¿Estamos preparados para votar?

Circunloquio [*]

El voto universal es uno de los pilares fundamentales de la democracia moderna, reconoce el derecho de todos los ciudadanos adultos a participar en la elección de sus gobernantes sin distinción de origen social, nivel educativo o condición económica

Yayo Vicente

Elecciones

Yayo Vicente

El voto universal es un principio que se basa en la igualdad política y en el reconocimiento de la dignidad de cada persona. No siempre fue así, a lo largo de la historia pensadores y políticos han manifestado dudas sobre la conveniencia de extender el derecho al voto sin considerar el nivel de preparación cívica del elector. La pregunta sobre si el pueblo está realmente preparado para votar de manera responsable sigue siendo un tema central del debate democrático.

En las primeras democracias se restringía el voto, solo quienes tenían propiedades y riquezas podían hacerlo, lo que casi siempre significaba una minoría masculina. También existían otras restricciones, como exigir a los votantes que practicaran una determinada religión o pertenecer a la etnia dominante (en el mundo occidental estos eran los blancos).

En todas las democracias modernas, el número de personas que pueden votar ha aumentado progresivamente. El siglo XIX vio muchos movimientos que defendían el «sufragio universal [masculino]». El voto femenino fue ignorado en gran medida hasta finales del siglo XIX, cuando los movimientos comenzaron a prosperar. En 1893 en Nueva Zelanda, todas las mujeres adultas de todas las etnias obtuvieron el derecho al voto.

Cuestionamientos al voto universal

Desde la antigüedad clásica, Platón (427 a.C. – 347 a.C.) expresó una profunda desconfianza hacia el voto universal. En “La República”, sostuvo que permitir que todos participen, independientemente de su conocimiento y virtud, conducía al desorden y a decisiones irracionales. Aristóteles (384 a.C. – 322 a.C.), aunque más moderado, compartía parte de esta preocupación, advirtiendo que el gobierno de las mayorías podía degenerar si los ciudadanos carecían de educación cívica y sentido de la virtud. Estas ideas sentaron las bases de una tradición crítica que reaparecería con fuerza en la modernidad.

En la misma línea, Alexander Hamilton (1757 – 1804) sostuvo que “el pueblo es turbulento y cambiante; rara vez juzga o decide correctamente”, justificando así la necesidad de mecanismos de representación y control que moderaran la voluntad popular. James Madison (1750 – 1836), uno de los padres del constitucionalismo estadounidense, afirmó que “un gobierno popular sin información popular o sin los medios para adquirirla no es más que el prólogo de una farsa o de una tragedia”. Estas preocupaciones también fueron analizadas por Alexis de Tocqueville (1805 – 1859), quien admiró la democracia estadounidense y alertó sobre sus posibles excesos. Tocqueville advirtió que “la tiranía de la mayoría no se ejerce solo sobre los actos, sino también sobre el pensamiento”, señalando el peligro de que una mayoría poco crítica impusiera sus opiniones y sofocara la libertad intelectual.

John Stuart Mill (1806 – 1873) defendió la democracia, pero expresó reservas respecto al voto universal sin condiciones. Consideraba que una ciudadanía poco educada podía tomar decisiones contrarias al bien común, por lo que propuso el voto plural, otorgando mayor peso a quienes poseían mayor formación. Otros pensadores y políticos fueron aún más críticos. Thomas Carlyle (1795 – 1881) calificó el voto universal como una forma de “anarquía organizada”, mientras que Friedrich Nietzsche (1844 – 1900) rechazó el igualitarismo democrático por considerar que promovía la mediocridad de las masas y debilitaba la excelencia individual.

Joseph Schumpeter (1883 – 1950) expresó escepticismo sobre la capacidad del ciudadano medio para comprender asuntos políticos complejos, definiendo la democracia como un método para elegir gobernantes más que como el autogobierno consciente del pueblo.

Voto informado

Como un eco del grito revolucionario francés: «Liberté, Égalité, Fraternité» (libertad, igualdad, fraternidad) utilizado por Camille Desmoulins en su periódico en 1790 y que Robespierre lo convierte en lema oficial en 1793, la igualdad y el voto universal se hicieron sinónimos.

Durante el surgimiento de los estados modernos, varios líderes políticos dejaron de expresar temor por el voto universal y su preocupación se centró en la necesidad de ciudadanos informados para evitar el riesgo de un sistema electoral manipulable.

José Ortega y Gasset (1883 – 1955) advirtió una democracia dominada por ciudadanos que participan sin reflexión ni responsabilidad corre el riesgo de degradarse en populismo.

Reconocer las limitaciones del electorado no implica rechazar el voto universal. La historia demuestra que restringir el sufragio en nombre de la “falta de preparación” ha sido con frecuencia, una herramienta de exclusión social y política. Estar preparados para votar no significa poseer títulos académicos ni conocimientos especializados, sino contar con educación cívica básica, acceso a información confiable y libertad para decidir sin presiones.

Líderes democráticos contemporáneos han advertido sobre los riesgos de un electorado mal informado. Barack Obama señaló el impacto de la desinformación, la manipulación mediática y de las redes sociales en las decisiones electorales. Esta afirmación refleja un problema moderno que refuerza viejas inquietudes. La calidad del voto depende en gran medida del acceso a información veraz y del pensamiento crítico.

La ignorancia de un votante en una democracia, perjudica la seguridad de todos”.
John F. Kennedy

Los pensadores y políticos han expresado dudas sobre la capacidad del votante y que, por la ignorancia política del mismo, se exponga a manipulación o que la democracia caiga en el dominio irreflexivo de las mayorías. Sin embargo, estas advertencias no deben entenderse como argumentos contra el voto universal, sino como llamados a fortalecer la educación cívica, formar ciudadanos críticos, informados y responsables, capaces de ejercer el sufragio universal como una herramienta esencial para la vida democrática.

El caso costarricense

En Costa Rica las mujeres pudieron votar a partir de 1949, cuando la Asamblea Constituyente incluyó el sufragio femenino en la nueva Constitución Política. Los diputados constituyentes determinaron que no existía justificación democrática para excluirlas de las decisiones políticas. El voto femenino se reconoció entonces como un derecho humano y ciudadano, no como una concesión. Votaron de manera simbólica y local en plebiscitos, como el de La Tigra y La Fortuna (1950), donde participaron oficialmente por primera vez y consolidaron su nuevo derecho en una elección nacional en 1953, cuando eligieron los diputados y al presidente de la República.

También con la Constitución de 1949 se reconoció plenamente la ciudadanía de la población afrodescendiente.

En 1971, mediante una reforma a la Constitución Política, se redujo la edad mínima para votar de 21 a 18 años. Antes de 1971, solo podían votar las personas mayores de 21 años. En Costa Rica el voto es universal, todos tenemos derecho a votar, no importa el patrimonio, la escolaridad, la etnia, la religión o el sexo. El TSE vela por la privacidad y el valor de cada voto.

Los partidos políticos son los responsables de la capacitación y formación de sus militantes y líderes. Esa es una de las razones fundamentales de favorecer organizaciones políticas permanentes. En el Partido Liberación Nacional esa tarea se hizo de manera significativa con “CEDAL – La Catalina”, allí se formaron los cuadros para el PLN y más allá de nuestras fronteras. Gente bien preparada que sirvieron incluso en otros partidos políticos nacionales.

Los esfuerzos siguientes han sido de menor calado y significancia. El país y la política nacional está pagando caro ese descuido. Aspectos básicos como la división de poderes, las diferencias del campo de acción de una municipalidad y del gobierno central, jerarquía de las normas, debido proceso, legislación garantista, macroeconomía e inversión social, crecimiento económico e inflación, son todos temas en los cuáles la población tiene un gran desconocimiento. Ni siquiera hablemos de corrientes ideológicas, donde algunos todavía viven en la Guerra Fría (cuando los rusos comían chiquitos).

No estamos preparados para votar y todos votaremos el primero de febrero-

[*] CIRCUNLOQUIO. Viene del latín circumloquium. El Diccionario de Real Academia Española lo define como: “Rodeo de palabras para dar a entender algo que hubiera podido expresarse más brevemente”.

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Un comentario

  1. Eugenio Solano Calderón

    Excelente comentario. La falta de capacitación en temas como los descritos, ha llevado a la inexistencia de “verdaderos partidos políticos” que lideren las grandes decisiones que atañen a la sociedad y en particular, a los miembros de estas organizaciones.
    Con el avance de la tecnología, los llamados “troles”han venido a convertir, esas grandes y auténticas decisiones, en todo un escaparate de mentiras, desinformación y engaño. El daño al concepto de democracias puras y auténticas, gobernadas por los mejores, es el gran reto en el mundo actual. 👏👏⚖️🇨🇷

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