito quedaba separado del resto de Alemania por suelo belga. Así nacieron cinco enclaves alemanes dentro de Bélgica, algunos tan pequeños que una vaca despistada podía cruzarlos sin darse cuenta de que estaba cambiando de país.
Durante décadas, la situación fue tan absurda como pacífica. No había muros, ni puestos de control, ni dramas diplomáticos. El tren dejó de funcionar, los rieles se oxidaron y la Vennbahn se transformó en una ciclovía turística, pero jurídicamente siguió siendo territorio belga. Hoy puedes pedalear tranquilamente por Bélgica mientras, a ambos lados del camino, estás mirando Alemania… o incluso cruzando entre enclaves alemanes sin notarlo.
El caso es tan extraño que durante años generó problemas prácticos insospechados: ¿qué ley se aplica si hay un accidente en la vía? ¿Qué país recoge la basura? ¿Dónde paga impuestos una casa cuyo jardín está en Alemania, la puerta en Bélgica y el garaje en un enclave alemán rodeado por Bélgica? La respuesta habitual fue la más europea posible: hablarlo con calma y no hacer demasiado ruido.
La Vennbahn es un monumento involuntario a la burocracia posbélica y una prueba de que las fronteras no siempre nacen de montañas, ríos o guerras épicas, sino de mapas mal recortados y tratados firmados con prisa. Hoy no separa ejércitos ni ideologías, sino ciclistas con licra y excursionistas con GPS, pero sigue recordando que, en Europa, incluso una vía abandonada puede convertirse en frontera internacional… y hacerlo de la forma más enredada posible.
Basado en el libro “Un mundo inmenso, explicación de fronteras inexplicables”
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