El monopolio detrás del pollo en Costa Rica

El cierre de Pollo Granjero no es una derrota empresarial, es la constatación de un monopolio

Erlin Rojas

Pollo

El pasado 19 de marzo de 2026, Costa Rica vio cómo 96 locales de Pollo Granjero bajaban sus cortinas para siempre. 280 trabajadores se quedaron sin empleo y una marca con 13 años de presencia —heredera de los 20 años que Pollo Campero operó en el país— desapareció del mercado nacional.

La corporación dueña de la marca, Multi Inversiones, lo llamó «una decisión estratégica» y aseguró que se trataba de una evaluación puntual de su modelo de negocio en Costa Rica . Con todo respeto, no se lo creo. Y los costarricenses tampoco deberían hacerlo.

Lo que ocurre con el pollo en este país no es un asunto de estrategias corporativas guatemaltecas. Es la consecuencia natural de un mercado distorsionado por un monopolio de cadena que lleva décadas consolidándose con la complicidad silenciosa del Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC).

La excusa: «no nos adaptamos»

En 2017, cuando CMI cerró Pollo Campero para dar paso a Pollo Granjero, la empresa explicó que la nueva marca se adaptaba mejor «a la exigencia y necesidad del consumidor costarricense», con locales más pequeños y precios más competitivos .

Nueve años después, ese mismo consumidor y esos mismos precios «competitivos» ya no funcionan. ¿Qué cambió? No fue el gusto del tico por el pollo. Fue la asfixia estructural de un mercado donde un solo actor controla todo: desde el grano que come el ave hasta la góndola donde se vende la pechuga.

El verdadero problema: Cargill es el dueño de la cancha

Aquí no hay competencia. Hay una transnacional, Cargill, que mediante su operación local —dueña de Pipasa, Cinta Azul, Kimby, Zaragoza y Castillo del Roble— controla verticalmente toda la cadena avícola.

Mientras Pollo Granjero compraba pollo en el mercado, Cargill ponía el precio. Mientras cualquier restaurante o cadena intenta competir, Cargill decide cuánto cuesta el insumo principal porque también controla la producción de alimento balanceado (Cargill Animal Nutrition).

Un competidor no puede ganar cuando su principal proveedor de materia prima es, al mismo tiempo, su principal competidor en el mercado final. Es como jugar un partido de fútbol donde el árbitro, el dueño de la cancha y el vendedor de los balones son el mismo equipo.

La opacidad de los precios: el verdadero negocio está en lo que no se ve

Cargill no revela a cuánto compra el maíz para sus propias operaciones. Mientras un importador independiente paga el precio internacional (actualmente rondando los $175 por tonelada más fletes), Cargill opera con precios de transferencia internos que nadie fiscaliza.

¿Y qué hace el MEIC? Absolutamente nada. No hay regulación que obligue a la transnacional a transparentar sus costos. No hay una Comisión para Promover la Competencia que actúe con autonomía real. Lo que hay es un Ministerio que se limita a publicar listas de precios de la canasta básica mientras el mercado avícola es, en los hechos, un monopolio privado.

Complicidad por omisión

El MEIC tiene la obligación legal de velar por la libre competencia. Pero en el caso del pollo, ha optado por una política de manos invisibles: no ve, no oye, no investiga.

Mientras Cargill concentra más del 70% del mercado avícola nacional, mientras maneja bajo un mismo techo la importación de granos, la producción de alimento, la genética de las aves, las plantas de proceso y las marcas que dominan los supermercados, el Ministerio guarda silencio.

Esta omisión no es neutral. Es una forma de complicidad. Cada vez que un competidor como Pollo Granjero cierra, el MEIC debería preguntarse si el mercado que está «supervisando» sigue siendo un mercado o ya es un feudo.

Conclusión: el pollo no es caro, es cautivo

Que una cadena internacional con el respaldo de una corporación como Multi Inversiones no haya podido sostener 96 locales en Costa Rica no es un fracaso empresarial. Es la prueba de que este mercado está secuestrado.

Mientras el Ministerio de Economía siga mirando para otro lado, mientras no exista voluntad política para desmontar la integración vertical de Cargill, mientras los precios sigan siendo un secreto de Estado para la transnacional, los costarricenses seguiremos pagando un pollo cuyo precio no lo fija el mercado: lo fija un monopolio con la venia del gobierno.

La salida de Pollo Granjero debería encender todas las alarmas. Pero en este país, cuando se trata de la industria avícola, las alarmas parecen estar programadas para no sonar.

Revise también

huso

La izquierda británica frente al colapso laborista

Aunque Keir Starmer devolvió al laborismo británico al poder, su gobierno no encarna un horizonte …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *