Estrasburgo, más allá de los típicos lugares de selfies

Por Deike Uhtenwoldt (dpa)

Estrasburgo, más allá de los típicos lugares de selfies
“La petite France”, un barrio con aspecto de museo que atrae a los turistas en Estrasburgo. Foto: Philippe de Rexel/OTSR/dpa

Es inútil. Ni siquiera con la identificación como guía turístico certificado en la mano. La portera del «Palais du Rhin» sigue siendo tajante: «Pas de visites» (nada de visitas). Pero el guía de Estrasburgo Rodolphe Cattin es también perseverante cuando se trata de introducir a los visitantes en la historia y el arte de la ciudad.

«Este sigue siendo un edificio de la República, madame», argumenta el guía y finalmente se le permite que acompañe a su grupo hasta la imponente escalera que conduce hasta lo que en su tiempo fueron las salas de recepción y las habitaciones del Kaiser alemán.

El Palacio del Rin, como se llamaba el antiguo palacio imperial en tiempos de la República, también sirvió una vez de hospital militar durante la Primera Guerra Mundial, más tarde fue la oficina del comandante de los nacionalsocialistas y posteriormente la de aliados.

A pesar a las diversas funciones que ha tenido y la azarosa historia franco-alemana, el llamativo edificio abovedado de finales del siglo XIX sigue deslumbrando en el barrio de Neustadt: cuenta con magníficas avenidas en línea recta y espacios libres siguiendo el modelo parisino, pero a su vez es una muestra de la ostentosa arquitectura prusiana.

Un patrimonio mundial de la UNESCO poco conocido

Rodolphe Cattin explica que la que fuera nueva capital del reino de Alsacia-Lorena estaba destinada a convertirse en una ciudad escaparate. «Querían mostrar a toda Europa de lo que eran capaces los prusianos», señala. Y eso precisamente fue lo que causó mucha ira e indignación en su momento.

En la actualidad, el denominado «barrio imperial alemán», declarado Patrimonio de la Humanidad, no suele ser de interés para la mayoría de los turistas, que prefieren abarrotar el casco antiguo con su catedral y sus casas de entramado de madera en el antiguo barrio de los curtidores de «La Petite France», la Pequeña Francia.

Rodolphe Cattin es un patriota local. Cuando era estudiante ya guiaba a los turistas, y luego enseñó a futuros guías turísticos durante más de 30 años.

Aunque ya le ha llegado la edad de jubilarse, sigue entusiasmado cuando descubre a los visitantes de la ciudad un balcón de estilo modernista o el retrato del primer Kaiser alemán y rey de Prusia, Guillermo I (1797-1888), en la valla de hierro forjado que rodea el palacio.

Todo esto permanece oculto para los turistas que están de paso y visitan la ciudad en un tour en barco. El río Ill fluye muy por debajo de Neustadt. «La gente no ve nada», lamenta Cattin.

Marcar las vistas en el modo selfie

Muchos de los visitantes lo primero que sacan es el teléfono móvil para hacer una foto: rápidamente se hacen un selfie delante de las estatuas, del pilar del ángel, del reloj astronómico o de la catedral. Acudiendo a estos lugares se pueden tachar de la lista los monumentos de referencia a visitar en Estrasburgo.

Si se continúa por las casas de madera alrededor de los canales y se toma rápidamente una foto de la Maison de Tanneurs, la antigua curtiduría, se puede pasar a pedir uno de los varios platos con chucrut que sirven dentro.

La gastronomía y el turismo han convertido el otrora barrio de mala fama, que hasta el siglo XIX seguía oliendo a agua podrida, en una popular escena de postal.

El toque especial de Krutenau

Emeline Burckel, que está dando sus primeros pasos en el periodismo, es originaria de Estrasburgo. Su barrio favorito se llama Krutenau, entre el casco antiguo y la zona de la universidad.

Al igual que «La Petit France» era un antiguo pantano y está moldeado por el agua. «Es un barrio muy joven y sin embargo pertenece al viejo Estrasburgo», dice Burckel.

La estudiante elogia las muchas oportunidades de salir, la mezcla internacional de estudiantes, residentes veteranos y escasos turistas, así como la transformación de la concurrida calle ribereña del Quai des Bateliers en una zona peatonal.

«Se ha convertido en un agradable lugar de encuentro con muchas terrazas al aire libre para los residentes locales».

O se puede caminar un buen kilómetro más hasta el siguiente brazo de agua del río Ill en la península de André Malraux, donde se construyó una gran zona industrial con silos, grúas y almacenes hace 100 años, pero donde ahora dominan la mediateca, la tecnología de la información y las actividades de ocio.

«Seguro que allí no se encontrará con ningún turista», apunta Burckel.

INFORMACIÓN SOBRE ESTRASBURGO:

Viajar a Estrasburgo: Se puede llegar fácilmente en tren desde Basilea, Luxemburgo, Bruselas o París.

Información en la Oficina Francesa de Turismo: https://www.france.fr/fr

dpa

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